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sábado, 14 de noviembre de 2015

Estambul - finally


Es imperdonable que aún no haya dejado testimonio de mi estadía de 10 días en Estambul. La oportunidad se dio en diciembre de 2013, en el que aún tenía más de dos semanas de vacaciones en ese año y estaba absolutamente desparchada para navidad.  La lección que me dejaran una navidad sola en Hamburgo en 2001 y una excursión a Viena para esa fecha en 2003 me previno de intentar pasar esos días en tierras cristianas.  Qué mejor que ir a templar a un país en donde no haya nada de esos embelecos y mejor aún, tener por fin mi añorado tete-a-tete con mi admirada Estambul, otrora Constantinopla, posterior Bizancio, capital imperial a lo largo de milenios.  Saqué valor de no sé dónde y toda espontánea contacté al estambulita de ensueño en Facebook proponiéndole un casual encuentro a tomar café ahora que iba a su ciudad natal.  Que lástima que no podía, vive en algún lugar en Alemania que me doy cuenta ahora de que no registré.  Tengo tan descuidado este blog que había olvidado el registro de ese Sehnsucht que yo ya tenía con esta ciudad.  Pero el encuentro fue tan excitante que puedo dar muy buena cuenta de él incluso casi dos años después.

Obviamente que una ciudad con esa ubicación geográfica no tenía cómo decpcionar las expectativas.  Hace poco topé este artículo del New Yorker: en las obras del Mármararay cuando acababan de extraer los hallazgos del s. VII se encontraron con unos... del 11.000 a.C. Ese sitio es tan estratégico que está condenado a estar lleno de vida desde casi siempre.  Y además hermoso.  La vista desde el Sultanahmet de los dos mares es preciosa. No tuve de otra que enamorarme. Tenía toda la escenografía mental de la ciudad gracias a Pahmuk y de los palacios vía un libro que dejara mi hermano olvidado por aquí de la historia del harén turco, que es la misma del imperio otomano. La belleza de los lugares históricos (es especial de las mezquitas, Santa Sofía por Dios) quita el aliento. Pero el impacto de Estambul fue más que eso.  Su espíritu resultó ser muy fácil de interpretar porque era muy de la onda de la Bogotá que viví.  Era asombroso estar parada en cualquier esquina y sentirme como si estuviera en Bosa, el Restrepo, San Victorino, la Soledad, el 7 de agosto, la 9° en el centro.  Intenté irme caminando de Taksim, la plaza de las manifestaciones, al centro por un camino alternativo a Pera / Galata, nada más para constatar que hay un agujero negro comparable a la Perseverancia en ese trayecto.  En el centro también se veían silleteros, un oficio antiguo en vía de extinción, y su versión más moderna, los carretilleros; emboladores, vendedores ambulantes, pescadores sobre el puente del Gálata, artistas callejeros... En Kadikoy me sorprendieron la vivacidad del mercado, la sencillez y la delicia de un yogurt con miel y el doppelgänger del Centro Cultural del Libro del centro de Bogotá.

También me hizo sus desplantes la condenada.  Foco turístico desde hace décadas -no sabía que algunas reliquias musulmanas aún se encuentran en el palacio de Topkapi, por lo que la ciudad es desde hace marras lugar de peregrinación del mundo musulmán-, casi maldita sea nadie habla inglés. Mucha trampa para turista, no pude evitar caer en una. El primer y único taxi que tomé en ese viaje, desde Taksim hasta mi hotel en el Sultanahmet a mi llegada, no sólo me esquilmó sino que el hijueputa taxista fue muy grosero.  Fui timada en un tour que traté de hacer a Bursa, la que fuera la capital otomana mucho antes de la conquista de Constantinopla, fui víctima del grupo juvenil del medio oriente que decidió mejor irse a esquiar que ir a ver edificios viejos, pero me las ingenié para regresar por mi propia cuenta a Estambul. Todos los hombres nativos que se cruzaron en mi camino -excluyendo el dueño y el portero del hotel- intentaron su lance galante conmigo por el mero hecho de estar paseando sola, menos mal no llegaron a ser atrevidos, pero no dejó de ser, a lo largo de los días, jarto.

Pero con todo la amé.  No dejó de hacerme chistes y guiños, de mostrarme escenas curiosas, paisajes y casas bellos. Tiene muchas librerías y tiendas de artículos de escritura y dibujo, como Praga y Viena. Los títulos en las librerías tenían, además de autores turcos, muchos autores occidentales.  Tomé todo el jugo de granada que pude.  Por supuesto que como todo peñasco que da al Mediterráneo es pura loma, mis rodillas lo resintieron bastante.  Traté de montar en transporte público, ferries incluídos, lo más que pude.  Hubo además dos ferries en el Mármara y el metro por debajo. No dejó de ser extraño tener que cubrirme la cabeza y quitarme los zapatos en las mezquitas, no dejó de indignarme tener que ponerme en la última fila en las mezquitas "normales" (con no tanta presencia de turistas occidentales).  Los cementerios otomanos, que se encuentran por todas partes, me impresionaron: los muertos están enterrados verticalmente y sobre la lápida va la forma del sombrero que el muerto usaba en su oficio.


Algo que se robó mi corazón fue la deferencia que le tienen a los animales callejeros.  Siempre hay comida para gatos por ahí disponible, alguna vez que vi unos perros solos por ahí a sus anchas pensé en "pobrecitos perritos" antes de ver las casas perrunas que tenían en una esquina de un parque. La ciudad me regaló la escena de un hombre en el barrio de las tiendas para rusas (una moda tan gatuna en las vitrinas que los letreros en cirílico eran redundantes) piropear una mujer, patear un gato y acariciar un perro en menos de 20 metros.  Lastimosamente la hospitalidad animal también se extiende a las palomas. 

Fue mi primer paseo con smartphone, como se ve por la relativa abundancia de fotos linkeadas, y con twitter disponible.  Buena cuenta de algunos sabrosos entremeses del viaje quedó registrada ahí.

En 2012 leí la edición hispana de "El museo de la inocencia" de Pahmuk. Estaba a punto de mandarla al diablo porque la chilladera del protagonista con su Füsuncita -la heroína, Füsun- me tenía mareada, pero por casualidad leí en el periódico de la inauguración del museo del mismo nombre en Estambul, complemento de la novela, a cargo de su autor.  El libro tiene en uno de los capítulos finales un bono para ingresar al museo sin pagar mostrando el libro, hay un espacio para el sello del museo. Cómo no que hice buen uso de mi ejemplar. 

Ahora que estuve en Creta, otro paraje mediterráneo con rastros otomanos también (los otomanos le birlaron la isla a los venecianos en ~1660 y la perdieron a fines del s. XIX), no dejé de recordar y suspirar a Estambul y de tomar ánimos para por fin escribir el reporte que estaba debiéndole a este blog.

sábado, 15 de febrero de 2014

Camboya

Impresiones de un viaje, un año y varios meses después:

Camboya es un país muy bonito, saliendo adelante, rebuscándosela, digno en medio de su pobreza: muy pocos mendigos y casi ningún indigente.
Asombroso lo democrático que ha sido la expansión de los teléfonos celulares, allí también vi MUCHAS personas con un cacharro de esos.
Y con los nuevos celulares, el internet:  wifi free en todas las acommodations, en la casa campesina en la aldea o en la villa de pescadores quizás ya no, pero de resto por doquier.
La comida es deliciosa, no lo esperaba.  Pensé que jamás probaría de nuevo el sabor de un plato cocinado con leña, pero Camboya me brindó esa sensación de nuevo en mi vida.  Tampoco esperaba que se comiera tanto chanchito, dizque son budistas.
Los templos de Angkor son preciosos.  Me encantaba ver la sucesión de puertas en perspectiva en algunos pasajes de los templos y percibir a la naturaleza viva, inclemente, reclamando lo que fuera suyo.  Qué quedó de aquellos señores poderosos.  "But now all is gone" fue una de las frases que el guía camboyano más repitió a lo largo del viaje.  Era un chico bastante avispado, inteligente y simpático -don't mean handsome-.  No tuvimos para nada incovenientes con él  Muy abierto, nos contó sus experiencias durante la guerra civil de los 80s-90s (tiene 32 años y no tiene una falange de un dedo por culpa de la guerra.  No fue una mina -a Dios gracias- sino que la guerrilla de Pol Pot incomunicaba a los pueblos destruyendo infraestructura y atacando a los pocos que se aventuraban.  Por eso no pudo llegar oportunamente a un hospital que obvio no había en su pueblo).
Como fue paseo organizado por una agencia para un grupo, pues este asunto de estar 2 semanas "confinados" en una serie de actividades (algunas de ellas tipo reality show en la selva, como una pernoctada en un solo cuarto en una casa campesina y en una casa de pescadores sobre palafitos con un hijueputa gallo cantando desde las 4 am y compartiendo una letrina y una ducha de echarse agua con un cuenco de plástico) con otros 7 desconocidos y una amiga con la que nunca había salido de viaje fue también bastante intenso.  Hubo buena suerte y fuimos un grupo homogéneo, die Leute haben brav mitgemacht (todos puntualitos y cooperando), nos llevamos bien entre todos.  Hasta diría que me enriquecieron el paseo.
También había una guía alemana, una chica que vive en la región y trabaja siendo guía de tales viajes.  Se portó bien conmigo, me apoyó en un momento en que fui "atacada" (por decirlo así) por parte del austríaco del paseo - releo la frase y aunque así fue, siento que tengo que aclarar que no fue ataque físico-; teníamos en común con ella el estar entre dos mundos, tenía puntos de vista interesantes y afines, pero también se gastaba su geniecito, especialmente por las mañanas, y tenía casi a diario unas reacciones que eran feas de ver (insultar a los meseros, hacer comentarios desobligantes o reclamos que podrían ser hasta justos pero regañando groseramente, etc.).  Uno tiene derecho a levantarse con el pie izquierdo de vez en cuando, pero no tan seguido.
No solo vi arrozales verdes sin fin -el arroz aún no está maduro-, sino también por fin otra vez la Vía Làctea.
El colonialismo fue una mierda pero gracias a él es que se puede desayunar café, baguette y croissants en Camboya.
Disfruté de la naturaleza del trópico, vi luciérnagas, manglares, insectos, selva.
Mi par de sandalias hand made que me trajera mi mamá hace años no sobrevivieron ese paseo.
Los mamoncillos camboyanos (longans) son ambrosía.  Comí todos los que pude.
Vi muchos papayos por todas partes pero en muy pocas me dieron papaya (literalmente, jojojo).
Hice berrinche por la piña en la comida de sal.
Hice todo tipo de chistes mentales pendejos con el nombre del plato nacional (amok).
Comí cocodrilo en grill camboyano.
Muy pobre Camboya, incluso para estándares colombianos.  Ni mierda de industria nacional (aparte de la de cerveza, que patrocinamos generosamente) ni de clase media. Corrupta a podrir.  El gobierno dió en concesión privada la zona turística de Angkor.  3 millones de visitantes a U$40 la entrada da U$120 millones que van derecho a las arcas del consorcio privado que lo administra.  Curioso es que todos los templos son mantenidos con ayuda de gobiernos extranjeros, ninguno por la administración.  Los dueños del consorcio son chinos íntimos amigos del presidente.  Este mismo consorcio hizo un casino como de mafiosos en la mitad de un parque nacional, bellísimo.  Aterra pensar que toda una generación de gente pila (los estudiados, los intelectuales, los líderes) que debiera estar ahora gobernando fue borrada por el Khmer rojo y eso se nota.  Pnom-Pehn tiene su lado bestia. La gente es simpática, los alemanes quedaron matados. Yo también pero no tanto. Me impresionó su tara de querer tener la piel blanca, semejantes morochos bajo semejante sol.
Climita de mierda, qué fea esa sensación de estar todo el tiempo hasta con los calzones húmedos de sudor y que la ropa lavada no se seque jamás.
Con K., mi compañera de viaje, seguimos siendo parceras, este viaje fue prueba superada.  Cosa que no era obvia: su rayón es precisamente que le dan una jartera enorme los grupos de desconocidos y justo y va y nos mete ahí, ella fue quien sugirió ese paseo en esa agencia! Al final se integró hasta más que yo, pero los primeros 4 días no pudo dormir por mucho que traté de convencerla de que se relajara y disfrutara.

sábado, 17 de agosto de 2013

Una de aquellas viejas anécdotas

Corría 2003.  Yo me había trasteado a un barrio hype de Hamburgo y estaba gastando la mitad de mi beca en arriendo, pero a pesar de lo caro y lo feo que era el apartamento, estaba tan bien situado que las zonas de bares y parranda de la ciudad eran más o menos como la sala de mi casa.  La zona de bares más próxima a aquel apartamento era el Schanzenviertel.  Cuando llegué a la ciudad el barrio comenzaba a gentrificarse, pero aún quedaban rezagos como los junkies en los portales dándose el primer shot del milenio en la noche vieja de 1999. Aunque parezca increíble, la gentrificación sigue: pensé que ya no cabían más tiendas chic de diseñador independiente, pero la última vez que estuve, en mayo de este año, vi que siguen multiplicándose.  El Rote Flora aún se erige como único bastión de lo que fuera el barrio alguna vez.

Serían las 4 am de algún sábado de primavera tardía y yo ya iba camino a casa. La última parada por entre las tiendas la hice en un local minúsculo en el que sólo había una barra con puestos al frente y ya.  Los cigarrillos que llevaba no prendían por alguna misteriosa razón a pesar de no estar mojados.  El tipo que estaba al lado se dio cuenta y me hizo algún comentario.  Así fue que comenzamos la charla a aquella hora tardía, o temprana, según se vea.  Cambiamos teléfonos y seguimos viéndonos.  Resultó ser originario de un pueblo al norte de Hamburgo, hijo único de un urólogo y una finlandesa.  Viendo una foto de su mamá en su apartamento, supe que de ella tenía lo rubio intenso -llevaba el pelo a eso de la altura de la oreja- y una dentadura muy similar a la de Felipe, el amigo de Mafalda. Dizque estudiante de medicina, pero más por imposición familiar que por mínima inclinación, no digamos ya vocación.  Desordenadísimo, pecuecudo, inconstante, mimado y bruto.  Delgado y -ejem- formidablemente dotado. Aún cuando niño rico (su familia era la dueña, entre otros, del edificio en el que él vivía en el Schanzenviertel en Hamburgo (!!!) y de una villa vacacional como se describe below), era tacaño:  siempre partió cuentas y tendía a evitar pagar / pagar menos haciéndose el enojado por el mal servicio.

El hombre se fue aquel verano a pasar vacaciones en la casa que sus padres tenían en la Costa Brava.  Estaba sacando la licencia de navegación, el último juguetito del padre era un yate pequeño. No dejaba de llamarme todas las noches.  Cuando le conté a mi guía espiritual, no vaciló en regañarme por no haber hecho antes los planes para caerle.  Así fue que como tan pronto él presentó su examen de la licencia navegadora  y se quedó home alone -los padres también estaban-, me monté en un vuelo pitufo desde Frankfurt-Hahn a Barcelona-Girona para pasar 4 días en una casa con piscina en una terraza con vista a la bahía de Rosas, a orillas de la carretera ascendente que conduce al restaurante El Bulli.  El hombre era vano y tonto, pero norteño al fin y al cabo: el norte de Alemania es rico pero la gente bien no se boletea por principio, así que nunca hizo alarde de su riqueza, jamás hizo descripción alguna de la casa, todo fue sorprendente cuando llegué. Días de piscina y/o playa, cerveza, comida.  Noches de champaña, porros y fuegos artificiales en la bahía casi a la altura de los ojos.  Fue divertido que el español fuera el business language consiguiendo hachís en la playa con norafricanos .  También hubo excursiones cortas a los alrededores: la casa tenía su propio carro, un Mercedes setentoso, y su propia moto.  Fueron días bonitos.

Claro que no hay dotación formidable ni paisajes bellos de fondo que logren compensar la falta de inteligencia y la malhomía / malagentez.  A su falta de seso el hombre sumaba sus excesos -por ejemplo el numerito de las llamadas ebrio a las 3 am-. Ya ni me acuerdo cómo fue que terminó todo, creo que fue por teléfono.  Hubo pipa de la paz, telefónica otra vez.  Hizo por buscarme después algunas veces, pero siempre con tan mala suerte que yo ya tenía plan, no era pretexto para no verlo.  No volví a saber de él jamás.

lunes, 22 de julio de 2013

Algo se ha hecho

Este año ha estado rico en viajecitos cortos en los que la he pasado muy, muy bien.  Dublin me conquistó con su agua blanda magnífica para el pelo, su cerveza, su espontaneidad -la de la ciudad, la de la gente también-, su comida; en Dublin comprobé que el flirt aún es posible -lo hice como hacía años no lo hacía-.  Con U. pasé un puente buenísimo en mayo, conversado y diverso en actividades en / alrededor de Karlsruhe, incluyendo Strasbourg.  Con N. por fin hicimos el deber de encontrarnos y de desempolvar esta amistad hablando y riendo por horas, incluso después de haber apagado la luz, en un fin de semana lluvioso en Hamburgo.  Berlín called, manouvring @donAlvar to organize the meeting y sacando del sombrero un festival con Monsieur Periné y los Van-Van.  Coming next, anniversaire à Paris.

viernes, 19 de octubre de 2012

Fin de año autoinflingido

Estoy aterrada de la vacaloca que tengo de aquí hasta el primer fin de semana de diciembre.
A respirar hondo, maestra, soltar el aire poco a poco y prepararme para el fondo que me espera estas semanas.  Dejar todo listo hasta el jueves para desaparecer por dos semanas casi que literalmente en la Cochichina (confieso mi amplia ignorancia de que siempre pensé que este nombre era un chiste, un juego de palabras, y no un lugar real), no allá sino en Camboya.  17 días.  Llego un lunes a las 5 am directo a trabajar.  Y llego y no paro, pero dejo así por ahora esta descripción de la marejada.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Historias de CDs

Malkasten, Vol. 5
En un Audi sobre la A3 rumbo a Frankfurt.  A llegar a la medianoche a esperar un bus que salía a las 4 am en los bellos y tranquilos entornos de la estación central de esa ciudad -en pocas partes de Alemania se prenden mis alarmas bogotanas:  esta es una de ellas-.  El bus me llevaría al aeropuerto alternativo disfrazado de Frankfurt (Frankfurt-Hahn, se llama) que en realidad es un pueblucho como a 2 horas en el tal bus.  Esos son los aeropuertos en donde operan las aerolíneas pitufo, las que son re-baratas y que deben ser un atentado al CO2.  40 euros por un ticket ida y vuelta Frankfurt-Hahn - Girona-Barcelona (otro disfraz).  Claro que lo que se ahorra en el pasaje se paga con creces y más en el transporte entre ciudad de partida - aeropuerto en la porra A y aeropuerto en la porra B - ciudad de llegada.

Mis pasos no me llevaban a Barcelona, sino a Rosas, a un encuentro incierto que resultó ser en una casa con vista a la bahía desde la terraza con piscina, al inicio de la carretera que llevaba al restaurante El Bulli (que conste que yo ignoraba toda esa escenografía antes de llegar).  Mi momento Paris Hilton en la vida.  Creo que esa es una historia de otro post.  El caso es que estaba en el trayecto al aeropuerto perdido del vuelo pitufo.  Iba en un grupo de viajeros, una opción barata:  gente que va en su carro a otra parte pone un aviso que quién viaja con él.  El precio es menos de la mitad de lo de un pasaje en tren, el dueño del carro apenas hace lo de la gasolina y viéndolo bien, es hasta eco-friendly, se optimiza el uso de los carros.  El dueño de este coche iba a todísima mierda, please remember que la Autobahn tiene tres carriles en cada sentido.  El otro co-viajero se bajó apenas pudo y yo, pues bueno, este, acérquenme por favor a la estación central... -oye, pues si tu bus sale hasta las 4 y recién son las 11, porque no te vienes con nosotros? vamos a la casa de un amigo, aquí llevamos harto trago, oímos música.... pues ante mi otra alternativa -la hermosa estación central-, quedar en manos de quien pudo haberme destutanado a 200 kmh fue cuasi-providencial.  La reunioncilla se puso hasta buena.  A eso de las 3:30 decidí emprender mi camino, pero primero fui al baño. Cuando quise salir, la puerta no abría.  El desespero de pensar que tanto esfuerzo invertido para venir a perder el vuelo porque me había quedado encerrada en un baño era insoportable.  A los no sé cuántos tropecientos mil minutos logré abrir la puerta.  Nadie se había dado cuenta de nada.  Esta parte de la historia tuvo happy end, sí logré tomar el bus y después el vuelo.  No porque recuerde el alivio después del desespero, sino porque no tengo recuerdo alguno de otros contratiempos.

El anfitrión de la velada trabajaba en una productora de música y recién acababan de sacar una compilación.  Me regaló una copia.  Son 2 CDs, uno de club y el otro de lounge.  Este me gusta más y es el que estoy escuchando ahora.

Eco2, Jorge Drexler
Esta historia le pasó a una amiga de una amiga mía.  Su gallinazo novio no tuvo ningún reparo en arrastrarle el ala a una amiga suya (de ella, la novia) y la supuesta amiga no tuvo reparo tampoco en acceder a tales propuestas.  Cuando todo el teatrito se descubrió, la mujer traicionada no dudó un segundo en echar a la basura el CD que la ya ex-amiga le había regalado.  Nuestra amiga en común lo rescató aunque ya lo tenía, así que andaba buscándole doliente al CD repetido y esa fui yo.  Lo oí hasta el cansancio, adoro Todo se transforma -es la canción perfecta de un ONS-, pero fue durante mis años de casada. Quedó una asociación extraña ahí.  No da como para tirarlo a la basura, pero tampoco para escucharlo.

domingo, 23 de octubre de 2011

Mi instinto es confiable

Siempre lo supe, una de mis very first impressions en estas tierras bárbaras se sigue confirmando.

In den Haushalten der Bundesrepublik leben seit vielen Jahren weit mehr Haustiere als Kinder und Jugendliche (23,3 Millionen gegenüber 13,5).


En los hogares alemanes viven desde hace años más mascotas que niños y jóvenes (23,3 millones contra 13,5).

Fuente: aquí (enlace en alemán)

PS: He de aclarar que al principio me impresionaba bastante que en los supermercados la sección de mascotas fuera generalmente más grande que la de bebés. Hoy en día ni cuenta me doy.

martes, 28 de junio de 2011

Another second time

Corría el año 2001 y la Universidad Tecnológica de Hamburgo (TUHH por sus siglas auf Deutsch) recién diseñaba un currículum de un máster de Ingeniería Ambiental, al cual por diversas razones vine a caer. Había un docente dudoso llamado Walter Leao Filha o similares, brasilero radicado en Alemania, bastante ducho en aquello del lobby de proyectos chimbos para financiarlos. Gracias a sus contactos acabamos un indio de India -un hombrecillo pequeño-, un mexicano y yo como únicos representantes alemanes (!!) en un congreso de estudiantes de ciencias ambientales de la cuenca (?) del Mar Báltico. El evento tenía lugar en un former veraneadero comunista en la gloriosa ciudad de Lodz, hagan de cuenta como una Ibagué / ciudad intermedia sin ningún encanto polaca. En ese entonces llevaba el pelo muy corto -recién salía de mi rubio sideral, aventura sobre la que aún debo un post- y tenía algunos kilillos de más.

En la fiesta de cierre del evento me tomé literalmente hasta el agua del florero. Creo que me rumbié con todo lo que se me atravesó por delante y recuerdo un amanecer en un bosque cayéndole a una finlandesa. Lo mejor vino después (ah, los tiempos Bridget Jones): los dos buses con los estudiantes partieron con media hora de retraso, pues cuando ya estaban todos subiditos en el bus, notaron que hacía falta una participante. Alguien se bajó del bus y fue a tocar a la puerta de la habitación de la susodicha, que aún dormía la mona. Para llegar a la puerta del bus tuve que caminar por fuera del mismo soportando las miradas airadas de los puntuales -o sea todos los otros casi 100 participantes-. Vendría a continuación un lovely day de primavera, lluvioso, frío, con guayabo, con hambre, sin plata, en día festivo con todo cerrado y por ende sin posibilidad de cambiar marcos (!!) -tenía una tarjeta de banco horrorosa- en Cracovia. Volví en el tren nocturno a Hamburgo, pues tenía un examen al otro día.

Durante mi matrimonio mantuve una cierta relación con ese país por ser el exmarido y su familia de allá nativos, pero del norte que fuera prusiano alguna vez, de Danzig. Estuve dos veces en esa ciudad.

Quiere el destino que, aun cuando ese vínculo con Polonia se rompió, vuelva yo de nuevo a tales tierras. A Lodz itself. A ver si se nos da por fin el milagrito de encontrarnos con esta amigota -see below in the link- a quien hace ya más de una década no veo pero con quien hemos mantenido buen contacto: un amigo de su marido (ambos neozelandeses) se casa con una polaca y ella viene a la boda.

Como se echa de ver, yo vengo quedando como la amiga de la esposa del amigo del novio, un personaje muy cercano a la pareja... la ocasión está, al menos en el papel, que ni pintada para repetir el performance de hace 10 (!!) años. De hecho compré unos zapatos en mí impensables, 8 cm de tacos así nada más como para combinarlos con algunos vodkas, que no faltarán.

sábado, 18 de junio de 2011

Is anyone there?

El 25 de septiembre de 2010 escribí:

Acabo de desbaratar mi mundo de los últimos seis anios de un plumazo.

La certeza de que no quedaba de otra ayuda a paliar la tristeza.


como se puede ver y como muchas veces, gracias Autoliniers.


Aún no sé por qué decidí seguir y por ende borrar esa entrada. Lo bueno de esa terquedad fue que ahora no estoy haciéndome ninguna pregunta del tipo "what if I had done...". La cifra del tiempo casi alcanza a llegar al séptimo año y fue él el que se fue a motu propio, él buscó solito la puerta de salida.

No me sentía de ningún ánimo para postear en este blog, que comenzó poco después de empezar nuestra convivencia juntos. Siempre estuvo él a mi lado desde que aquí escribo. Hasta hace dos meses. Esa sensación de "it's gone" es aterradora, es casi como una muerte, pero ya la superé, igual el muchacho is still alive.

Aquí tal vez no, pero en mi diario personal sí hay buena cuenta de que esta no fue ninguna decisión súbita, sino algo que venía cocinándose hace ya rato. Es triste ver que la persona que amas está impedida para amar, no puede porque tiene otro montón de rollos propios que resolver.

Me siento sola, pero sé estar sola. Si no, hubiera regresado loca de mi autodestierro maltés de diez largos días. Como el apóstol San Pablo, vine a encallar en esa isla (de hecho mi hotel quedaba en la Saint Paul's Bay, convertida hoy en el Melgar / veraneadero de medio pelo maltés). En el largo vuelo de regreso leí la prensa local. En primera página daban cuenta de la identificación del sospechoso de haber apuñaleado a una turista búlgara de 40 años en un hotel en la misma calle en la que quedaba el mío. Por poco y alcanzo a mojar prensa yo también.

La soledad maltesa me sirvió para pensar; el regreso, París con mis amigos queridos del tiempo alemán (ambos juntos los dos, aún me falta juntarlos con mi recontra partner número tres en Berlín) y Bretaña me sirvieron para tomar ánimos y comenzar ahora sí a despedirme de él en el interior de mi ser.

La vez que se me ocurrió mirar a mi alrededor en Malta tuvo la mala suerte de pasar en mi segundo día en el Melgar maltés. Un chico nigeriano que trabajaba lavando platos (me late que buscando algún lucro: aún no estoy tan necesitada como para pagar!) y un "ñor" australiano en sus late 50's -aunque pobre balance, siquiera se me arrimó alguien- Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que justo ahí caí en cuenta de que la última vez que salí en ese plan había sido hace exactamente siete años, el very day que conocí a mi hoy exmarido; de ese aniversario quise escapar con este viaje. Ese hallazgo me sacó el aire y me dolió un poco. Quedé escaldada y en primera, quietecita en mi rincón.

Hasta anoche. Caí en el único bar de Düsseldorf que mi Bauchgefühl zugelassen hat, había buenos tunes que invitaban a la danza y súbitamente comenzamos la danza y yo, el resto no importaba, ni siquiera los pocos ejemplares mirables y solos o con otros amigos -léase: sin pareja- que por ahí se veían -mi olfato de bares aún funciona!-, cuando de la nada salió un hombre y se plantó al frente mío...

Mientras estuve en el quiet modus recordé los innúmeros encuentros casuales que hasta ahora he tenido, desde los amigos espontáneos hechos mientras esperaba al novio o a las amigas que nunca llegaron, pasando por alegres ONSs que comenzaron preguntando la hora o pidiendo fuego, y por escenas dignas de cualquier película de Meg Ryan o de "Before sunrise" (me quedé en los 90's en ese género, lo siento). Y pensé que jamás me volvería a ocurrir, pero no era cierto, menos mal. Qué cosquilleo y qué alivio me causa el que esas escenitas aún no me abandonen.

sábado, 21 de agosto de 2010

Desempolvando

Este lugar está abandonado y lleno de telaranhas. Así como de la nada comencé a ordenar mis papeles en una velada de la semana pasada, retomo estas notas que ya no llegan solas, que hay que rebuscar.

La visita de mi madre me tuvo, como siempre que viene, bastante distraída. Como le contara por teléfono a este anhorado visitante, durante las vacaciones no fui a trabajar pero no se puede decir que descansé. Revisitamos Viena -me acordaba de lugares en los que había estado en un invierno hace más de 8 anios!- y nos enamoramos de Praga. Nota al margen: no desgastarse yendo a Bratislava. No paga, no después de Praga. El pretexto de su visita también fue bueno para descubrir el área al norte de este pueblo, el Ruhrgebiet, la región del río Ruhr. En 2010 esta área consiguió ser declarada una de las tres capitales (:-( ) culturales de Europa. No hallan cómo quitarse de encima la fama de ser un área proletaria, pues allí latió el corazón de la industrialización de Alemania durante los últimos 200 anhos. Esta era el área de producción de carbón y acero a lo largo de toda la industrialización de Europa. Visitamos el zoológico de Duisburg, considerado como el mejor de la región, el martes anterior al bendito Loveparade. Duisburg es una de las ciudades de esta olla del Ruhr. Ese sábado siguiente nos dio por ir al Museum Folkwang en Essen, una ciudad que se llama comida a pocos kilómetros al norte de Duisburg, pues era el último fin de semana de una exposición temporal dedicada al estado del Museo antes de 1933, anho en el que llegara el senior de bigoticos al poder y adivinen qué pasó con las obras de arte crazy que el buen ojo de los curadores del museo de ese entonces tuvo el tino de adquirir. Por quedar Duisburg de camino, vimos a muchos festejantes rumbo al tal Loveparade. A la trampa humana que les habían tendido. Cuando quisimos regresar a Düsseldorf a las 6, las conexiones rápidas habían sido suspendidas y no tuvimos más remedio que tomar un tren lechero que salió con mucho retraso. Al llegar a la casa, nos enteramos de la razón del caos ferroviario: los 21 muertos por una estampida en el túnel de acceso al lugar del festejo. Qué siniestro. Unos diez días después regresamos a Essen, esta vez a una mina de carbón que se llama La Alianza Aduanera que hoy, como tantas instalaciones industriales a lo largo de la región del Ruhr, fungen de museos mostrando cómo era el asunto antes -ahora la región padece desempleo y pobreza, porque las minas se agotaron, la producción de acero se fue a otras regiones- pero sobre todo insistiendo: somos mucho más que esto. Tuvimos que pasar de nuevo por Duisburg. El túnel de la muerte estaba a reventar de flores y de cirios.

El fin del mundo de Murakami fue un companhero digno en el trayecto en tren entre Viena y Praga y Praga y los ensayos de Zadie Smith también sirvieron de pretexto para revisitar a Kafka.

Ya no hay más mamá, recuperé mis horas a solas, mis lecturas (Alice Munro, eres monstra!), las vueltas en bicicleta, eventualmente -quién sabe- el blog.

Donia Pajarito fue una motivación importante para usar finalmente la garantía del equipo de sonido y llevarlo al taller de reparacion. Un día hace ya algunos meses regresamos del mercado y olía a quemado, para nunca más funcionar. Donia Pajarito recientemente optó por cantar. Necesitamos ese bendito equipo sonando ya.

Una vez más, se va yendo esta modorrita veranera. Septiembre comienza lleno de reuniones y de vacalocas. Hay una tarea que no he comenzado a hacer y que I have to. Hay una decisión que tengo que tomar y que no sé cómo y que I also have to.

domingo, 28 de marzo de 2010

Refuerzos

Llegó la hora de un replanteamiento difícil pero mandatory.

Un fin de semana en la capital del otrora imperio espanhol -imposible dejar de pensar de dónde salió toda la plata para eso que tenía en frente, muy mamerta de mi parte, I know-, con otras amigas, ayudando y disfrutando en donde y cuanto pudiera -y vaya si lo hice en el reencuentro con una pareja amigota de los viejos buenos tiempos que también anda por allá, todavía cargo con ese guayabo / resaca-, y el siguiente con una de las amigas de Colombia que más echo de menos y con quien tuve el privilegio de compartir casi 48 horas seguidas me dejaron en forma para lo que se me viene pierna arriba.

Como bien sabe burlarse el entranhable ser pastuso que me acogió en Madrid, si vienen a visitarme a Düsseldorf es que me quieren mucho. Ella ya estuvo por aquí, valga la aclaración.

Lo bueno de las treintonas es que ya estamos más aterrizadas, somos más glamorosas y nos meten menos los dedos en la jeta. Ya no estamos como para. Claro que si nos toca, cerramos filas y hacemos todo lo posible por ofrecer "wellness para el alma", porque sabemos y podemos darlo. Otra cosa es que todas lo reciban, pero se cumple con haber "dado feedback", como dicen en mi empresa.

La amargura fingida contra los galanes en nuestros veintes se torna en auténtica en esta treintena. Inevitable: todos, absolutely all, resultan siendo unos malparidos que no son dignos de nuestro querer. Y ahí seguimos a la pata de ellos, o ellos a la de nosotras. Triste la condición humana.

Anio de decisiones. La fuerza esté con nosotras.

sábado, 20 de febrero de 2010

Carnestolenda

Pasaron los carnavales y en esta ocasión decidí celebrar como era debido en esta hidalga ciudad capital en donde también tienen lugar tales festejos. Me puse cita con unos colegas del trabajo en un lugar muy famoso a orillas del Rin. Mi disfraz era una capa y un antifaz (y de resto estaba vestida normal de negro). Hacían carnavelescos -5°C en la calle y tuve que esperar tres horas para ingresar al lugar en cuestión. Menos mal había abundante oferta de bebidas espirituosas (ese jueves de Altweiber tomé toda la cerveza alt -la especialidad de la región- que no había tomado en dos anios en estas tierras) que ayudaron a sobrellevar la fría y larga espera. Mi mamá menos mal llamó a un nombre que no era en su celular y me alegró también la fila. El resto del carnaval (la quinta estación del anio, le dicen aquí) me la pasé guardadita escondiendo mi resfriado de la nieve y me perdí de los desfiles de los demás días.

A mi pesar, resulté celebrando plastamente, como de costumbre en estos últimos tiempos, pero pude extender mi plastez al lunes que tuve libre gracias al carnaval.

martes, 7 de julio de 2009

Decadente, a veces

Bronceándome top less en la cubierta de un yate en alguna rada tranquila en la Costa Brava, viendo los fuegos artificiales sobre la bahía de Rosas desde la terraza de una casa de verano, cenando en el muelle de un restaurante exclusivo en Chian Mai, estando 25 horas en Zürich so pretexto de una boda.

Sin proponérmelo y sin medios para ello, resulta que también he podido darme mis aires de Paris Hilton. JAJAJAJAJAJA.

jueves, 11 de junio de 2009

Revivamos el espíritu de antanio

En sus comienzos este blog tenía la saludable costumbre de comentar el acontecer nacional e internacional. Desde hace ya bastante rato han venido espaciándose las entradas en este sentido. Hoy rompo ese silencio y le dedico tres palabras al asunto. La crisis económica se resiente -no podía quedarme sin decir la palabreja-, las noticias de cierres y despidos y bancarrotas no cesan, sin llegar a límites espanioles. La brecha entre ricos y pobres se hace cada vez más profunda, lo concluyo después de leer los titulares de la prensa, de oir los comentarios de mis companieros de trabajo y de lo que veo yo misma a mi alrededor.

Frecuentes eran mis resenias de artículos de la prensa local. Es que ya no me queda tanto tiempo como en ese entonces, así es la cochina vida laboral. Pero hoy me encontré con este artículo* que no sólo yo sino los lectores de spiegel-online encontramos de lo más simpático (es el artículo más leído hoy). El nombre escogido para el animalito no por ser obvio deja de ser bueno.

*:link en inglés.

domingo, 12 de abril de 2009

Lamento planhidero

Yo no sé aquí por qué no me doy manias de encontrar esa cierta afinidad cultural con mi entorno actual. Si yo soy susceptible a ese tipo de información cuando estoy expuesta a ella!

Para hacerme entender recurro al ejemplo del día de hoy. Estuvimos de compras en la frontera, y en nuestro periplo por todas las tiendas que nos interesaron (no fueron muchas) pasamos por una librería en cualquier esquina del centro histórico y peatonal. Aunque sólo ofrecen libros en holandés, pueden identificarse títulos sugerentes que, si ya tienen su versión holandesa, naturalmente pueden encontrarse en tu amazon amigo en su inglés original. O en su espaniol original. Gracias a ese ejercicio me enteré del Libro de los Demás de mi heroína Zadie Smith, y hoy vine a ver que ya salió la traducción holandesa de 2666. Ajá. Ya tienes la novela disponible para los lectores de un país con menos de la cuarta parte de la población alemana, mientras que en el país casi 5 veces más poblado no, todavía no la tienen. Por allá hasta dentro de cuándo verán más allá de la frau Allende o el herr Coelho en la literatura latinoamericana?

Pero como casi siempre, yo aquí me quejo en vano, porque el libro tuve la fortuna de poder leerlo en espaniol con toda la tranquilidad del mundo (un decir, porque el libro intranquiliza como él solo) en cómodo préstamo de la biblioteca de la Universidad de Hamburgo, de donde J. podía sacarlos fácilmente y gratis.

viernes, 13 de marzo de 2009

Otro retorno

Este es el segundo retorno de Colombia desde que este blog existe.

Me aterra cuánto sigue creciendo Bogotá y cuánto se me ha europeizado la visión.

Todos en Colombia me parecieron alegres, dedicados, entusiastas, etc. -hasta los de la Registraduría cuando fui dizque a renovar la cédula (documento de identidad).
Claro que al segundo día ya había perdido la amabilidad y me había dejado caer de nuevo en los finos modales bogotanos.

Düsseldorf y mi trabajo lo lograron: por fin regreso con saudades colombianas.

PS: Desde el regreso Düsseldorf no ha dejado de parecerme un desierto inhabitado y silencioso. (No perder de vista que vivo en un plácido suburbio, alejado del centro).

lunes, 1 de septiembre de 2008

InAusLand

Los freiburgueses se-las-traen. No puede ser posible que un lunes a las 11 de la noche todavía se vea gente por la calle como si fueran las 6 pm. No menos increíble es que encuentres una estación de servicio / gasolinera abierta 24 horas sirviendo comida caliente cerca de tu casa, que no es precisamente en el centro. Una estación Esso con tigre y todo, como la de la 7ma. con 59 en Bogotá. Ya por eso sería que no me sorprendió tanto verlos el viernes por la noche corretear por los bosques, subirse al mobiliario público y ponérselo de ruana y baniarse con bicicleta y todo (la bicicleta es un apéndice natural del cuerpo de los freiburgueses) en el lago.

lunes, 9 de junio de 2008

Tarde

El verano en estos parajes es otra cosa. Para salir a quejarme no titubeo en postear, para las flores me hago la tonta. La red de ciclorrutas en Düsseldorf es mucho mejor que la casi inexistente hamburguesa.

domingo, 23 de marzo de 2008

Proporciones

El transporte público de Berlín tiene la misma frecuencia y el mismo número de pasajeros el sábado de Pascua a las 3 am que el de Düsseldorf en un día laboral cualquiera a las 8 pm.

viernes, 4 de enero de 2008

Polombia

J. no me creía cuando le decía que me parecía que había muchas similitudes entre Polonia y Colombia. Aunque no haya mucho en común en cuanto a cultura (países occidentales, católicos y qué más?), hay mucho en la “actitud” de las personas en Polonia que no dejaba de recordarme a Colombia. El portero del edificio, hacía cuánto no veía yo tal portento (la mano de obra es barata –todavía-). El afán de la clase media y de los nuevos ricos por diferenciarse y ser exclusivos, su afán de construir y visitar cuanto centro comercial se les ocurra. (Nota posterior: esto tiene un nombre vistoso que hacía rato no tenía la oportunidad de usar: ARRIBISMO puro y duro).

Pero también hay diferencias. El concepto “supermercado” recién se instaura y aún hay cualquier cantidad de tienditas lichigueras en las que se hace la compra. Entendí por qué la nevera de mis suegros vive llena de embutidos: ellos –los embutidos- abarcan perfectamente 50% del surtido de las ya mencionadas tienditas.

Fue divertido estar todo el tiempo sin entender nada y dependiendo de J. para comunicarme con el mundo exterior. J. no deja de asombrarse de que todavía puede entender y gaguear polaco, idioma en el que balbuceó sus primeros 5 anios de vida.

Danzig (nombre alemán), Gdansis (en latín) es primorosa y tiene mucho de qué estar orgullosa. Pero con los impasses con la familia –lo que no hicieron 3 anios de conocernos y 3 meses viviendo juntos en Durania lo lograron 3 días en Danzig-, creo que no vuelvo, no en el corto plazo.