Y en menos de nada lleva el verano 800 años aunque las vacaciones escolares en realidad hayan comenzado hace apenas 3 semanas, las condiciones luminosas hasta tarde ya son normales y no joden, pocos pero alcanzó a haber algunos días de sandalia, no llovió el día de mi cumpleaños pero sí estuvo gris.
2016 se escurría en sus rutinas hasta fines de mayo con un fin de semana alargado a partir de una reunión de trabajo un viernes en Berlín. Berlín del alma siempre vale la pena la visita, esta vez me quedé en un barrio occidental en donde nunca pasó nada ni en tiempos del muro ni ahora y se sintió muy raro y conocí personalmente a alguien de Twitter. Junio tuvo dos excursiones a Amsterdam, una a principios del mes en compañía de mi alma gemela y la otra a finales con mis hermanos y sobrino. El encuentro con los -medio- hermanos estuvo muy emotivo por la presencia del mayor y su hijo cincoañero que viven en Colombia (se fueron de nuestra natal Bogotá a Cali hace 2 años) y con quien no hablaba largo y tendido desde hacía más de 30 años -a sobrino sí lo conocía pero con él el trato había sido 0-, todo en el marco de una festividad muy alegre del hermano menor que vive en Holanda hace ya años y ya es como de la casa, como pasa también con el alma gemela.
La visita familiar se replicó en mi domicilio düsseldorfeño a principios de julio. De haber un solo especímen M. en esta casa pasó a haber 4 de un momento para otro. Aún digiero la avalancha de cheveridad de aquellos días. Me alegro mucho de que mis hermanos sean y estén ahí. El sobrino fue un capítulo aparte de aprendizaje y disfrute por parte de esta respetable señora que se quedó vistiendo santos por ese lado.
A fines de julio tuve otro encuentro afortunado y raro, uno de los personajes de mi biografía, mi roommate de 7 años en Bogotá, estaba de paso en Hamburgo. Al lado del tiempo familiar, esas 11 horas con este hombre cuentan entre las más preciadas del año, de la vida, de los recuerdos.
Soy dichosa.
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miércoles, 3 de agosto de 2016
viernes, 12 de noviembre de 2010
Re visited
En octubre estuve un fin de semana largo en Hamburgo con mi hermano menor.
Me di el lujo de enseniarle no sólo a mi hermano sino también a mi amigo U. mis rutas secretas, mis recorridos por las entranias de la ciudad. (Lo que no se le perdona a U. es que no las conociera llevando ya más de 6 anios allí).
El aire hamburgués hincha mi pecho de felicidad, lo comprobé una vez más.
Me di el lujo de enseniarle no sólo a mi hermano sino también a mi amigo U. mis rutas secretas, mis recorridos por las entranias de la ciudad. (Lo que no se le perdona a U. es que no las conociera llevando ya más de 6 anios allí).
El aire hamburgués hincha mi pecho de felicidad, lo comprobé una vez más.
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lunes, 28 de enero de 2008
Fin de semana extranio
Es bastante raro estar en la misma ciudad en la que está el marido (la misma en la que nos conocimos y vivimos juntos por dos anios) y tener que verlo de a ratos en en restaurantes y cafés y tener que despedirse de él para ir a dormir a otra parte. (Mis suegros siguen acumulando puntos para hacerse merecedores del premio "Vidrio en la media"* edición 2008, aunque esta vez se hayan disculpado).
Pero una vez el título de este blog se sale con la suya y tuve la oportunidad de verme con los amigos que hace rato no veía, de hablar hasta las 2 am con mi amiga de la U, de verme otra vez con las chicas y hablar de cine, de ropa, de maridos. Sacié mi necesidad de companhía, ahora que las pampas dusseldorfenias me están mostrando qué tan solo se puede llegar a sentir uno.
Hamburgo inmunda, te extranio.
*condecoración ilustre tomada de aquí.
Pero una vez el título de este blog se sale con la suya y tuve la oportunidad de verme con los amigos que hace rato no veía, de hablar hasta las 2 am con mi amiga de la U, de verme otra vez con las chicas y hablar de cine, de ropa, de maridos. Sacié mi necesidad de companhía, ahora que las pampas dusseldorfenias me están mostrando qué tan solo se puede llegar a sentir uno.
Hamburgo inmunda, te extranio.
*condecoración ilustre tomada de aquí.
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domingo, 16 de diciembre de 2007
Vergissmeinnicht
En invierno Hamburgo se ve más desolada, más fría. Se ven los árboles más desnudos. Momento. No, no es sólo eso. Se ven árboles.
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sábado, 6 de octubre de 2007
No era sólo impresión mía
Hamburg ist eine Stadt, um einsam zu sein.
(Hamburgo es una ciudad para estar solo).
Bela B., el baterista de "Die Ärzte", un grupo de punk de vieja guardia.
Por algo también me había dado por escribir este post. Yooo no estooooy loca!
martes, 17 de julio de 2007
Aunque tarde...
A principios de Mayo hubo dizque una ciclovía de 25 km. a lo largo del Elba por la ribera sur, en la región agrícola de Hamburgo. Se llama "la tierra Vieja" (Altes Land) y es la despensa de las manzanas, cerezas, ciruelas, espárragos, fresas, etc. de la región. Que dizque con tarimas y actos culturales. Desempolvé los patines y convencí a J. de que me acompaniara en la bici. Vi la publicidad en los avisos oficiales de la empresa de transporte público de Hamburgo, tomé nota de la ruta para llegar hasta allí usando sus servicios. Y al llegar allí después de 45 minutos de viaje en metro, descubro que la supuesta y veintiúnica conexión de bus que tenía que tomar estaba suspendida desde febrero. Les escribí un mail haciéndome la víctima de su estupidez. Y no pasó nada.
Hasta ayer. Me llamaron al celular a informarme que habían tomado nota de mi queja, que lo lamentaban mucho o más que haberme llamado tan tarde. Que lo que había pasado fue que xxxxxxx y que harán todo lo posible para evitar que situaciones como esas pasen en el futuro. Que gracias.
Como decía un amigo en Bogotá, está como para haberlos mandado por la muerte.
Hasta ayer. Me llamaron al celular a informarme que habían tomado nota de mi queja, que lo lamentaban mucho o más que haberme llamado tan tarde. Que lo que había pasado fue que xxxxxxx y que harán todo lo posible para evitar que situaciones como esas pasen en el futuro. Que gracias.
Como decía un amigo en Bogotá, está como para haberlos mandado por la muerte.
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miércoles, 27 de junio de 2007
Lost in Hamburg
Para compensar mi desencuentro con la Gorda, el destino puso la visita de S. y L. a Hamburgo en el mismo fin de semana. Claro que fue un gusto ver a los colegas, yo necesito de tales excusas para ir a su encuentro. Lo que me desconcertó un poco fue tanta nostalgia junta de los tiempos viejos, de cuando estaban recién llegados, de cuando tenían más pelo y menos barriga. Como si el gorrión en sus cabezas cantara sin cesar "Those were the best years of our lives".
S. estaba radiante, a pesar de la sonrisa maleva que le dejó un empujón indelicado en la excursión de rigor a la Reeperbahn la noche anterior. Para colmo -ah, Hamburgo, cómo puedes hacerte la querendona- no dejó de encontrarse por casualidad con conocidos en la calle, después de 4 anios de haberse ido y tan sólo 24 horas después de haber regresado.
S: "Por muy contentos que estemos en nuestras vidas, algo nos hace falta".
Sí, de acuerdo. Salir del laberinto que Hamburgo les puso a algunos en el corazón. Aunque la tropilla reunida y la cerveza que fluye todo el tiempo no ayuden mucho.
S. estaba radiante, a pesar de la sonrisa maleva que le dejó un empujón indelicado en la excursión de rigor a la Reeperbahn la noche anterior. Para colmo -ah, Hamburgo, cómo puedes hacerte la querendona- no dejó de encontrarse por casualidad con conocidos en la calle, después de 4 anios de haberse ido y tan sólo 24 horas después de haber regresado.
S: "Por muy contentos que estemos en nuestras vidas, algo nos hace falta".
Sí, de acuerdo. Salir del laberinto que Hamburgo les puso a algunos en el corazón. Aunque la tropilla reunida y la cerveza que fluye todo el tiempo no ayuden mucho.
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martes, 19 de junio de 2007
Lo que hay que oir
"Para mí eso de viajar en el S3* es como estar de vacaciones. No se ven más que extranjeros en los vagones!!"
Comentario de una companiera de mesa en la cantina** de la empresa.
*: El S3 es la línea de metro que atraviesa el Elba y conecta el norte con el sur. En medio queda Wilhelmsburg, la isla fluvial más grande de Europa y en la que queda el guettho en el que viven extranjeros y receptores de ayuda social (pero no sólo ahí, hay otros tantos sitios ídem por toda la ciudad salvo el este). Y al otro lado del río hay otro guettho, un núcleo importante de industria y oficinas y la Technische Universität, en cuyos predios tuve la oportunidad de departir los anteriores 6 anios de mi vida y cuyos estudiantes internacionales también contribuyen al variopinto paisaje.
**: La cantina es el comedor / casino / restaurante de una empresa. En la universidad es una "Mensa". Generalmente es un autoservicio con precios cómodos.
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viernes, 18 de mayo de 2007
Los compadritos de la izquierda
La escena izquierdosa alemana es de lo más pintoresca. No me refiero a los partidos políticos, sino a los compadritos mamertos / izquierdosos. El clisé de que "aquí el bienestar general es relativamente alto y por tanto no hay por qué protestar" lo confirmaron mis primeras impresiones recién llegada. No porque no hubiera razones, sino viendo las de ellos.
La escena en Hamburgo tiene su fortín en un teatro abandonado en la zona de Sternschanze, que estaba llena de junkies en los días en que yo llegué pero que iba mutando al barrio bohemio lleno de yuppies y alternativos que es hoy en día. El Rote Flora sigue siendo un grito rebelde con su dejadez en medio del glam que se impone en sus alrededores. Sobra decir que cuando se mueve algún dedo por su privatización, salen las hordas de compadritos a echar piedra y no permiten que pase nada. Hasta ahí, pues todo normal en contra del cochino capitalismo y a favor de que "ningún ser humano es ilegal". El problema es cuando uno mira causas más concretas por las cuales esta gente se desganhita. A mi llegada, en el 99, la cuestión bandera era la liberación de Mumia Abu-Jamal, un periodista afroamericano condenado a muerte en Estados Unidos a pesar de haberse comprobado su supuesta inocencia. No digo que el senior en cuestión no se mereciera todo el apoyo del mundo, pero a mí me pareció muy rebuscado... qué tenía que ver el senior con Hamburgo? Si lo que se necesitaba era una cara para la causa, no había quizás alguna otra más cercana, que afectara de manera más significativa los derechos / intereses de los locales? De Abu-Jamal quedará si acaso un mural en alguna esquina oculta del Rote Flora. Luego fue Achidi John, un asilado nigeriano que murió cuando le indujeron vómito en la comisaría al buscarle las bolsas de heroína que estaba vendiendo y se había tragado antes de ser detenido. Allí al menos la causa era un poco más cercana a la realidad de estas calles. También tuvo mucho eco el desalojo de los Bambule (link en alemán), una comunidad de vecinos en un lote bastante central en Hamburgo. El problema con ellos era que habían invadido ilegalmente el lote y allí se alojaron con sus carro-casas. Aunque nunca se oyó de ningún robo o atraco en la zona, pasar por ahí no dejaba de ser algo siniestro, sobre todo por el olor nefasto que de allí salía porque no contaban con ninguna instalación sanitaria. La guerra de Irak no fue desaprovechada tampoco como bandera de protesta (y eso que el gobierno alemán tuvo el tino de no entrarle al asunto). Alguna vez me vi envuelta por error en una marcha de protesta de aquellas -yo quería ir a cine y la marcha bloqueó la calle, por lo que me tocó caminar y húbome allí-, y me asombró ver que había más policías vigilando la manifestación que manifestantes.
En fin, que aquí los chicos, aunque están en todo su derecho de hacer las protestas y defender sus ideas, se quedan más bien en la retórica antiimperialista y además de ruido, no hacen mucho más que seguir tomando su cervecita. La reunión del G8, que se celebrará próximamente en un pueblito al norte de Alemania, es un excelente pretexto para volver a repintar el mural de enfrente y preparar las pancartas y las marchas. La policía y el gobierno también están en todo su derecho de tomar las acciones preventivas para asegurar el buen transcurso de la reunión y -un poco menos, del lado de ellos, digo- el derecho a la libre expresión de los opositores. Pero haber allanado al Rote Flora con toda la publicidad del caso fue un paso en falso, porque lo único que hizo fue darle cuerda y notoriedad a los compadritos, que ahora sí se sienten más en propiedad para luchar contra la injusticia, el capitalismo y la globalización.
La escena en Hamburgo tiene su fortín en un teatro abandonado en la zona de Sternschanze, que estaba llena de junkies en los días en que yo llegué pero que iba mutando al barrio bohemio lleno de yuppies y alternativos que es hoy en día. El Rote Flora sigue siendo un grito rebelde con su dejadez en medio del glam que se impone en sus alrededores. Sobra decir que cuando se mueve algún dedo por su privatización, salen las hordas de compadritos a echar piedra y no permiten que pase nada. Hasta ahí, pues todo normal en contra del cochino capitalismo y a favor de que "ningún ser humano es ilegal". El problema es cuando uno mira causas más concretas por las cuales esta gente se desganhita. A mi llegada, en el 99, la cuestión bandera era la liberación de Mumia Abu-Jamal, un periodista afroamericano condenado a muerte en Estados Unidos a pesar de haberse comprobado su supuesta inocencia. No digo que el senior en cuestión no se mereciera todo el apoyo del mundo, pero a mí me pareció muy rebuscado... qué tenía que ver el senior con Hamburgo? Si lo que se necesitaba era una cara para la causa, no había quizás alguna otra más cercana, que afectara de manera más significativa los derechos / intereses de los locales? De Abu-Jamal quedará si acaso un mural en alguna esquina oculta del Rote Flora. Luego fue Achidi John, un asilado nigeriano que murió cuando le indujeron vómito en la comisaría al buscarle las bolsas de heroína que estaba vendiendo y se había tragado antes de ser detenido. Allí al menos la causa era un poco más cercana a la realidad de estas calles. También tuvo mucho eco el desalojo de los Bambule (link en alemán), una comunidad de vecinos en un lote bastante central en Hamburgo. El problema con ellos era que habían invadido ilegalmente el lote y allí se alojaron con sus carro-casas. Aunque nunca se oyó de ningún robo o atraco en la zona, pasar por ahí no dejaba de ser algo siniestro, sobre todo por el olor nefasto que de allí salía porque no contaban con ninguna instalación sanitaria. La guerra de Irak no fue desaprovechada tampoco como bandera de protesta (y eso que el gobierno alemán tuvo el tino de no entrarle al asunto). Alguna vez me vi envuelta por error en una marcha de protesta de aquellas -yo quería ir a cine y la marcha bloqueó la calle, por lo que me tocó caminar y húbome allí-, y me asombró ver que había más policías vigilando la manifestación que manifestantes.
En fin, que aquí los chicos, aunque están en todo su derecho de hacer las protestas y defender sus ideas, se quedan más bien en la retórica antiimperialista y además de ruido, no hacen mucho más que seguir tomando su cervecita. La reunión del G8, que se celebrará próximamente en un pueblito al norte de Alemania, es un excelente pretexto para volver a repintar el mural de enfrente y preparar las pancartas y las marchas. La policía y el gobierno también están en todo su derecho de tomar las acciones preventivas para asegurar el buen transcurso de la reunión y -un poco menos, del lado de ellos, digo- el derecho a la libre expresión de los opositores. Pero haber allanado al Rote Flora con toda la publicidad del caso fue un paso en falso, porque lo único que hizo fue darle cuerda y notoriedad a los compadritos, que ahora sí se sienten más en propiedad para luchar contra la injusticia, el capitalismo y la globalización.
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martes, 31 de octubre de 2006
Invisible Hamburg
A la hora de buscar escenas típicas hamburguesas, viene al instante un torrente de imágenes con múltiples y diversos lugares, todos con buenas razones para ser emblemáticos de la ciudad. Algunos de ellos están en el perfil que acompania por debajo al título de este blog: que la iglesia tal, que el puente pascual, que el lago fulano que en realidad no es lago sino un río, por supuesto el río zutano, por el cual llegan los barcos al puerto mismo, el puerto -claro-, el barrio de los ricos a orillas del río, el barrio de la diversión (sigue siendo el de las putas también, todo un ícono hamburgués) también a orillas del río, con su equipo de fútbol cuyos fans son de una devoción aún más sólida que la de los del bogotano Santafé, los barrios bohemios, el parque con el planetario, el cementerio más grande de Europa... sí, a Hamburgo no le faltan imágenes.
Pero basta mirar un poco con más detalle para comenzar a descubrir el Hamburgo invisible del que no hay postales. El de los supermercados que lo transportan a uno a otro país mientras uno compra en ellos. El de las mezquitas y las senioras con velo en la cabeza que llevan de la mano a ninias con velo en la cabeza. El Hamburgo de los inmigrantes.
El domingo anterior pude aniadir una nueva imagen a esta categoría. Fue como una especie de revelación. Íbamos explorando el retorno en bicicleta desde el club de fútbol de J. hasta la casa -normalmente nos vamos en metro-. Es un trayecto que pasa en gran parte por lugares deshabitados -lotes, parques-. En uno de esos parques vimos entre los árboles primero una torre de una iglesia, de un disenio que nos pareció moderno, y luego vimos la iglesia misma, que a J. se le antojó como la nave Enterprise. No sin razón: las naves estaban constituídas por arcos articulados y plateados, como si tuvieran recubrimiento metálico. Nos dirigimos hacia allí, a través de un sendero por un bosque que en sus 200 m. me pareció bastante silvestre. Era posible ver que en las articulaciones de los arcos la iglesia tenía sus vitrales. Parqueamos las bicicletas y nos dirigimos hacia la puerta, la iglesia tenía que estar abierta porque era domingo. Y sí, estaba abierta. Ya nos disponíamos a entrar a la nave central cuando nos dimos cuenta de que toda la audiencia era negra, incluído el pastor (era iglesia evangélica, leímos antes de entrar). Todos de punta en blanco, con la pinta dominguera. Estaban todos de pie, orando, con los brazos doblados a los lados y las palmas mirando hacia arriba. Dos ninias salieron de la nave central y se perdieron por una puerta lateral del vestíbulo, donde estábamos nosotros. No me sentí capaz de entrar, hubiera sido como una profanación, estábamos totalmente fuera de contexto, éramos unos perfectos extranios. Además de que J. venía en pinta de jugar fútbol y yo en la de salir del gimnasio, y ya mencioné que allí estaban todos muy arreglados y elegantes. Pero nos quedamos en el vestíbulo, viendo. La misa pronto se iba a acabar, porque comenzaron a saludarse como cuando uno se da la paz en la misa católica -todavía me acuerdo-. De pronto, por la puerta por donde habían desaparecido las ninias, salió toda una horda de ninios corriendo, algunos iban a buscar a sus papás en la nave central, otros salían al parqueadero a jugar. Nos fuimos.
Yo a los africanos ya los había visto en las estaciones de metro y en los paraderos los domingos, pero jamás se me había ocurrido a dónde iban. Ese domingo lo supe.
Me acordé de los pueblos en Colombia, en donde el domingo es el día ir a misa, por ende de engalanarse para alabar a Dios y para que lo vean a uno bien los demás, porque también es el día de socializar, de ver a los otros que también han estado el resto de la semana deslomándose y de hablar con ellos. También me acordé de que en Bogotá -creo que en el D.F. también-, por el contrario, los que se arreglan el domingo son objeto de burla y desprecio, pues no son más que las sirvientas y los celadores en sus citas en su día libre.
Pero basta mirar un poco con más detalle para comenzar a descubrir el Hamburgo invisible del que no hay postales. El de los supermercados que lo transportan a uno a otro país mientras uno compra en ellos. El de las mezquitas y las senioras con velo en la cabeza que llevan de la mano a ninias con velo en la cabeza. El Hamburgo de los inmigrantes.
El domingo anterior pude aniadir una nueva imagen a esta categoría. Fue como una especie de revelación. Íbamos explorando el retorno en bicicleta desde el club de fútbol de J. hasta la casa -normalmente nos vamos en metro-. Es un trayecto que pasa en gran parte por lugares deshabitados -lotes, parques-. En uno de esos parques vimos entre los árboles primero una torre de una iglesia, de un disenio que nos pareció moderno, y luego vimos la iglesia misma, que a J. se le antojó como la nave Enterprise. No sin razón: las naves estaban constituídas por arcos articulados y plateados, como si tuvieran recubrimiento metálico. Nos dirigimos hacia allí, a través de un sendero por un bosque que en sus 200 m. me pareció bastante silvestre. Era posible ver que en las articulaciones de los arcos la iglesia tenía sus vitrales. Parqueamos las bicicletas y nos dirigimos hacia la puerta, la iglesia tenía que estar abierta porque era domingo. Y sí, estaba abierta. Ya nos disponíamos a entrar a la nave central cuando nos dimos cuenta de que toda la audiencia era negra, incluído el pastor (era iglesia evangélica, leímos antes de entrar). Todos de punta en blanco, con la pinta dominguera. Estaban todos de pie, orando, con los brazos doblados a los lados y las palmas mirando hacia arriba. Dos ninias salieron de la nave central y se perdieron por una puerta lateral del vestíbulo, donde estábamos nosotros. No me sentí capaz de entrar, hubiera sido como una profanación, estábamos totalmente fuera de contexto, éramos unos perfectos extranios. Además de que J. venía en pinta de jugar fútbol y yo en la de salir del gimnasio, y ya mencioné que allí estaban todos muy arreglados y elegantes. Pero nos quedamos en el vestíbulo, viendo. La misa pronto se iba a acabar, porque comenzaron a saludarse como cuando uno se da la paz en la misa católica -todavía me acuerdo-. De pronto, por la puerta por donde habían desaparecido las ninias, salió toda una horda de ninios corriendo, algunos iban a buscar a sus papás en la nave central, otros salían al parqueadero a jugar. Nos fuimos.
Yo a los africanos ya los había visto en las estaciones de metro y en los paraderos los domingos, pero jamás se me había ocurrido a dónde iban. Ese domingo lo supe.
Me acordé de los pueblos en Colombia, en donde el domingo es el día ir a misa, por ende de engalanarse para alabar a Dios y para que lo vean a uno bien los demás, porque también es el día de socializar, de ver a los otros que también han estado el resto de la semana deslomándose y de hablar con ellos. También me acordé de que en Bogotá -creo que en el D.F. también-, por el contrario, los que se arreglan el domingo son objeto de burla y desprecio, pues no son más que las sirvientas y los celadores en sus citas en su día libre.
martes, 22 de agosto de 2006
Soledades en Hamburgo
Hace unos 9 anios llegaba un estudiante egipcio a Hamburgo, un poco desterrado por la familia que lo mandaba a estudiar lejos para que no siguiera avergonzándolos más con su flaco desempenio en las universidades locales. Hace 7 llegaba una latinoamericana a Hamburgo, traída por el azar y con ganas de comerse al mundo de un mordisco. Hace 6 llegaba otro estudiante egipcio a la misma ciudad, tratando de ponerle tiempo y distancia a un desamor -las love story egipcias son bastante telenovelescas, porque para que comiencen tiene que haber compromiso matrimonial de por medio... bienvenidos a las sociedades conservadoras orientales-.
El primer egipcio se encontró a sí mismo tan desparchado, tan aislado y tan desubicado que se fue a la mezquita a ver sí allí sí podía hacer amistades. Después de un romance psicótico con el hombre correcto pero en el momento falso, la latina ingresó a la universidad, en donde los nuevos companieros y las clases distrajeron un poco su soledad. El segundo egipcio intentó ser invisible durante los primeros meses de su estadía y como buen árabe, tenía como único tema la política en el medio oriente. El primer egipcio no sólo encontró en la mezquita las anheladas amistades, sino el camino a la verdad y la vida. O a la muerte. Cuando la latina andaba dando tumbos, después de haber bailoteado en casi todas las discotecas de Hamburgo y en no pocas habitaciones de la misma ciudad y el segundo egipcio se esmeraba en seguir conservando su perfil invisible, Egipcio #1 se reventó en un avión contra las Torres Gemelas, rumbo a su paraíso y a sus 72 vírgenes. La latina trató de ajuiciarse involucrándose en una relación desesperanzada con alguien que materializaba la ambigüedad. El egipcio sobreviviente se desordenó -se le vió incluso en festivales de rock-, convertido en el alma de la fiesta, quizás en el afán de despistar a la policía secreta, el FBI y quién sabe cuántos más que andaban tras de él por la desafortunada coincidencia de estudiar en la misma universidad de su ya tristemente célebre paisano.
Latina y egipcio siguieron haciendo un doctorado, ya sin la companhía amortiguadora de los companieros de máster y residencia estudiantil, adentrándose cada uno en sus laberintos solitarios. Ella seguía saliendo y tentando al destino, incapaz de oponerle resistencia a las noches que la atraían con sus oropeles cool, sus galanes efímeros, sonriendo triunfante y feliz mientras veía amanecer en los amanecederos pero con la certeza de que no había ni cuerpo ni dignidad que resistieran. El, ya sin camarilla que le celebrara la metamorfosis de musulmán creyente a parrandero, retornó a la invisibilidad, entregándole todo su tiempo y toda su energía nada más que a su disertación, en una demostración de abnegación y estoicismo sin par: estuvo dos anios y medio compostando mierda humana con gusanos. La latina finalmente cayó en los brazos de su actual marido, que la vino a rescatar de la decadencia y la puso a hacer ejercicio. Actualmente busca empleo, dispuesta a abandonar una ciudad que, aunque pródiga en buenos momentos, buena rumba y bellos paisajes, se ha mostrado más bien mezquina de corazón, si es que las ciudades pueden tener uno. El egipcio regresó a su Cairo natal el día en que Israel comenzó el ataque a Líbano. Se presume que sigue allí.
El primer egipcio se encontró a sí mismo tan desparchado, tan aislado y tan desubicado que se fue a la mezquita a ver sí allí sí podía hacer amistades. Después de un romance psicótico con el hombre correcto pero en el momento falso, la latina ingresó a la universidad, en donde los nuevos companieros y las clases distrajeron un poco su soledad. El segundo egipcio intentó ser invisible durante los primeros meses de su estadía y como buen árabe, tenía como único tema la política en el medio oriente. El primer egipcio no sólo encontró en la mezquita las anheladas amistades, sino el camino a la verdad y la vida. O a la muerte. Cuando la latina andaba dando tumbos, después de haber bailoteado en casi todas las discotecas de Hamburgo y en no pocas habitaciones de la misma ciudad y el segundo egipcio se esmeraba en seguir conservando su perfil invisible, Egipcio #1 se reventó en un avión contra las Torres Gemelas, rumbo a su paraíso y a sus 72 vírgenes. La latina trató de ajuiciarse involucrándose en una relación desesperanzada con alguien que materializaba la ambigüedad. El egipcio sobreviviente se desordenó -se le vió incluso en festivales de rock-, convertido en el alma de la fiesta, quizás en el afán de despistar a la policía secreta, el FBI y quién sabe cuántos más que andaban tras de él por la desafortunada coincidencia de estudiar en la misma universidad de su ya tristemente célebre paisano.
Latina y egipcio siguieron haciendo un doctorado, ya sin la companhía amortiguadora de los companieros de máster y residencia estudiantil, adentrándose cada uno en sus laberintos solitarios. Ella seguía saliendo y tentando al destino, incapaz de oponerle resistencia a las noches que la atraían con sus oropeles cool, sus galanes efímeros, sonriendo triunfante y feliz mientras veía amanecer en los amanecederos pero con la certeza de que no había ni cuerpo ni dignidad que resistieran. El, ya sin camarilla que le celebrara la metamorfosis de musulmán creyente a parrandero, retornó a la invisibilidad, entregándole todo su tiempo y toda su energía nada más que a su disertación, en una demostración de abnegación y estoicismo sin par: estuvo dos anios y medio compostando mierda humana con gusanos. La latina finalmente cayó en los brazos de su actual marido, que la vino a rescatar de la decadencia y la puso a hacer ejercicio. Actualmente busca empleo, dispuesta a abandonar una ciudad que, aunque pródiga en buenos momentos, buena rumba y bellos paisajes, se ha mostrado más bien mezquina de corazón, si es que las ciudades pueden tener uno. El egipcio regresó a su Cairo natal el día en que Israel comenzó el ataque a Líbano. Se presume que sigue allí.
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martes, 14 de febrero de 2006
Hacer mercado - el legado turco (I)
El encuentro con "hacer el mercado" tiene lugar a fuerza por estas tierras. Igual si a uno se le quema el agua o si nunca se enteró de dónde provenía la comida. Los precios de comer por fuera son simplemente absurdos y no hay presupuesto estudiantil que los resista. Así sea a comprar las pizzas congeladas (y las cervezas) tiene que hacerse uno a la idea de ir uno mismo a hacer su mercado.
Si uno jamás en su vida puso un pie en uno en Colombia, pues el shock no es tan fuerte. Pero si uno estaba acostumbrado a su Èxito, a su Carulla, o incluso a su no tan glamoroso Cafam (todavía existen?), el panorama de los supermercados en Alemania es francamente desolador. Hay uno o dos que medio se salvan, pero claro, eso se refleja en la cuenta. De resto, en esta zona nortenia, están los discounters, dispuestos a acogerte con sus precios de huevo, sus pasillos llenos de cajas, su extenso surtido de una marca de cada cosa -marcas gato pero buenas-... jartísimos. Y de verdura, pailas -ítem obligado de la iconografía nacionalista, es que cómo da de cosas Colombia, por Dios-. Entonces puede pasar que, como sucede aquí a lo largo y ancho de la ciudad, tiene uno un mercado turco en las inmediaciones que le recuerda a uno irremediablemente la tienda lichiguera de la esquina. No deja de tener su encanto poder comprar la cebolla y el tomate y el pan y la leche en la esquina, como en otros tiempos en otra parte, y dizque con todo y lo despersonalizado que está esto aquí.
Las hay las chiquitas con el justo público, las hay otras que crecen y poco a poco mutan a supermercado. Supongo que porque todos son negocios chicos (no hay grandes cadenas), no hay centrales de almacenamiento y todos tienen que procurarse un espacio para almacenar. En otras palabras, todos los benditos supermercados turcos mutantes son estrechísimos. Es como meterse a una casa de la diversión en donde no hay por donde pasar y en todo momento lo están espichando a uno. Y es en esos lugares en donde la única persona que pide que por favor 300 gramos de queso en alemán adivinen quién es... ya he tenido ocasiones de haber representado a Alemania en encuentros internacionales (un mexicano y un indio de India completaban la delegación), pero jamás pensé que pudiera llegar a sentirme tan alemana en esta geografía. Y la única que empaca la compra en el morral y no en mares de bolsas de plástico.... Muchas mujeres, no todas y muchas de ellas ya de edad, tienen puesta su panioletica y sus abrigotes... bueno, feel free, pero no deja de ser un poco extranio...
De Turquía (de lo que he encontrado de Turquía por acá, que no es poco pero tampoco es todo) podría escribir una buena cantidad de posts. Los chicos son muuucho más sensuales, más bacanes. Desafortunadamente más machistas. Admito que a veces hasta me alegra oirles los piropos, me permito tales nostalgias culas. Siguen siendo bastante tradicionalistas. Sigue habiendo problemas de integración. Todavía me arrepiento de haber dejado ir tan pendejamente a Irfat, un estambulenio que hubiera sido una fantasía hecha realidad, pero ese invierno como que me había echado huevo en los ojos, mucha mensa... Algunas variedades de pan turco se parecen bastante al pan blandito. La salsa de yogurt con ajos, pepino y hierbabuena es un invento muy rico. El clásico perro de media noche es reemplazado con creces por el dönner a la misma hora -el dönner solito merece otro post aparte-. Hay alguillo de resentimiento, no es cosa de echarle la culpa a nadie porque todos la han embarrado, pero tampoco da para los titulares de Francia ni de lejos. Eso creo...
Comencé en supermercados y acabé en turcos. El sábado pasado casi me chiflo tratando de buscar el polvo para hacer falafel. Ese día maldije las tiendas, pero también caí en cuenta de que, si no estuviera aqui, no andaría con antojos de hacer falafel para la comida ...
Si uno jamás en su vida puso un pie en uno en Colombia, pues el shock no es tan fuerte. Pero si uno estaba acostumbrado a su Èxito, a su Carulla, o incluso a su no tan glamoroso Cafam (todavía existen?), el panorama de los supermercados en Alemania es francamente desolador. Hay uno o dos que medio se salvan, pero claro, eso se refleja en la cuenta. De resto, en esta zona nortenia, están los discounters, dispuestos a acogerte con sus precios de huevo, sus pasillos llenos de cajas, su extenso surtido de una marca de cada cosa -marcas gato pero buenas-... jartísimos. Y de verdura, pailas -ítem obligado de la iconografía nacionalista, es que cómo da de cosas Colombia, por Dios-. Entonces puede pasar que, como sucede aquí a lo largo y ancho de la ciudad, tiene uno un mercado turco en las inmediaciones que le recuerda a uno irremediablemente la tienda lichiguera de la esquina. No deja de tener su encanto poder comprar la cebolla y el tomate y el pan y la leche en la esquina, como en otros tiempos en otra parte, y dizque con todo y lo despersonalizado que está esto aquí.
Las hay las chiquitas con el justo público, las hay otras que crecen y poco a poco mutan a supermercado. Supongo que porque todos son negocios chicos (no hay grandes cadenas), no hay centrales de almacenamiento y todos tienen que procurarse un espacio para almacenar. En otras palabras, todos los benditos supermercados turcos mutantes son estrechísimos. Es como meterse a una casa de la diversión en donde no hay por donde pasar y en todo momento lo están espichando a uno. Y es en esos lugares en donde la única persona que pide que por favor 300 gramos de queso en alemán adivinen quién es... ya he tenido ocasiones de haber representado a Alemania en encuentros internacionales (un mexicano y un indio de India completaban la delegación), pero jamás pensé que pudiera llegar a sentirme tan alemana en esta geografía. Y la única que empaca la compra en el morral y no en mares de bolsas de plástico.... Muchas mujeres, no todas y muchas de ellas ya de edad, tienen puesta su panioletica y sus abrigotes... bueno, feel free, pero no deja de ser un poco extranio...
De Turquía (de lo que he encontrado de Turquía por acá, que no es poco pero tampoco es todo) podría escribir una buena cantidad de posts. Los chicos son muuucho más sensuales, más bacanes. Desafortunadamente más machistas. Admito que a veces hasta me alegra oirles los piropos, me permito tales nostalgias culas. Siguen siendo bastante tradicionalistas. Sigue habiendo problemas de integración. Todavía me arrepiento de haber dejado ir tan pendejamente a Irfat, un estambulenio que hubiera sido una fantasía hecha realidad, pero ese invierno como que me había echado huevo en los ojos, mucha mensa... Algunas variedades de pan turco se parecen bastante al pan blandito. La salsa de yogurt con ajos, pepino y hierbabuena es un invento muy rico. El clásico perro de media noche es reemplazado con creces por el dönner a la misma hora -el dönner solito merece otro post aparte-. Hay alguillo de resentimiento, no es cosa de echarle la culpa a nadie porque todos la han embarrado, pero tampoco da para los titulares de Francia ni de lejos. Eso creo...
Comencé en supermercados y acabé en turcos. El sábado pasado casi me chiflo tratando de buscar el polvo para hacer falafel. Ese día maldije las tiendas, pero también caí en cuenta de que, si no estuviera aqui, no andaría con antojos de hacer falafel para la comida ...
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martes, 24 de enero de 2006
Kafka, si se quiere, en bicicleta
Andar en bicicleta en Alemania es de lo más ameno. Hay ciclorrutas (para esta montaniera que dejó Col. en 1999 fueron toda una novedad. El caminito rojo en la acera me emocionaba y me parecía como el camino amarillo del Mago de Oz, nada más para que los ciclistas me echaran la madre justo cuando iba más contenta) y en Hamburgo en bicicleta no se extranian las montanias. Aunque la probabilidad de que lo bajen a uno de la bicicleta a las malas para que se la lleven es más bien remota, sí es frecuente en todo el país el robo de bicicletas estacionadas. Por eso anduve refeliz con una bicicleta rescatada de la basura (no es metáfora: la iban a echar a la basura y alguien dijo: de pronto a esta pobre estudiante le sirve). Como sería de fea que sobrevivió dos anios parqueada al frente de la residencia estudiantil. Cuando le ponía la cadena para amarrarla, no podía evitar pensar en el chiste malo del senior que le ponía los n mil candados a su Simca para que los gamines no se metieran a cagar. Siempre pensé que el que se la llegara a robar estaría al borde del suicidio. Y no se la robaron, pero sí la derribaron de su lugar de parqueo y se le estropeó el rin de la rueda trasera, y como esa parte es tan cara, decidí comprar (esta vez sí comprar) otra bici. La transacción era más barata que mandar a reparar la vieja, si me iba a las subastas de bicicletas del Fundbüro (oficina de objetos perdidos / encontrados: eso existe!). Las subastas eran del demonio. Subían las bicicletas a la tarima, las mostraban, comenzaba la puja, hasta 30 euros aumentaba de 2 en 2, a partir de ahí de 10 en 10. Había letreros por todas partes y no se cansaban de repetirlo: puja que usted gane, puja que tiene que comprar. POR NINGUN MOTIVO LE DEVOLVEMOS LA PLATA. Había unas 120 bicicletas para la venta, por allá por la 65 comencé a aburrirme de seguir ahí parada sin ganarme nada y con un poco de aspavientos pude hacerme por fin a la 79. Después de haber pagado los 24 euros y de recibirla, la monté nada más para darme cuenta de que... tenía el radio trasero hecho un ocho GRRRRR!!!
Pues hube de irme caminando arrastrando la mierda esta hasta el taller de la Stresemannstrasse, que me parece confiable porque es desordenado y familiar y porque hay un letrero que dice "en caso de estar cerrado, por favor búsqueme en el bar de al lado". Un sitio así tiene que ofrecer precios razonables. Fui atendida inmediatamente y el chico con sólo ver el tiesto dijo: el arreglo cuesta más que la bicicleta misma. Rin usado e instalado por 45 euros. Me mordí el labio inferior, pero "metida la mano, metido el codo". Fui a recogerla el siguiente lunes. Me dijeron que no estaba lista, que ya le habían probado varios rines que tenían y que ninguno le había quedado bien. Harían un último intento maniana. Cuando regresé al día siguiente, el propietario y jefe del local (al que hay que ir a buscar al bar de al lado) me recibió refunfuniando.
-"Tocó ponerle un rin nuevo que cuesta 90. Pero ya habíamos quedado en 45. Llévesela. Bonito negocio hizo".
Yo me fui al tiro, sin darme cuenta de que los pedales me quedaban un poco largos.
Pero entonces se hizo invierno y toca andar con luces. Se entiende. Es útil cuando uno ve que viene una bicicleta en la oscuridad, ya sea uno peatón, ciclista o conductor. Y las 4:30 pm ya es de noche. Teniendo en cuenta las condiciones de mi bicicleta, no quería para nada invertir más de lo necesario en las luces. Compré unas mierdas chinas en el eBay. La de adelante se me ha caído tropecientas veces y ya la he tenido que remendar dos veces a la Mc Giver -aprendí que las pilas en el circuito están en serie-. Por amenizar fui a una tienda de bicicletas cerca a la Universidad a preguntar "si había quizás algún repuesto" para esa linterna.
-No tiene marca. Para eso no hay repuestos. Pero puedo mostrarle algunas lámparas nuevas. Aquí las tiene, una delantera y otro kit de delantera y trasera, con baterías recargables y recargador. Eso sí, tengo que advertirle. Si usted no tiene una bicicleta deportiva, la ley no permite que usted le ponga una linterna de baterías. Debe tener una luz de dínamo. Tengo que advertírselo, porque en caso de que la policía la detuviera usted estaría infringiendo la ley, y si le preguntaran quién le vendió la lámpara, estaría comprometiéndome a mí también. Por eso tengo que advertírselo.
No podía salir de mi asombro, pero mi piloto automático pudo fijarse en los empaques de las lámparas que el vendedor me estaba mostrando. En el empaque de la lámpara delantera estaba impresa una frase que decía "gesetzlich dürfen diese Lampen nur Fahrräder unten 11 kg haben". No sé si no logré ser lo suficientemente clara cuando le pregunté por qué o que el tipo simplemente se hizo el idiota y no me contestó porque no sabe por qué tiene que decir toda esa cantidad de cosas tan miedosas.
El senior de todos modos se portó amable y hasta me dió una tarjeta, invitándome a que llevara mi bicicleta para que él evaluara si valía la pena repararle el dínamo que tiene daniado. De 30 euros no pasaría. Después de esa entrevista hice mi último intento Mc Giver de reparación (aún por ajustarse) y me fui de todos modos sin luz delantera desde la estación a la casa.
Pues hube de irme caminando arrastrando la mierda esta hasta el taller de la Stresemannstrasse, que me parece confiable porque es desordenado y familiar y porque hay un letrero que dice "en caso de estar cerrado, por favor búsqueme en el bar de al lado". Un sitio así tiene que ofrecer precios razonables. Fui atendida inmediatamente y el chico con sólo ver el tiesto dijo: el arreglo cuesta más que la bicicleta misma. Rin usado e instalado por 45 euros. Me mordí el labio inferior, pero "metida la mano, metido el codo". Fui a recogerla el siguiente lunes. Me dijeron que no estaba lista, que ya le habían probado varios rines que tenían y que ninguno le había quedado bien. Harían un último intento maniana. Cuando regresé al día siguiente, el propietario y jefe del local (al que hay que ir a buscar al bar de al lado) me recibió refunfuniando.
-"Tocó ponerle un rin nuevo que cuesta 90. Pero ya habíamos quedado en 45. Llévesela. Bonito negocio hizo".
Yo me fui al tiro, sin darme cuenta de que los pedales me quedaban un poco largos.
Pero entonces se hizo invierno y toca andar con luces. Se entiende. Es útil cuando uno ve que viene una bicicleta en la oscuridad, ya sea uno peatón, ciclista o conductor. Y las 4:30 pm ya es de noche. Teniendo en cuenta las condiciones de mi bicicleta, no quería para nada invertir más de lo necesario en las luces. Compré unas mierdas chinas en el eBay. La de adelante se me ha caído tropecientas veces y ya la he tenido que remendar dos veces a la Mc Giver -aprendí que las pilas en el circuito están en serie-. Por amenizar fui a una tienda de bicicletas cerca a la Universidad a preguntar "si había quizás algún repuesto" para esa linterna.
-No tiene marca. Para eso no hay repuestos. Pero puedo mostrarle algunas lámparas nuevas. Aquí las tiene, una delantera y otro kit de delantera y trasera, con baterías recargables y recargador. Eso sí, tengo que advertirle. Si usted no tiene una bicicleta deportiva, la ley no permite que usted le ponga una linterna de baterías. Debe tener una luz de dínamo. Tengo que advertírselo, porque en caso de que la policía la detuviera usted estaría infringiendo la ley, y si le preguntaran quién le vendió la lámpara, estaría comprometiéndome a mí también. Por eso tengo que advertírselo.
No podía salir de mi asombro, pero mi piloto automático pudo fijarse en los empaques de las lámparas que el vendedor me estaba mostrando. En el empaque de la lámpara delantera estaba impresa una frase que decía "gesetzlich dürfen diese Lampen nur Fahrräder unten 11 kg haben". No sé si no logré ser lo suficientemente clara cuando le pregunté por qué o que el tipo simplemente se hizo el idiota y no me contestó porque no sabe por qué tiene que decir toda esa cantidad de cosas tan miedosas.
El senior de todos modos se portó amable y hasta me dió una tarjeta, invitándome a que llevara mi bicicleta para que él evaluara si valía la pena repararle el dínamo que tiene daniado. De 30 euros no pasaría. Después de esa entrevista hice mi último intento Mc Giver de reparación (aún por ajustarse) y me fui de todos modos sin luz delantera desde la estación a la casa.
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jueves, 20 de octubre de 2005
Advertencia cinesca degenerada a declaración de amor
(ya sé que cinesco no existe, pero me tomo la libertad de inventármelo porque me parece menos ladrilludo que cinematográfico)
Leí creo que en Semala la crítica de la película alemana "Contra la pared". Creo que el crítico encontró lo mismo que yo en cuanto a la intensidad de la película; para mí fue una sobredosis de pathos como hacía tiempo no la veía. Pero además de eso (que entre gustos no hay disgustos y cada cual la juzgue como le parezca), también vale la pena hacer otro par de anotacioncillas a la película en cuestión.
Contra la pared NO es una película alemana. Fue filmada en Alemania con dinero alemán, por gente nacida en Alemania, pero en realidad se trata de una película turca. De los turcos (los actuales de Turquía, valga la aclaración) en Alemania ya se ha dicho bastante, como corresponde a ya 3 generaciones de transplantados, por lo que no vamos a redundar en ello...
Como sabrán los tres gatos que leen este blog, esta bloggera ve el discurrir de sus días entre calles y trenes hamburgueses y procura recoger como puede esas sutiles impresioncillas en las tres líneas que deja en este blog, jodiendo aquí y allá que Hamburgo lo uno y lo otro. Pues bueno, ahí está también ella, tan hermosa y tan distante, de protagonista de la película. Si a las ciudades pudiera identificárselas con divas del cine, es innegable que Hamburgo sería Catherine Denueve, bella y gélida. Ojo al barrio en donde vive el turco. Es la zona cool. A veces atosiga un poco tanto glam, pero es muchísimo más llevadero que una Zona T o Rosa bogotana, uff, es que ni se compara, aquí la gente no es tan del demonio.
Es posible que tenga que abandonarla pronto, pero la idea no me da ni cinco de guayabo (la palabra más cercana que he encontrado en colombiano para el Sehnsucht), aún a sabiendas de la árida vida provinciana del resto de comarcas por estos reinos. Y no lo siento en el alma porque todavía no le perdono a esta hijuemadre que, después de 6 anios, todavía no me haya dado su santo y senia.
Pero tampoco soy desagradecida. Esta ciudad me ha dado la mejor vida que persona alguna pueda imaginarse, en ella y con ella he pasado estos anios felices.
Leí creo que en Semala la crítica de la película alemana "Contra la pared". Creo que el crítico encontró lo mismo que yo en cuanto a la intensidad de la película; para mí fue una sobredosis de pathos como hacía tiempo no la veía. Pero además de eso (que entre gustos no hay disgustos y cada cual la juzgue como le parezca), también vale la pena hacer otro par de anotacioncillas a la película en cuestión.
Contra la pared NO es una película alemana. Fue filmada en Alemania con dinero alemán, por gente nacida en Alemania, pero en realidad se trata de una película turca. De los turcos (los actuales de Turquía, valga la aclaración) en Alemania ya se ha dicho bastante, como corresponde a ya 3 generaciones de transplantados, por lo que no vamos a redundar en ello...
Como sabrán los tres gatos que leen este blog, esta bloggera ve el discurrir de sus días entre calles y trenes hamburgueses y procura recoger como puede esas sutiles impresioncillas en las tres líneas que deja en este blog, jodiendo aquí y allá que Hamburgo lo uno y lo otro. Pues bueno, ahí está también ella, tan hermosa y tan distante, de protagonista de la película. Si a las ciudades pudiera identificárselas con divas del cine, es innegable que Hamburgo sería Catherine Denueve, bella y gélida. Ojo al barrio en donde vive el turco. Es la zona cool. A veces atosiga un poco tanto glam, pero es muchísimo más llevadero que una Zona T o Rosa bogotana, uff, es que ni se compara, aquí la gente no es tan del demonio.
Es posible que tenga que abandonarla pronto, pero la idea no me da ni cinco de guayabo (la palabra más cercana que he encontrado en colombiano para el Sehnsucht), aún a sabiendas de la árida vida provinciana del resto de comarcas por estos reinos. Y no lo siento en el alma porque todavía no le perdono a esta hijuemadre que, después de 6 anios, todavía no me haya dado su santo y senia.
Pero tampoco soy desagradecida. Esta ciudad me ha dado la mejor vida que persona alguna pueda imaginarse, en ella y con ella he pasado estos anios felices.
domingo, 11 de septiembre de 2005
Hamburgs urbane Szenen
Alemania no es pródiga en cuanto a vida urbana. Hay muchas ciudades medianas, casi todas provinciales. Apenas hay una Metrópolis en la tierra donde se hiciera la peli del mismo nombre y otro par de ciudades con algo de escena. Una de ellas, Hamburgo. Hamburgo es la segunda ciudad más grande de Alemania, con 1,5 millones de almas habitándola. Y es ciudad estado, una de las tres que hay en la Bundesrepublik, siempre en la lista de los 5 estados más ricos. Muy fleissig con el segundo puerto más grande en el norte de Europa -después de Rotterdam, a quien le interese- y la fábrica de aviones de Airbus. Es gibt Kohle in der Stadt -hay plata en la ciudad- y se puede ver. Lo que quiero decir es que la vida urbana de Hamburgo es de la más urbana que puede haber en este país. Hay buen contenido en la cartelera de cines, de teatros, de fiestas, de conciertos, pero nada como para decir "uff, qué chimba", efecto que sí puede sentirse en Paris o en Copenhagen, por ejemplo. Y hay una Subkultur latente en algunas zonas de la ciudad, en donde ser alternativo-crazy es altamente valorado, lo que genera una burbuja ascendente de gualter-naividad bien estudiada... puede llegar a ser un poco insoportable, pero como en muchas situaciones de la vida real, es la menos pior de las opciones y acabo siempre sentada por esos lares en las raras ocasiones en que salgo. Igual allí también puedo desempeñar un papel decoroso con mis ojos negros/piel canela (hier bin ich ein Exot!).
En mis seis años de residencia en esta ciudad, tuve oportunidad de vivir dos años en el área de influencia de la Subkulturzone. Encontré un link en el que pueden verse fotos de la calle en la que viviera, las fotos
que hice sólo con la mente y que vine a encontrar de nuevo en Internet.
(Recommended:
"Se prohíbe que los niños jueguen en el portón y en el patio. El propietario". No es que me guste burlarme de estos Deutsche, sino que ellos dan la papaya, carajo. Ahí están pintados).
El edificio donde está el cartel con unos colmillos es el teatro Neue Flora, en donde se exhibía por aquellos días el musical "Tanz der Vampire", La danza de los vampiros.
Para que vean que también hay escena mañé por estas tierras, siendo este uno de los menos perversos ejemplos. Esa era la esquina de mi casa, yo vivía a unos 200 m caminando hacia la derecha desde el teatro.
Menos mal el apartamento daba al patio trasero, por lo que no me enteraba del tráfico tan espantoso. La Stresemannstrasse en Hamburgo es de veras una calle bien tediosa para manejar, pues al ser de las pocas avenidas que atraviesan toda la ciudad y desembocar justamente en el Elbtunnel, el túnel que pasa por debajo del río y que es la salida de los bienes que llegan al puerto al resto de Alemania y de Europa, está llena de tráfico pesado, y además tiene límite de velocidad de 30 km/h porque en sus orillas hay muchos edificios residenciales y ha habido varios accidentes mortales con niños atropellados... Hamburgo es bastante enrevesada, ha resurgido de sus cenizas no una sino más veces, por lo que su actual estructura no fue continua en su relación con la gente.
Y allí, en medio del trancón, vivía yo. No me disgustaba, como ya mencioné, no me enteraba del ruido afuera, y el encontrar el trancón en el día y a los transeúntes fiesteros de noche me recordaba mis tiempos bogotanos, en donde vivía en Chapinero bajo entre la 13 y la Caracas cerca de la Católica. Todo un follón, tío!
En mis seis años de residencia en esta ciudad, tuve oportunidad de vivir dos años en el área de influencia de la Subkulturzone. Encontré un link en el que pueden verse fotos de la calle en la que viviera, las fotos
que hice sólo con la mente y que vine a encontrar de nuevo en Internet.
(Recommended:
"Se prohíbe que los niños jueguen en el portón y en el patio. El propietario". No es que me guste burlarme de estos Deutsche, sino que ellos dan la papaya, carajo. Ahí están pintados).El edificio donde está el cartel con unos colmillos es el teatro Neue Flora, en donde se exhibía por aquellos días el musical "Tanz der Vampire", La danza de los vampiros.
Y allí, en medio del trancón, vivía yo. No me disgustaba, como ya mencioné, no me enteraba del ruido afuera, y el encontrar el trancón en el día y a los transeúntes fiesteros de noche me recordaba mis tiempos bogotanos, en donde vivía en Chapinero bajo entre la 13 y la Caracas cerca de la Católica. Todo un follón, tío!
martes, 6 de septiembre de 2005
De paseo en el parque
Como el señor Verano decidió finalmente hacerse presente ya hacia el final de su tiempo disponible, están las tardes lindas y por supuesto los parques llenos de gente haciendo asado, picnic y cuanta cosa pueda ser hecha bajo el sol; están los que juegan freesby, los que duermen, los que leen y claro, los que juegan fútbol en plan informal.
Los equipos se arman espontáneamente, el que tiene ganas de jugar no tiene más que arrimarse a la improvisada cancha (los arcos son las maletas y chucherías de los jugadores) y preguntar con quién. Hay de todo: niños, ancianos, africanos, latinos, alemanes... Quien se detenga a observar los juegos, pues son varios paralelos en la enorme manga del Stadtpark, verá que los extranjeros tienen un dominio notable del balón y ejecutan todo tipo de florituras posible con él -para que les salga mejor lo desinflan un poquito-, no regresan a sus posiciones después de un gol, no juegan mucho en equipo sino procuran exhibir su talento en solitario. Cuando los jugadores son latinos, sumésele a lo anterior la gritería constante por parte de todos de instrucciones sobre lo que hay que hacer.
Si el equipo es de alemanes, puede verse un balón correctamente inflado, a veces también chalecos para mejor identificación, más bien pocas acrobacias con el balón pero eso sí, equipos disciplinados corriendo parejo y relativamente silenciosos...
Me atrevería a decir que los grupos se mezclan pero sólo cuando no hay quórum y pues no hay con quién más. Por lo menos sólo bajo esas circunstancias es que he visto equipos variopintos.
Qué puedo decir? Los clichés me parecen cercanos al prejuicio y a las cucarachas en la cabeza, pero se les puede sacar a pastar en estos paseos vespertinos al parque.
Los equipos se arman espontáneamente, el que tiene ganas de jugar no tiene más que arrimarse a la improvisada cancha (los arcos son las maletas y chucherías de los jugadores) y preguntar con quién. Hay de todo: niños, ancianos, africanos, latinos, alemanes... Quien se detenga a observar los juegos, pues son varios paralelos en la enorme manga del Stadtpark, verá que los extranjeros tienen un dominio notable del balón y ejecutan todo tipo de florituras posible con él -para que les salga mejor lo desinflan un poquito-, no regresan a sus posiciones después de un gol, no juegan mucho en equipo sino procuran exhibir su talento en solitario. Cuando los jugadores son latinos, sumésele a lo anterior la gritería constante por parte de todos de instrucciones sobre lo que hay que hacer.
Si el equipo es de alemanes, puede verse un balón correctamente inflado, a veces también chalecos para mejor identificación, más bien pocas acrobacias con el balón pero eso sí, equipos disciplinados corriendo parejo y relativamente silenciosos...
Me atrevería a decir que los grupos se mezclan pero sólo cuando no hay quórum y pues no hay con quién más. Por lo menos sólo bajo esas circunstancias es que he visto equipos variopintos.
Qué puedo decir? Los clichés me parecen cercanos al prejuicio y a las cucarachas en la cabeza, pero se les puede sacar a pastar en estos paseos vespertinos al parque.
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domingo, 24 de julio de 2005
Otros aires
Estuve durante una semana en Barcelona. Me impresionó mi impresión de la ciudad, pues me reveló qué tan plácida es Alemania y qué tan acomodada estoy yo a esa placidez que tuve que irme a otra parte para poder advertirla.
Barcelona podría ubicarse en algún punto intermedio entre las vidas en Bogotá y Hamburgo; eso sí, también con sus propias individualidades. Apreciando la obra de Gaudí, se me ocurrió que el Hundertwasser es apenas un pobre imitador kitsch. En esta ocasión fui a muchos museos, entre ellos el Nacional de Arte de Cataluña. Allí se encuentra una colección de frescos de iglesias románicas, todas chiquitas, erigidas entre el 800 y el 1200 d.C. y casi todas enclavadas en los Pirineos; los frescos fueron removidos de sus lugares de origen a principios del s.XX y dispuestos para la exposición en su forma original bajo condiciones controladas. Uno de ellos, el más elaborado y reciente (data de 1200), fue capaz de sobrevivir el abandono y las inclemencias de siglos, pero sucumbió en un incendio del museo durante la guerra civil española.
Barcelona es... tan distinta de Hamburgo! Es más desordenada, pero sin llegar a los límites insoportables de París. La ciudad es aún gozosamente vivible. Hamburgo también tiene su marcha (es la segunda ciudad más grande de Alemania), no crean, además una en la que me siento como pez en el agua porque se puede hacer lo que a uno se le dé la gana sin tener que andar pensando en el qué dirán o en será que me atracan y/o me violan. Además es muchísimo más verde que cualquier otra ciudad imaginable. En todo sentido, ahora que lo escribo: de noche, en la pista más bestia de Hamburgo, si se afina un poco la nariz, todas las calles huelen a bareta.
Barcelona podría ubicarse en algún punto intermedio entre las vidas en Bogotá y Hamburgo; eso sí, también con sus propias individualidades. Apreciando la obra de Gaudí, se me ocurrió que el Hundertwasser es apenas un pobre imitador kitsch. En esta ocasión fui a muchos museos, entre ellos el Nacional de Arte de Cataluña. Allí se encuentra una colección de frescos de iglesias románicas, todas chiquitas, erigidas entre el 800 y el 1200 d.C. y casi todas enclavadas en los Pirineos; los frescos fueron removidos de sus lugares de origen a principios del s.XX y dispuestos para la exposición en su forma original bajo condiciones controladas. Uno de ellos, el más elaborado y reciente (data de 1200), fue capaz de sobrevivir el abandono y las inclemencias de siglos, pero sucumbió en un incendio del museo durante la guerra civil española.
Barcelona es... tan distinta de Hamburgo! Es más desordenada, pero sin llegar a los límites insoportables de París. La ciudad es aún gozosamente vivible. Hamburgo también tiene su marcha (es la segunda ciudad más grande de Alemania), no crean, además una en la que me siento como pez en el agua porque se puede hacer lo que a uno se le dé la gana sin tener que andar pensando en el qué dirán o en será que me atracan y/o me violan. Además es muchísimo más verde que cualquier otra ciudad imaginable. En todo sentido, ahora que lo escribo: de noche, en la pista más bestia de Hamburgo, si se afina un poco la nariz, todas las calles huelen a bareta.
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