jueves, 7 de septiembre de 2006

Desadaptados

Hoy fui hasta la biblioteca del Instituto de Romanística de la UniHamburgo con el ánimo de sacar algunos libros. No caí en cuenta que el horario de atención sólo es hasta las 4 pm, así que no me quedó de otra que ponerme a ver los folletos que había en una mesa en el pasillo. Querían deshacerse de algunas revistas viejas y las habían dejado allí para que el que quisiera se las llevara. Entre ellas estaban las abajo mencionadas de la Casa Silva, unas de la UNAM, otras de variados institutos de estudios ibero-loquefuera.

Una de este último grupo me llamó la atención: llevaba el título "Extranjeros en Alemania". Anio de edición: 1974. Dentro de los artículos había uno de un etíope, cuyo tema eran los problemas de desadaptación de los estudiantes que regresaban a sus países de origen después de haber pasado varios anios en Alemania. En el primer párrafo se mencionaba el reporte de un colombiano, que iba algo así como (no cito textualmente):
Cuando llegué a Alemania me di cuenta de lo bajito y negrito que me había vuelto. Y cuando regresé, me pareció que todos en Colombia se habían vuelto como yo, más bajitos y oscuritos.

Aunque el planteamiento no me gustó, creo que no le falta razón. Allá yo era una más del montón y aquí soy un mosco en leche. J. andaba feliz en Colombia porque al fin se sentía alto entre la multitud -su mamá tiene como frustración que el muchacho le salió "bajito"-.

La decisión de arrancarse y quemar las naves lo deja a uno sentado sin remedio entre dos sillas, "ni de aquí ni de allá". Pero cuál es la diferencia cuando uno nunca se acomodó del todo en la silla original? Lo hubiera logrado algún día, de haberme quedado allí? Lo que sí es cierto es que ya no hay reversa y que ahora las dos sillas tienen sus resortes sueltos talladorcitos que las imposibilitan para el confort total.

1 comentario:

patton dijo...

Supongo que es el precio de perseguir metas importantes. Debe ser una buena inversión, igual.