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sábado, 14 de noviembre de 2015

Estambul - finally


Es imperdonable que aún no haya dejado testimonio de mi estadía de 10 días en Estambul. La oportunidad se dio en diciembre de 2013, en el que aún tenía más de dos semanas de vacaciones en ese año y estaba absolutamente desparchada para navidad.  La lección que me dejaran una navidad sola en Hamburgo en 2001 y una excursión a Viena para esa fecha en 2003 me previno de intentar pasar esos días en tierras cristianas.  Qué mejor que ir a templar a un país en donde no haya nada de esos embelecos y mejor aún, tener por fin mi añorado tete-a-tete con mi admirada Estambul, otrora Constantinopla, posterior Bizancio, capital imperial a lo largo de milenios.  Saqué valor de no sé dónde y toda espontánea contacté al estambulita de ensueño en Facebook proponiéndole un casual encuentro a tomar café ahora que iba a su ciudad natal.  Que lástima que no podía, vive en algún lugar en Alemania que me doy cuenta ahora de que no registré.  Tengo tan descuidado este blog que había olvidado el registro de ese Sehnsucht que yo ya tenía con esta ciudad.  Pero el encuentro fue tan excitante que puedo dar muy buena cuenta de él incluso casi dos años después.

Obviamente que una ciudad con esa ubicación geográfica no tenía cómo decpcionar las expectativas.  Hace poco topé este artículo del New Yorker: en las obras del Mármararay cuando acababan de extraer los hallazgos del s. VII se encontraron con unos... del 11.000 a.C. Ese sitio es tan estratégico que está condenado a estar lleno de vida desde casi siempre.  Y además hermoso.  La vista desde el Sultanahmet de los dos mares es preciosa. No tuve de otra que enamorarme. Tenía toda la escenografía mental de la ciudad gracias a Pahmuk y de los palacios vía un libro que dejara mi hermano olvidado por aquí de la historia del harén turco, que es la misma del imperio otomano. La belleza de los lugares históricos (es especial de las mezquitas, Santa Sofía por Dios) quita el aliento. Pero el impacto de Estambul fue más que eso.  Su espíritu resultó ser muy fácil de interpretar porque era muy de la onda de la Bogotá que viví.  Era asombroso estar parada en cualquier esquina y sentirme como si estuviera en Bosa, el Restrepo, San Victorino, la Soledad, el 7 de agosto, la 9° en el centro.  Intenté irme caminando de Taksim, la plaza de las manifestaciones, al centro por un camino alternativo a Pera / Galata, nada más para constatar que hay un agujero negro comparable a la Perseverancia en ese trayecto.  En el centro también se veían silleteros, un oficio antiguo en vía de extinción, y su versión más moderna, los carretilleros; emboladores, vendedores ambulantes, pescadores sobre el puente del Gálata, artistas callejeros... En Kadikoy me sorprendieron la vivacidad del mercado, la sencillez y la delicia de un yogurt con miel y el doppelgänger del Centro Cultural del Libro del centro de Bogotá.

También me hizo sus desplantes la condenada.  Foco turístico desde hace décadas -no sabía que algunas reliquias musulmanas aún se encuentran en el palacio de Topkapi, por lo que la ciudad es desde hace marras lugar de peregrinación del mundo musulmán-, casi maldita sea nadie habla inglés. Mucha trampa para turista, no pude evitar caer en una. El primer y único taxi que tomé en ese viaje, desde Taksim hasta mi hotel en el Sultanahmet a mi llegada, no sólo me esquilmó sino que el hijueputa taxista fue muy grosero.  Fui timada en un tour que traté de hacer a Bursa, la que fuera la capital otomana mucho antes de la conquista de Constantinopla, fui víctima del grupo juvenil del medio oriente que decidió mejor irse a esquiar que ir a ver edificios viejos, pero me las ingenié para regresar por mi propia cuenta a Estambul. Todos los hombres nativos que se cruzaron en mi camino -excluyendo el dueño y el portero del hotel- intentaron su lance galante conmigo por el mero hecho de estar paseando sola, menos mal no llegaron a ser atrevidos, pero no dejó de ser, a lo largo de los días, jarto.

Pero con todo la amé.  No dejó de hacerme chistes y guiños, de mostrarme escenas curiosas, paisajes y casas bellos. Tiene muchas librerías y tiendas de artículos de escritura y dibujo, como Praga y Viena. Los títulos en las librerías tenían, además de autores turcos, muchos autores occidentales.  Tomé todo el jugo de granada que pude.  Por supuesto que como todo peñasco que da al Mediterráneo es pura loma, mis rodillas lo resintieron bastante.  Traté de montar en transporte público, ferries incluídos, lo más que pude.  Hubo además dos ferries en el Mármara y el metro por debajo. No dejó de ser extraño tener que cubrirme la cabeza y quitarme los zapatos en las mezquitas, no dejó de indignarme tener que ponerme en la última fila en las mezquitas "normales" (con no tanta presencia de turistas occidentales).  Los cementerios otomanos, que se encuentran por todas partes, me impresionaron: los muertos están enterrados verticalmente y sobre la lápida va la forma del sombrero que el muerto usaba en su oficio.


Algo que se robó mi corazón fue la deferencia que le tienen a los animales callejeros.  Siempre hay comida para gatos por ahí disponible, alguna vez que vi unos perros solos por ahí a sus anchas pensé en "pobrecitos perritos" antes de ver las casas perrunas que tenían en una esquina de un parque. La ciudad me regaló la escena de un hombre en el barrio de las tiendas para rusas (una moda tan gatuna en las vitrinas que los letreros en cirílico eran redundantes) piropear una mujer, patear un gato y acariciar un perro en menos de 20 metros.  Lastimosamente la hospitalidad animal también se extiende a las palomas. 

Fue mi primer paseo con smartphone, como se ve por la relativa abundancia de fotos linkeadas, y con twitter disponible.  Buena cuenta de algunos sabrosos entremeses del viaje quedó registrada ahí.

En 2012 leí la edición hispana de "El museo de la inocencia" de Pahmuk. Estaba a punto de mandarla al diablo porque la chilladera del protagonista con su Füsuncita -la heroína, Füsun- me tenía mareada, pero por casualidad leí en el periódico de la inauguración del museo del mismo nombre en Estambul, complemento de la novela, a cargo de su autor.  El libro tiene en uno de los capítulos finales un bono para ingresar al museo sin pagar mostrando el libro, hay un espacio para el sello del museo. Cómo no que hice buen uso de mi ejemplar

Ahora que estuve en Creta, otro paraje mediterráneo con rastros otomanos también (los otomanos le birlaron la isla a los venecianos en ~1660 y la perdieron a fines del s. XIX), no dejé de recordar y suspirar a Estambul y de tomar ánimos para por fin escribir el reporte que estaba debiéndole a este blog.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El Verbo

Paul Auster le sacó jugo en su New York Trilogy a la veta borgiana de que es el Verbo el que le da existencia a la realidad, el mundo comienza a existir cuando Adán comienza a nombrarlo, una cerca con portón existe aún en Uqbar nada más porque es recordada por los bichos que allí parchan, el Golem adquiere vida cuando el Verbo le es susurrado, etc.

Dejar de nombrar es también olvidar
por ejemplo:

Dentro de las elementales medidas que tomé sin pensarlo siquiera cuando exmarido anunció su partida estuvieron:
pedirle las llaves de la casa
entregarle el anillo de bodas
dejar de llamarlo por su nombre

lunes, 22 de julio de 2013

Respondiendo una encuesta ya publicada

Cuando leí el contenido de este link en un trino de @vega, no pude evitar pensar en respuestas a las preguntas.  Así que me dispongo a contestar la encuesta porque sí.

Top five abandoned classics:
1. Estos no sólo los acabé sino que los disfruté:  Lord of the rings, Moby Dick.
2. Este lo abandoné, a pesar del mágico resumen que hiciera la profesora loca de literatura de 7° en el colegio: Ulysses.
3. Estos los desconozco:  Catch 22, Atlas Shrugged.  Este último también estaba en una lista de libros que tildaba a sus fans de ser bastante paila.

Update:  vía @NewYorker en facebook me encontré con esta compilación de extractos de artículos de una autora Ayn Rand.  Lo leí porque la introducción me atrajo.  No tenía idea de que se trataba de la autora de Atlas Shrugged.

Points of no return:
Dentro de las respuestas dadas:
Weak writing.
Slow, boring.

Nuevas respuestas
Predictability.
Very complicated and little amusing writing (mientras que es super easy subirme en digamos Cabrera Infante, Paradiso de Piñera lleva acumulando polvo hace ya rato en mi mesa de noche, y qué cubanos que salieron los ejemplos).
Non-fiction:  reseñas de libros de mi lista de espera que no he leído, de películas que quisiera ver y no he visto.

What keeps you turning pages?
The joy of reading.
Anxiousness to know what comes next (depending on the story).

When do you abandon a book?
Ha cambiado con la edad.  Cuando niña me tragaba lo que fuera hasta el final, ahora ya me bajo del bus antes de la página 50.  El sabio consejo de Borges (Borges, el lugar común que nunca falta) de que el tiempo es tan corto y los libros tantos que no vale la pena perderlo con libros malos, llegó más o menos temprano a mi vida y me ayudó bastante.

viernes, 8 de febrero de 2013

Lecturas escatológicas

En Alemania siempre me llamó la atención encontrar revisteros y repisas de libros en el baño.  Material de lectura para los largos ratos que pueden pasarse allí sentado, de acuerdo con la digestión de cada cual.  Mis procesos son de pase rápido, así que personalmente nunca me vi en la necesidad de tener que procurarme entretenimiento para un rato largo de desparche en el toilette, así como cuando echo un libro en la cartera siempre que uso el tranvía.  Algún día llegó a mi buzón una "degustación" de una revista de artículos políticos pero con ínfulas frívolas.  No me animé a botarla pero tampoco a leerla por largo tiempo.  Los temas de portada ya estaban viejos cuando me llegó, pero contenía otros artículos y entrevistas un poco más atemporales, hasta interesantes.  Eso lo vine a saber después de que se convirtiera en mi primera lectura de toilette ever, pues esa fue la solución que le encontré a la indecisión de no saber qué hacer con la revista.  Un ejemplar alcanzó para casi un semestre.  Finalmente la agoté y ahora tengo una segunda lectura.  Una novelita histórica de una historiadora española, parte de este des-obsequio de cumpleaños.  Apenas para eso.

sábado, 4 de agosto de 2012

Misreadings

-Gracias.... (cara inevitable de desconcierto por los dos libros de García Márquez en alemán(!!), el papel de regalo bonito al lado).
-¿Lo conoces? ¿Los has leído?
-Pues seehhh....
-Lo suponía.  Pensé que era mejor esto a un autor alemán que no conocieras.
-Hubiera sido mi problema.  Por eso fue que te regalé un libro de Bolaño: porque me pareció buena idea que conocieras un buen escritor latinoamericano que no fuera de los mismos de siempre.  Que no te haya gustado es asunto tuyo.  *casi dos meses y aún no pasa de la página 50 en una novela de menos de 200.
-¿Sabes por qué lo sigo leyendo? Porque es un hombre.
-(WTF!).  ¿Otra copa de vino?

PS:  Hay que ser justos y contar que en el segundo intento el hombre se esmeró más:  salió con una novela de Alex Capus, un autor suizo de quien habíamos visto juntos una entrevista con canciones en tv (un formato hasta interesante:  el entrevistado escoge las 5 canciones de su vida y un grupo de tres gatos de planta del programa tiene que adivinar quién es:  mientras los gatos discuten cada canción, va transcurriendo la entrevista) y una novela histórica en español.

martes, 26 de junio de 2012

Contrastes súbitos

A principio de año tuve una situación en la que los acontecimientos de mi vida seguían la tendencia de los de la novela que estaba leyendo.

Anoche fue más bien una contrapunto entre dos realidades paralelas, así como una noche de hace 15 años en la que mi corresponsal de entonces trataba infructuosamente de enviarme un email mientras veía "You've got mail" y no podía distinguir entre lo que pasaba en su computador y en la película.

A eso de las 8 estaba en los capítulos finales de "Eat, pray, love" (mea culpa, sí, me engüesé en la caja de intercambio de libros de la oficina con ese adefesio, lo confieso) en donde Felipe le declara su amor a Liz mientras mi amante me dejaba por enésima vez plantada en mi casa esperándolo... no solo era el sentido de la lectura opuesto al de la realidad, sino que también las dos cosas eran cuasi-simultáneas, no en secuencia.

Entrada la noche, llamé a mi amiga A. para consolarla de una pelea con su mamá.  Las dos compartimos nuestro sino de hijas únicas que dejaron sola a la mamá separada.  Estaba yo finalizando una frase pomposa cuando sonó mi celular -mi amante llamando por tercera vez a disculparse-.  Hubiera sido un simple ruido de fondo, de no ser porque el ringtone que le tengo al teléfono es la introducción de Chespirito.  La seriedad y el sentimiento de mi statement se fueron al carajo con ese soundtrack y no nos quedó más que reírnos como dementes por los siguientes 10 minutos.

El intercambio de libros

Hará cosa de un año que dos colegas en el edificio en el que trabajo tuvieron la brillante idea de poner una caja de plástico en una esquina de la zona comunal para que intercambiáramos libros.  La gente que quiere sus libros no se deshace de ellos, no en circunstancias  normales, así que como era de esperarse la caja se llenó de libros malos porque nos desengüesamos (amo ese verbo colombiano para decir "deshacerse") de los libros que teníamos en la casa y que no nos gustaban.

La caja de intercambio rebosa de krimis.  Los krimis, que es la palabra alemana para novela de suspenso, son superpopulares en Alemania.  Henning Mankell -que es sueco- es uno de los autores más celebrados.  Yo no sé a mí por qué ese género me da tantísima pereza, será también por lo mucho que les gusta a ellos.  Nunca me he animado a leer nada; quizás algún día le haga a las novelas de Stieg Larsson, pero creo que esas no dan para ser consideradas como krimi (?).

Yo puse los libros que me encontré en los trenes -de alguna manera continué con el ciclo que ellos ya habían comenzado-, libros de autores buenos que compré en segundazos  pero en los que no pude pasar de la página 20... También allá fue a dar una versión en español de "Crónica de una muerte anunciada" que estaba en mi casa, pero el desengüese no fue por la calidad del libro sino por su origen:  lo había traído el amigucho del #miex que nunca me pude tragar.

De la caja apenas he tomado una novelita de Marina Lewicka (se dejó leer), uno de Ephraim Kishon (que es tan chistoso que en el tercer sketch uno ya está saturado de su humor y no quiere leer más) y un tercero que da oso confesar pero que no salió tan malo....

Seguramente estoy subestimando a mis colegas, pero como serán de zoquetes que "El amor en los tiempos del cólera" (en alemán) lleva ya casi un semestre sin que nadie lo haya tocado siquiera, mientras que una novelita de esas de mujeres torpes en busca del amor, en cuya compra incurrí por allá en 2002 en una larga espera en un aeropuerto, no duró ni media hora en la caja y no la han devuelto.

lunes, 12 de marzo de 2012

Strangers when we met

Cuando vi "The future" de Miranda July envidié la manera cómo se sacó la vieja ese affair de la nada. También alcancé a romperme la cabeza con cómo carajos había comenzado esa relación tan extraña en "Intimacy" (el libro te deja en las mismas). Pues bueno. Cuestión de ayudarle un poco al destino con una suscripción a una página de on-line dating y voilá.

PS: El título original de este post era "Extraños en la misma escena". Decidí tomar prestado y adaptar el de una (otra) historia de Kureishi después de leerla porque así me pareció más bonito.

miércoles, 11 de enero de 2012

Alone again

El hombre que salió de la nada a su nada volvió. No tiene presentación sentirse triste porque quien llegué a describir alguna vez como mi "pior-es-nada" haya conocido a otra y dizque se haya enamorado de ella durante mis vacaciones en Colombia, pero supongo que es el orgullo herido lo que está manifestándose.

Alcanzó a regalarme un libro en verano, no porque haya pensando en mí sino porque ya lo tenía cuando se lo regalaron a él. Es una novelita hasta tierna de un pastor de vacas en los Alpes -está escrito en suizo y me cuesta bastante entender los diálogos*-. Antes de mi regreso a casa quedé en la parte en donde la pastora lo seduce y lo enamora y se ponen a soñar juntos en las cumbres. La escena de la seducción es de lo más lindita y me puso en onda con el esperado reencuentro con él. La noche de su partida -la siguiente de mi llegada- seguí leyendo la historia: el pastor se va detrás de otra mujer que resulta ser una bruja que lo encanta y cuando logra regresar ya no encuentra ni pastora ni nada. Creo que no me había pasado que la atmósfera de lo que estoy leyendo coincidiera con la secuencia de mi "realidad".

*Adenda del 21 de enero de 2012: Al terminar el libro descubrí que al final había una traducción de los diálogos, cuando ya para qué. Claro que qué alivio, no es que yo sea tan zoqueta.

sábado, 26 de febrero de 2011

El pez muere por la boca

Este tema ya tratado ha tenido continuidad pero no ha sido reportado en este blog: justo las nenas a las que les gusta esto han sido promovidas en la empresa, cosa que yo no. Como si el gustar de tales huesos televisivos estuviera somehow correlacionado con ciertos cotizados talentos laborales. Qué perversa y estrecha manera de ver el asunto, lo sé, porque si soy arrogante y pienso que siendo así, mejor fracasar en el trabajo, me justifico de plano para fracasar en el trabajo. Y no estoy segura de querer fracasar, tiene que haber una vía al éxito profesional sin necesidad de seguir estos bodrios televisivos. Hace rato superé a la vaca imbécil -blöde Küh- Bridget Jones.

Colega (ver Miranda me perdone) detallista -ver Colega- se va de la división después de haber jugado un papel decisivo en una época de turbulencias e incertidumbres. Sin embargo el estrés de todos fue tal que yo -la vaca insensible del detalle- fui la única que se acordó de organizar el regalo de despedida. No daba el tiempo ni el ánimo para álbum de fotos comentadas ni chocolocuras por el estilo, así que tocó conformarse con tarjeta convencional firmada por todos, impersonal bono de compra por más de €150 en una tienda chic de Düsseldorf y como intento de guiño y personalización, los DVD de la tercera temporada de "Doctor's Diary", el bodrio arriba mencionado. No deja de parecerme una broma cruel del destino que justo yo haya tenido que comprar ese DVD; ruego para que no me haya visto nadie con el DVD en la mano mientras me dirigía a la caja de la tienda. Me alcanzó la lucidez para hacerlo empacar con el bono impersonal y quedó re-bonito, como a mí nunca hubiera podido quedarme, pero sobre todo como colega detallista se merece que se lo empaquen. Es que ella es la mata del detalle, cualidad que es para mí como el dibujo de una golondrina sobre el caparazón porque, insisto, soy bien res para eso.

No podía irme chirosa como suelo estar el fin de semana a la tienda chic del bono. Tuve que medio arreglarme, gracias a lo cual no me sentí mosco en leche en la glamorosa Königstrasse düsseldorfeña. Tomé un latte machiato en un restaurante concurrido en Kaiserstadt. Compré juiciosa el regalo de colega detallista y luego hice el deber de comprar algunas vestimentas: un primoroso vestidito de corte Josefina Bonaparte, un pantalón con las arrugas por delante que ya sabemos pero lo suficientemente oscuro para disimularlas, por lo demás buen corte y, valga decirlo, en rebaja, y un discreto suéter azul tirando a rey. Para recompensarme por mi buen comportamiento de haber comprado ropa -sigue siendo un deber, un sacrificio, nada que haga con gusto-, pasé por la librería de la zona y salí con una antología de relatos de Hanif Kureishi, un libro de Siri Hustvedt, que supuestamente es mejor que su marido, y un librito del relamido Palahniuk.

No esperé reconcer que gracias a colega detallista pudiera pasar un día de "típica mujercita" como generalmente no los tengo y acabara gustándome.

jueves, 10 de febrero de 2011

Al fin: pericia lúdica

Aunque parezca increíble, si hubo otro juego además de "Sabelotodo" con el que pude impresionar a otros.

El juego consistía en adivinar la historia implícita en una frase que la resumía. Adiviné casi todas las historias. Del tipo "El recibió un paquete y supo que moriría a los pocos días". Era obvio que el tipo había recibido una amenaza de la mafia, o no? Según mis trompañeritos de oficina, no. Y así.

Hicieron bromas de que era por venir de Colombia. Yo creo que es más bien por haber visto tantas películas y haber leído tanto.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Confirmación de tema recurrente

¿En la Calle Veinte o en la Veintiuno? ¿Con la Carrera Cuarta o con la Quinta? Por esos lados, en el sucio centro de Bogotá mugrosa.


Fernando Vallejo, El don de la vida.

Para que no quede duda de lo que aquí refería, la dirección de mis padres era Carrera Quinta No. 20-XX (costado oriental).

viernes, 17 de septiembre de 2010

Reencontrando un hilo

En Alemania hay una cadena de librerías de una editorial independiente que ofrece música y literatura buenas a buenos precios. Me hice a una edición decorosa de la obra completa de Kafka por 10 euros, por ejemplo. Claro que en Hamburgo solía esculcarla más que ahora, pero aquí también la he visto. En una de aquellas sesiones de 2001 en Hamburgo había un libro con este título:

Was man von einigen Leuten nicht behaupten kann
Lo que no puede opinarse de cierta gente.

(cuyo original se titula: Birds of America, otro crimen del traductor de títulos de novelas en alemán. Son puercos. Por ejemplo, a Norwegian Wood de Murakami le pusieron dizque "La sonrisa de Naoko". Lo que menos había en todo el cochino libro).

Costaba 1 euro. Era de una tal Lorrie Moore.
Tenía unas historias maravillosas, femeninas, concisas, tajantes.
La adoré.
No he sabido buscarla más, de preferencia en su original. Tengo una nueva tarea libresca.

(Debiera ponerme más bien a hacer mis tareas en el trabajo que tengo pendientes en vez de tramar proyectos inútiles como estos).

domingo, 5 de septiembre de 2010

Kurdos

Para mi, el sitio lo puso de moda el Zancudo, el director de tesis de mi entranhable Mitbewohner. Se podía oír musiquita decente en una buhardilla de un edificio viejo, desde hace rato reemplazado por una torre de apartamentos al costado norte del parque de la 42 con cra. 13 en Bogotá. Con los avatares del tiempo el lugar tuvo una época en un garaje sobre la séptima entre la 45 y la 46 (o la 46 y la 47?) En todo caso, aquella y la posterior y postrera locación (still on the 7th avenue, but in a diferent cellar) eran bastante accesibles cuando se vivía en la 48 con 13, con vista al Skylinerprofil Bogotás vom norden. No dejaba de tener algo de "subversivo" el que hubiera un antro / chuzo con un perfil como el de Kurdos, en un local con un inodoro colgando del techo. Además al sitio se llegaba siempre por una escalera con aires de secreta. Aparte de todo lo estético o antiestético o lo que sea que haya podido ser, Kurdos fue una isla de libertad en medio de aquella absurda ley zanahoria de Antanas. La ley se impuso justo cuando llegué al estado ideal para salir a parrandear, twenty something, earning and single. El sitio siempre sobornó a la policía y gracias a ello pude seguirme escabullendo de la casa después de la 1 a.m. Era el tipo de local en el que te sniffaste los únicos soplos de coca de tu vida (o a donde llegaste a capotearlos). Con la salida de la 42 llegó también un tipo de cambio somehow para peor, una pérdida de la frescura original. Tuvo épocas en que estuvo cerrado, para reaparecer en un nuevo local. Lo regentaba un tal Germán, un drogadicto al que se le abona haber mantenido el chuzo en aquellos anhos desolados de la escena bogotana. Nicht zu vergessen, dass ich gerade dort einen gewissen Kike Vivaldi -Colombian celebrevity in the 90's- vernascht habe. Allá también le confesé por primera vez a alguien cercano, a él, mis planes de ir (venir) a Alemania. Hubo épocas siniestras en las que había que estar pendiente de tu propia billetera en el establecimiento. Se compensaban con las after parties en otras locations, algunas más salvajes que otras. En Kurdos (degeneración de DonAlvar, el chuzo se llamó en serio Bar2) me levanté aquel tipo que parecía un personaje de una novela de Mutis, allí llevé a mi legendario gringo y sus paredes me vieron sobrevivir a múltiples amaneceres existencialistas de parrandera hastiada. El sitio llegaba a cansar, pero tan árida llegó a estar la rumba bogotana, que allí regresábamos siempre por mucho que renegáramos. Como ya mencioné, también había razones de cercanía, todo el grupo de amigos era teusaquillo-palermo-chapineruno y era casi que a la vuelta de la esquina. El man Germán, como era de suponerse después de haberlo visto sosteniendo un animado diálogo con un bulto de naranjas podridas en un amanecer de domingo bogotano, acabó mal. Su DJ que lo acompanhó siempre, un tal Hernandito que usaba los espacios faltantes en su dentadura como soporte para su cigarrillo encendido y que no siempre era el más lúcido a la hora de pinchar, no acabó mejor.

En una época llegamos a institucionalizar "el miércoles de perdición", que arrancaba después de ver La Tele, con primera etapa en la Tienda de los Jijuepuercas (alegre cafetería-bar en la 44, en donde podía darse todo tipo de interacción entre oficinistas, pensionados, serenateros, secretarias, emboladores, estudiantes, etc. y con performances tales como cajas de dientes sumergidas en vasos de cerverza o brindis espontáneos por el partido liberal o por Clemencita que cumple anios) y después culminación en el inevitable Kurdos, a renegar pero a sentarnos ahí, como en tantas otras veladas en las que la habíamos pasado tan bien y simplemente no queríamos llegar aún a la casa.

Con todo y todo, menos mal que lo hubo y ojalá siga habiendo equivalentes.

sábado, 21 de agosto de 2010

Desempolvando

Este lugar está abandonado y lleno de telaranhas. Así como de la nada comencé a ordenar mis papeles en una velada de la semana pasada, retomo estas notas que ya no llegan solas, que hay que rebuscar.

La visita de mi madre me tuvo, como siempre que viene, bastante distraída. Como le contara por teléfono a este anhorado visitante, durante las vacaciones no fui a trabajar pero no se puede decir que descansé. Revisitamos Viena -me acordaba de lugares en los que había estado en un invierno hace más de 8 anios!- y nos enamoramos de Praga. Nota al margen: no desgastarse yendo a Bratislava. No paga, no después de Praga. El pretexto de su visita también fue bueno para descubrir el área al norte de este pueblo, el Ruhrgebiet, la región del río Ruhr. En 2010 esta área consiguió ser declarada una de las tres capitales (:-( ) culturales de Europa. No hallan cómo quitarse de encima la fama de ser un área proletaria, pues allí latió el corazón de la industrialización de Alemania durante los últimos 200 anhos. Esta era el área de producción de carbón y acero a lo largo de toda la industrialización de Europa. Visitamos el zoológico de Duisburg, considerado como el mejor de la región, el martes anterior al bendito Loveparade. Duisburg es una de las ciudades de esta olla del Ruhr. Ese sábado siguiente nos dio por ir al Museum Folkwang en Essen, una ciudad que se llama comida a pocos kilómetros al norte de Duisburg, pues era el último fin de semana de una exposición temporal dedicada al estado del Museo antes de 1933, anho en el que llegara el senior de bigoticos al poder y adivinen qué pasó con las obras de arte crazy que el buen ojo de los curadores del museo de ese entonces tuvo el tino de adquirir. Por quedar Duisburg de camino, vimos a muchos festejantes rumbo al tal Loveparade. A la trampa humana que les habían tendido. Cuando quisimos regresar a Düsseldorf a las 6, las conexiones rápidas habían sido suspendidas y no tuvimos más remedio que tomar un tren lechero que salió con mucho retraso. Al llegar a la casa, nos enteramos de la razón del caos ferroviario: los 21 muertos por una estampida en el túnel de acceso al lugar del festejo. Qué siniestro. Unos diez días después regresamos a Essen, esta vez a una mina de carbón que se llama La Alianza Aduanera que hoy, como tantas instalaciones industriales a lo largo de la región del Ruhr, fungen de museos mostrando cómo era el asunto antes -ahora la región padece desempleo y pobreza, porque las minas se agotaron, la producción de acero se fue a otras regiones- pero sobre todo insistiendo: somos mucho más que esto. Tuvimos que pasar de nuevo por Duisburg. El túnel de la muerte estaba a reventar de flores y de cirios.

El fin del mundo de Murakami fue un companhero digno en el trayecto en tren entre Viena y Praga y Praga y los ensayos de Zadie Smith también sirvieron de pretexto para revisitar a Kafka.

Ya no hay más mamá, recuperé mis horas a solas, mis lecturas (Alice Munro, eres monstra!), las vueltas en bicicleta, eventualmente -quién sabe- el blog.

Donia Pajarito fue una motivación importante para usar finalmente la garantía del equipo de sonido y llevarlo al taller de reparacion. Un día hace ya algunos meses regresamos del mercado y olía a quemado, para nunca más funcionar. Donia Pajarito recientemente optó por cantar. Necesitamos ese bendito equipo sonando ya.

Una vez más, se va yendo esta modorrita veranera. Septiembre comienza lleno de reuniones y de vacalocas. Hay una tarea que no he comenzado a hacer y que I have to. Hay una decisión que tengo que tomar y que no sé cómo y que I also have to.

lunes, 14 de junio de 2010

For pin

Creo que nunca me había tomado tanto tiempo leer un libro hasta el final. Mis papás tenían un encarte en su biblioteca que yo, por falta de madurez lectora, leí juiciosa hasta el final (ni me acuerdo de cómo se llamaba el libro, creo que era gringo y en la portada había una imagen saul bassesca de un nadador en dirección a una isla), pero semejante engüese no se compara con los ocho meses de lectura inconstante -sólo al final fui juiciosa- que tardó Infinite Jest en no acabarse.

Porque infinito no sólo quiere decir sin final físico o temporal. También puede ser algo inconcluso, a pesar del mil y pico de páginas. Así se sigue riendo el maldito libro de tí.

Por eso mismo será que no es problema abrirlo en cualquier página y seguir leyendo. Ad infinitum.

sábado, 3 de abril de 2010

martes, 26 de enero de 2010

Post homónimo

Vuelvo a tener problemas con el cochino transporte público de esta ciudad capital. Como el tren de vuelta venía con retraso (cosa de la que no puedo renegar porque gracias a ello fue que pude pillarlo), tuve que caminar hasta la casa, pues ya el último bus había partido. Era noche de Sperrmüll, así que había uno que otro antejardín con muebles para que los recogiera la empresa de aseo y uno que otro camión polaco merodeando a ver qué podía pillar entre los restos. En uno de estos montones también habían puesto una bolsa de libros. Tal tipo de adquisición librera ha deparado agradables sorpresas, así que, cual recicladora, comencé a hurgar entre la bolsa. La gente de esa casa había comprado casi toda la colección de películas clásicas del Süddeutscher Zeitung y se deshacían de los DVDs sin ni siquiera haberles quitado el forro a los empaques. Me dispongo a ver por fin algo de Greta Garbo (Ninotschka), Río Bravo con John Wayne, el primer film de Spielberg, otro con la Monroe y Robert Mitchum que no sabía que existía, Kiss me, stupid de Wilder -que no es con Marilyn sino con Kim (Novak)-, for pin Todo sobre mi madre en español y un largo etcétera.

sábado, 16 de enero de 2010

Puedo ser normal

No dejo de asombrarme de mi inopia para gastar mi dinero en carteras, zapatos, cosméticos, perfumes y demás pertrechos por los cuales supuestamente suelen suspirar las mujeres o en decoración y muebles para la casa.

Eso no quiere decir que no me gaste la plata en otras cosas. El regalo de navidad para la casa fue un juego de ollas. Espero haber comprado ollas por última vez en mi vida. Hoy fui a esta librería que abrió recientemente en Düsseldorf y por supuesto no pude resistirme a la tentación y salí con un montón de libros en una bolsa -entre otros, una gramática francesa, unos ensayos de Zadie Smith y por fin algo de Javier Marías- y varios euros menos en mi cuenta. No soy tan anormal y no soy amarreta, menos mal.

sábado, 17 de octubre de 2009

Con trastes

En este momento hay un DVD en el respectivo drive de mi laptop. Es de una serie local de televisión llamada en buen alemán "Doctor's Diary". Mis trompanheritas de trabajo ya se han reunido en una velada a ver los primeros tres capítulos. Al ágape no pude asistir gracias (muchas gracias, en serio) a un virus que alcanzó a dejarme por varios días fuera de combate a principios de septiembre. Por amenizar le dije a la duenha del DVD que me lo prestara para ponerme al día y seguir viéndola juntas, en la segunda sesión de DVD gücken que tendrá lugar la semana que viene.

También tengo sobre el desorden perpetuo de mi escritorio en la casa un libro de cuentos de Alice Munro, uno de tantos hallazgos que pueden hacerse en este blog.

Ya leí el primer cuento de Runaway y vi como un cuarto de hora del primer capítulo de Doctor's Diary (subtitulada "Männer sind die beste Medizin", los hombres son la mejor medicina (háganme el favor) y producida por el canal privado RTL, que es en cuanto a su calidad televisiva muy de la onda del RCN chibchombiano). Como ya dejé de ser, para bien o para mal, una solterona retozona y buscona, estas historias ahora me parece que son como para morirse, pero del aburrimiento.

Sobra decir que no tengo que pensar ni un segundo con quién voy a pasar mis veladas después del trabajo en los días venideros.