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miércoles, 4 de noviembre de 2015

Historia con moraleja

Esta historia, aún cuando es de 2012, no ha perdido actualidad.

Mi empleador tiende a adoptar en sus políticas, lemas y objetivos temas de moda y políticamente correctos en el mundo empresarial.  Eso en este siglo XXI es decir "sostenibilidad" y "diversidad".  La "diversity" fue inicialmente enfocada hacia el empoderamiento de las mujeres, por ejemplo fijando políticas de aumentar personal femenino en los puestos gerenciales -una mujer fue nombrada en el consejo directivo, lo cual es todo un especímen exótico en este país godarrio *olvidé mencionar que hay una ley que obliga a eso*- y organizando una red de trabajo femenina.

Una de las actividades iniciales de la red fue invitar a la gerente de diversidad de Ford -la ensambladora más grande de Ford en Europa está en Colonia, a 30 km de este pueblo- a que nos ofreciera una charla.  Sin exagerar fui la única asistente.  Las organizadoras, furiosas, dejaron entonces la decisión del siguiente evento a las demás miembros de la red.

El siguiente evento de la red femenina fue un taller sobre cómo vestirse mejor en la oficina.

Nunca más volví a nada de la tal red esa. Ahora el grupo de diversidad también tiene en cuenta a los hombres que piden licencia de paternidad (Alemania hace progresitos también por ahí), a incapacitados, a gente que hace home office, ah, sí, y a las mujeres también.

viernes, 20 de junio de 2014

Espejos

La historia de la vecina nonagenaria sería de lo más irrelevante si no fuera porque es un espejo que me pone el destino de otra historia paralela, una que transcurre en dos continentes y no en uno y he ahí donde radica buena parte del drama.

La participante de la historia en el otro continente también tiene otra historia espejo en su entorno que le refleja la nuestra.  Pero los espejos son diferentes:  mientras el mío deforma las figuras, el suyo las pone en negativo.

Y ya. El melodrama sigue su curso como puede, como le toca, pero no deja de parecerme irónico que cada una tenga un bendito espejo sin haberlo buscado que no deja de recordarnos todo el rollo en el que andamos metidas, como si no tuviéramos ya bastante con él.

jueves, 13 de febrero de 2014

Una vecina mala gente

La vecina octogenaria ya se convirtió en nonagenaria.  Después de 6 años de indiferencia vecinal mía, ella se empeña en que seamos buenas vecinas.  Nunca ha dejado de insistir en hacer de mí la vecina que ella sueña, pero hasta ahora me había quedado muy cómodo hacerme la loca porque siempre lo hacía regañándome y reprochándome.  No olvidar que su apartamento apesta a bar de mala muerte por su fumadera, la escalera queda apestando a lo mismo cuando ella abre su puerta.  [Dato:  fumar no necesariamente mata, vean este ejemplo].  Y no es que esté íngrima sola:  el hijo viene a verla los domingos y entre semana, también tiene una amiga que la visita (me doy cuenta cuando la visitante deja su rollator -en inglés "walking frame" y en español no encuentro- junto a la puerta del edificio) y consiguió chantajear al vecino cubano para que vaya a verla arrojándose a llorar a sus brazos cuando él le abrió la puerta una vez que ella fue a pedirle que la visitara.  Eso me lo contó él cuando nos encontramos alguna vez en el sótano, también haciéndole publicidad a la señora: "Tu deberíah también ir a verla".

Pero la señora cambió su approach la semana pasada.  Llegó el lunes muy decente a invitarme a su casa. Con mucho esfuerzo para no desviar la mirada al cielo asentí ir a verla y jugar parqués (el nombre alemán del parqués es divertido, se llama "no te enojes"), pero ese lunes mismo no podía, todavía me faltaba hablar con mi mamá por Skype.  Todo el resto de la semana llegué tarde.  El viernes llegué a eso de las 19:30, cansada y con ganas de tomarme una cervecita que había comprado, nada más para que doña vecina llegara inmediatamente a tocar a la puerta (no he querido cambiarle la pila al timbre de arriba -es un ridículo timbre de pila!!- precisamente para no tener que oír los timbrazos de la señora en cuestión).  Renegué en buen español y no abrí.  Mis eventuales propósitos de ir a hacerle una visitica corta se fueron al cuerno.

Maldita vieja, consiguió hacerme sentir mala gente, pero mi vana rebeldía es tanta que prefiero mis remordimientos a tener que ir a verla.

Adenda:  La buena señora no se cansa de insistir. La he pillado tocando a la puerta una que otra vez desde el ojo mágico. También hemos tenido (a junio de 2014) otros dos encontrones. El primero, en el cual no sé por qué cuernos abrí la puerta, comenzó ella con su perorata "usted quedó que iba a venir a verme", "vea que yo tan sola", etc. Cuando puso cara de cordero degollado, no encontré otra que decir "qué pena, no tengo tiempo" y tirarle la puerta en la cara.  El segundo fue el fin de semana pasado, yo llegaba cargando mi canasta de botellas de agua y ella me esperaba con su puerta de par en par (de lo que puede darse cuenta cualquier cristiano que llega al edificio por la peste tabacalera que sale de su apartamento). "Ah, ahí está ella, a quien no le interesa lo que nos pase a nosotros las personas viejas...". Yo me metí a mi casa diciendo algo así como "Buen día a usted también", cerré mi puerta y eché llave -cosa que hago siempre desde que azotara la puerta el otro día y la desajustara-.  El quid del asunto en esta ocasión es que el vecino cubano, que está de su lado, fue testigo.  No sé si la vecina nonagenaria deje de joderme, pero lo que sí es cierto es que perdí todos afectos del vecino, que ya no me hace la charla como antes sino que apenas me da fríamente los buenos días cuando me lo encuentro.

Lo dicho, soy una vecina mala gente.

domingo, 24 de noviembre de 2013

Tren de regreso

Como no tenía reservación, decidí tomar el primer puesto que encontré, que fue justo frente a la puerta automática que hacía unos ruidos como de asmático sin aire cada vez que se cerraba.  En la ventana iba una francesita joven viendo este bodrio de película en su ipad y al otro lado del pasillo iba una chica presumo europea del este asentada en Alemania -es un no sé qué indefinible, oxigenado y gatuno que tienen estas nenas o que les pone mi prejuicio- que había abandonado su puesto reservado por tratarse de uno de los superpuestos que traen los trenes rápidos alemanes: SIN ventana.  Estaría en sus early 20's y venía también con unas maletotas. A su lado se sentó un chico negro, apenas unos años mayor que ella.  Ella venía un poco cual perdido recién encontrado y se puso a hacerle la charla al muchacho.  Él le siguió la corriente y ella le contó que venía de estar dos meses en Londres, que le iba a dar muy duro regresar otra vez a su pueblo donde nadie sale después de haber disfrutado el espíritu nightclubbing de Londres, en donde todos se esmeran por salir. El era camerunés, hablaba bien alemán pero accedió a desempolvar con ella el inglés que aprendió hace años en Australia a todo lo largo del camino, que duró cosa de 3 horas. Ella también había considerado ese continente para ir a aprender inglés, lo que había hecho en Londres, pero la distancia la asustó.  Me conmovió la espontaneidad de su contacto, la fluidez de los temas. Cuántas veces no he quedado yo misma atrapada en un diálogo así, aunque ahora que lo escribo hace ya rato que no me pasa, ha de ser que ese entusiasmo y esa naivität de compartir tu alegría con el mundo se vayan perdiendo.  Si bien es cierto que ella venía really overexcited de su aventura londinense y le hubiera sacado charla a quien quiera que se hubiera sentado a su lado, hubo la suerte de que su interlocutor fue bueno. Aunque él dijo que en casa lo esperaban su esposa y sus hijos y no hubo flirt en el diálogo hablado (no pude ver el corporal) al final acabaron haciéndose confidencias del tipo "eres la primera persona a la que le cuento".  Entre esta escena quasi Before Sunrise y el bodrio de película, que entendí completísimo a pesar de haberla visto a pedazos de lejos y de medio lado en un ipod vecino y sin audio, se me olvidaban los ahogos de la puerta cada que se cerraba y se pasó rápido el viaje de regreso.

viernes, 21 de diciembre de 2012

Mi sal no me abandona

Por descuidar este blog es que me olvido también de su rol de muro de los lamentos de mi realidad nacional. Aunque en todas partes las mujeres inteligentes tenemos (guiño) problemas, no puedo evitar la sensación de  "ser bulto de sal" que me asalta en estos casos.


miércoles, 26 de septiembre de 2012

Historias de CDs

Malkasten, Vol. 5
En un Audi sobre la A3 rumbo a Frankfurt.  A llegar a la medianoche a esperar un bus que salía a las 4 am en los bellos y tranquilos entornos de la estación central de esa ciudad -en pocas partes de Alemania se prenden mis alarmas bogotanas:  esta es una de ellas-.  El bus me llevaría al aeropuerto alternativo disfrazado de Frankfurt (Frankfurt-Hahn, se llama) que en realidad es un pueblucho como a 2 horas en el tal bus.  Esos son los aeropuertos en donde operan las aerolíneas pitufo, las que son re-baratas y que deben ser un atentado al CO2.  40 euros por un ticket ida y vuelta Frankfurt-Hahn - Girona-Barcelona (otro disfraz).  Claro que lo que se ahorra en el pasaje se paga con creces y más en el transporte entre ciudad de partida - aeropuerto en la porra A y aeropuerto en la porra B - ciudad de llegada.

Mis pasos no me llevaban a Barcelona, sino a Rosas, a un encuentro incierto que resultó ser en una casa con vista a la bahía desde la terraza con piscina, al inicio de la carretera que llevaba al restaurante El Bulli (que conste que yo ignoraba toda esa escenografía antes de llegar).  Mi momento Paris Hilton en la vida.  Creo que esa es una historia de otro post.  El caso es que estaba en el trayecto al aeropuerto perdido del vuelo pitufo.  Iba en un grupo de viajeros, una opción barata:  gente que va en su carro a otra parte pone un aviso que quién viaja con él.  El precio es menos de la mitad de lo de un pasaje en tren, el dueño del carro apenas hace lo de la gasolina y viéndolo bien, es hasta eco-friendly, se optimiza el uso de los carros.  El dueño de este coche iba a todísima mierda, please remember que la Autobahn tiene tres carriles en cada sentido.  El otro co-viajero se bajó apenas pudo y yo, pues bueno, este, acérquenme por favor a la estación central... -oye, pues si tu bus sale hasta las 4 y recién son las 11, porque no te vienes con nosotros? vamos a la casa de un amigo, aquí llevamos harto trago, oímos música.... pues ante mi otra alternativa -la hermosa estación central-, quedar en manos de quien pudo haberme destutanado a 200 kmh fue cuasi-providencial.  La reunioncilla se puso hasta buena.  A eso de las 3:30 decidí emprender mi camino, pero primero fui al baño. Cuando quise salir, la puerta no abría.  El desespero de pensar que tanto esfuerzo invertido para venir a perder el vuelo porque me había quedado encerrada en un baño era insoportable.  A los no sé cuántos tropecientos mil minutos logré abrir la puerta.  Nadie se había dado cuenta de nada.  Esta parte de la historia tuvo happy end, sí logré tomar el bus y después el vuelo.  No porque recuerde el alivio después del desespero, sino porque no tengo recuerdo alguno de otros contratiempos.

El anfitrión de la velada trabajaba en una productora de música y recién acababan de sacar una compilación.  Me regaló una copia.  Son 2 CDs, uno de club y el otro de lounge.  Este me gusta más y es el que estoy escuchando ahora.

Eco2, Jorge Drexler
Esta historia le pasó a una amiga de una amiga mía.  Su gallinazo novio no tuvo ningún reparo en arrastrarle el ala a una amiga suya (de ella, la novia) y la supuesta amiga no tuvo reparo tampoco en acceder a tales propuestas.  Cuando todo el teatrito se descubrió, la mujer traicionada no dudó un segundo en echar a la basura el CD que la ya ex-amiga le había regalado.  Nuestra amiga en común lo rescató aunque ya lo tenía, así que andaba buscándole doliente al CD repetido y esa fui yo.  Lo oí hasta el cansancio, adoro Todo se transforma -es la canción perfecta de un ONS-, pero fue durante mis años de casada. Quedó una asociación extraña ahí.  No da como para tirarlo a la basura, pero tampoco para escucharlo.

miércoles, 6 de julio de 2011

La vida supera la comedia

El pasado miércoles fue el único día que laboré la semana pasada.

Como era de esperarse, ese día no di pie con bola ante una tarea que exigió una respuesta, que ya llevaba varios días esperando. La historia tuvo happy end porque todo estaba en orden, pero tuvo que venir una colega a rescatarme. La señora alcanzó a impacientarse y "regañarme", eso sí, después de que el cliente se había ido. Slapstick laboral en su esencia. Hoy me informa la cabeza de este reducido departamento y actual jefa directa mía que esta colega en cuestión, mi contraparte seria del slapstick, será mi nueva jefa a partir de septiembre.

sábado, 26 de febrero de 2011

El pez muere por la boca

Este tema ya tratado ha tenido continuidad pero no ha sido reportado en este blog: justo las nenas a las que les gusta esto han sido promovidas en la empresa, cosa que yo no. Como si el gustar de tales huesos televisivos estuviera somehow correlacionado con ciertos cotizados talentos laborales. Qué perversa y estrecha manera de ver el asunto, lo sé, porque si soy arrogante y pienso que siendo así, mejor fracasar en el trabajo, me justifico de plano para fracasar en el trabajo. Y no estoy segura de querer fracasar, tiene que haber una vía al éxito profesional sin necesidad de seguir estos bodrios televisivos. Hace rato superé a la vaca imbécil -blöde Küh- Bridget Jones.

Colega (ver Miranda me perdone) detallista -ver Colega- se va de la división después de haber jugado un papel decisivo en una época de turbulencias e incertidumbres. Sin embargo el estrés de todos fue tal que yo -la vaca insensible del detalle- fui la única que se acordó de organizar el regalo de despedida. No daba el tiempo ni el ánimo para álbum de fotos comentadas ni chocolocuras por el estilo, así que tocó conformarse con tarjeta convencional firmada por todos, impersonal bono de compra por más de €150 en una tienda chic de Düsseldorf y como intento de guiño y personalización, los DVD de la tercera temporada de "Doctor's Diary", el bodrio arriba mencionado. No deja de parecerme una broma cruel del destino que justo yo haya tenido que comprar ese DVD; ruego para que no me haya visto nadie con el DVD en la mano mientras me dirigía a la caja de la tienda. Me alcanzó la lucidez para hacerlo empacar con el bono impersonal y quedó re-bonito, como a mí nunca hubiera podido quedarme, pero sobre todo como colega detallista se merece que se lo empaquen. Es que ella es la mata del detalle, cualidad que es para mí como el dibujo de una golondrina sobre el caparazón porque, insisto, soy bien res para eso.

No podía irme chirosa como suelo estar el fin de semana a la tienda chic del bono. Tuve que medio arreglarme, gracias a lo cual no me sentí mosco en leche en la glamorosa Königstrasse düsseldorfeña. Tomé un latte machiato en un restaurante concurrido en Kaiserstadt. Compré juiciosa el regalo de colega detallista y luego hice el deber de comprar algunas vestimentas: un primoroso vestidito de corte Josefina Bonaparte, un pantalón con las arrugas por delante que ya sabemos pero lo suficientemente oscuro para disimularlas, por lo demás buen corte y, valga decirlo, en rebaja, y un discreto suéter azul tirando a rey. Para recompensarme por mi buen comportamiento de haber comprado ropa -sigue siendo un deber, un sacrificio, nada que haga con gusto-, pasé por la librería de la zona y salí con una antología de relatos de Hanif Kureishi, un libro de Siri Hustvedt, que supuestamente es mejor que su marido, y un librito del relamido Palahniuk.

No esperé reconcer que gracias a colega detallista pudiera pasar un día de "típica mujercita" como generalmente no los tengo y acabara gustándome.

domingo, 13 de febrero de 2011

It was me in all those scenes

First time
Salí del examen del ICFES en la Universidad de América, a las faldas de Monserrate. Creo que me encontré con H. que también presentó el examen en el centro y nos fuimos calle 19 abajo. Al frente del Sabana estaba un músico callejero tocando el saxofón. Estaría en la segunda mitad de su treintena, tenía una incipiente calvicie pero llevaba el pelo de atrás agarrado en una cola. Supongo que con H. tomamos algún café y después ella tuvo que irse. Sus padres estaban profundamente convencidos de que el centro en domingo a partir de las 5 pm no era un lugar apropiado para niñas de 16. Yo me quedé dando vueltas y di de nuevo con el saxofonista. Me quedé escuchándolo un par de canciones más. El tipo dejó de tocar y se dirigió hacía mí. Me pidió que lo acompañara. Yo me alegré y agarré al vuelo ese papel insospechado de groupie que se me apareció de la nada. Estaba ronco y tosía, por supuesto fumaba (Parliament, una marca que siempre fue desconocida para mí a pesar de no ser mala). No había sido una mala jornada. Con parte de las ganancias se compró un jarabe contra la tos en una farmacia. En la caja decía que no se fuera a conducir un auto o hacer tareas que requirieran concentración después de haber ingerido una cucharada del remedio. El tipo se bebió toda la botella de un trago. Fuimos a su casa, en el barrio La Merced. Arrendaba un cuarto en una casona del barrio a una familia joven con hijos doceañeros. Hablamos un rato con la familia en la cocina y yo me fui a la casa de mi novio de ese entonces. Yo con un novio! eso era más bien raro. Atortolada de la aventura (aunque suene increíble, no hubo absolutamente nada de sexo, yo todavía no estaba calibrada para esas altitudes) le conté cómo se me había ido la tarde. El chico me cortó a la semana siguiente.

Carne de tu carne
Una cosa pudieron haber sido los "rumbeos" en las fiestas de adolescentes, aquella sutil forma de contacto sexual más o menos difundida y tolerada en mis tiempos juveniles, o los veinteañeros e innúmeros ONS después de una noche de parranda y otra muy distinta un levante de tipo 100% sexual en situaciones relativamente cotidianas. De mis amigos gay sé que eso es relativamente frecuente en este grupo, pero es relativamente esporádico entre los straight. Menos mal no me faltaron ocasiones y tampoco las desaproveché todas, aunque he de reconocer que es de los tesoros que no se siguen buscando -aunque pueden encontrarse de vez en cuando- después de haberse casado.

Con 15 años ya me dejaba arrinconar contra los estantes de la bodega y dar besos apasionadísimos de dos de los chicos del supermercado en el que trabajé en esas vacaciones. A los 16 no tenía ningún empacho en irme manoseando y besuqueando con un atractivo desconocido en una flota llena a Zipaquirá desde el centro (calle 19) hasta el segundo puente (calle 140) y en feriarle la virginidad al primero que se la encontró, un paisa de Manizales que fuera el lover del Doble Vida de Soda Stereo. Como ya lo mencionara, dispuse de un amante distinto para cada álbum posterior del grupo.

Last but not least
La última vez fue una liebre inesperada después de haber sentado cabeza. Fue un imán poderosísimo que estuvo latente durante las doce horas de una excursión turística y cuando las partes por fin pudieron juntarse casi no hubo pudor local ni poder ni sueño que pudiera separarlas. El recordar mi entrepierna húmeda de solo saber su presencia al otro lado de la mesa, mientras departíamos con los demás excursionistas, me pone ídem de nuevo.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Reencontrando un hilo

En Alemania hay una cadena de librerías de una editorial independiente que ofrece música y literatura buenas a buenos precios. Me hice a una edición decorosa de la obra completa de Kafka por 10 euros, por ejemplo. Claro que en Hamburgo solía esculcarla más que ahora, pero aquí también la he visto. En una de aquellas sesiones de 2001 en Hamburgo había un libro con este título:

Was man von einigen Leuten nicht behaupten kann
Lo que no puede opinarse de cierta gente.

(cuyo original se titula: Birds of America, otro crimen del traductor de títulos de novelas en alemán. Son puercos. Por ejemplo, a Norwegian Wood de Murakami le pusieron dizque "La sonrisa de Naoko". Lo que menos había en todo el cochino libro).

Costaba 1 euro. Era de una tal Lorrie Moore.
Tenía unas historias maravillosas, femeninas, concisas, tajantes.
La adoré.
No he sabido buscarla más, de preferencia en su original. Tengo una nueva tarea libresca.

(Debiera ponerme más bien a hacer mis tareas en el trabajo que tengo pendientes en vez de tramar proyectos inútiles como estos).

lunes, 19 de julio de 2010

Cambio de roles

Cuando nos fuimos de la casa del abuelo a aquel apartamento del centro, no dejaba de asombrarme que ella pudiera conducirme a todas partes, que ella supiera dónde quedaba todo. Me llamaba del trabajo a ver cómo estaba, a preguntarme qué estaba haciendo, a decirme que ya pronto llegaría a la casa. Era la que accedía a poner en la banda de la caja del supermercado las golosinas de las que me antojaba a última hora o a comprarme en la calle el helado o la chuchería que se me ocurriera.

Me conmueve mucho estar ahora, 30 anios después, en el rol de ella con ella.

domingo, 28 de marzo de 2010

Refuerzos

Llegó la hora de un replanteamiento difícil pero mandatory.

Un fin de semana en la capital del otrora imperio espanhol -imposible dejar de pensar de dónde salió toda la plata para eso que tenía en frente, muy mamerta de mi parte, I know-, con otras amigas, ayudando y disfrutando en donde y cuanto pudiera -y vaya si lo hice en el reencuentro con una pareja amigota de los viejos buenos tiempos que también anda por allá, todavía cargo con ese guayabo / resaca-, y el siguiente con una de las amigas de Colombia que más echo de menos y con quien tuve el privilegio de compartir casi 48 horas seguidas me dejaron en forma para lo que se me viene pierna arriba.

Como bien sabe burlarse el entranhable ser pastuso que me acogió en Madrid, si vienen a visitarme a Düsseldorf es que me quieren mucho. Ella ya estuvo por aquí, valga la aclaración.

Lo bueno de las treintonas es que ya estamos más aterrizadas, somos más glamorosas y nos meten menos los dedos en la jeta. Ya no estamos como para. Claro que si nos toca, cerramos filas y hacemos todo lo posible por ofrecer "wellness para el alma", porque sabemos y podemos darlo. Otra cosa es que todas lo reciban, pero se cumple con haber "dado feedback", como dicen en mi empresa.

La amargura fingida contra los galanes en nuestros veintes se torna en auténtica en esta treintena. Inevitable: todos, absolutely all, resultan siendo unos malparidos que no son dignos de nuestro querer. Y ahí seguimos a la pata de ellos, o ellos a la de nosotras. Triste la condición humana.

Anio de decisiones. La fuerza esté con nosotras.

miércoles, 10 de marzo de 2010

Jodidas pero contentas, as usual

Me encuentro en Gacetilla con este link. Ajá. Aquí yo me atrevería a decir que no es tan sentido, incluso me parece que estas valkirias los tienen domesticaditos y estos nativos son infinitamente más comprensivos que sus congéneres colombianos. Situaciones como esta que describe el artículo se dan aquí en el 90% y no en el 2% de los casos:

Precisamente, entre los datos curiosos que arroja este sondeo se encuentra que solo (sic) el dos por ciento de los colombianos le colabora a su pareja con labores de la casa como cocinar, lavar los platos, hacer el aseo o cuidar los niños.

Y si les preguntaran a las walkirias, yo creo que apenas 20% -exagerando- estarían plenamente satisfechas, en proporción inversa a las dulces colombianas.

Pero nevertheless: en este marzo de la igualdad de derechos de género, se publica este estudio de la Unión Europea según el cual en la recontraarchicivilizada Europa* las mujeres devengan en promedio 18% menos que los hombres por el mismo trabajo. Alemania jalando para abajo el tal promedio con un lindo 23%. Wow.

*As mentioned by el Destiempo.


Como no me canso de repetirlo, no es cuestión de nacionalidades sino de gente. Y de la sal que no me abandona.

sábado, 30 de enero de 2010

Contrastes II

Mi suegra no tiene ningún empacho en poner sobre la mesa el cucurucho de sal de la cocina junto a su vajilla de varios miles de euros o de dejar en este mismo lugar (la mesa) un frasco de pepinos con islas blancas navegando en su interior hasta el día en que nos invita a comer y nosotros, asqueadísimos, lo retiramos. Sin embargo, ella plancha hasta el suéter que se pone para salir, mientras que yo no tengo ningún empacho en ir a trabajar con una camisa cuyo cuello parece sacado del buche de una gallina.

sábado, 17 de octubre de 2009

Con trastes

En este momento hay un DVD en el respectivo drive de mi laptop. Es de una serie local de televisión llamada en buen alemán "Doctor's Diary". Mis trompanheritas de trabajo ya se han reunido en una velada a ver los primeros tres capítulos. Al ágape no pude asistir gracias (muchas gracias, en serio) a un virus que alcanzó a dejarme por varios días fuera de combate a principios de septiembre. Por amenizar le dije a la duenha del DVD que me lo prestara para ponerme al día y seguir viéndola juntas, en la segunda sesión de DVD gücken que tendrá lugar la semana que viene.

También tengo sobre el desorden perpetuo de mi escritorio en la casa un libro de cuentos de Alice Munro, uno de tantos hallazgos que pueden hacerse en este blog.

Ya leí el primer cuento de Runaway y vi como un cuarto de hora del primer capítulo de Doctor's Diary (subtitulada "Männer sind die beste Medizin", los hombres son la mejor medicina (háganme el favor) y producida por el canal privado RTL, que es en cuanto a su calidad televisiva muy de la onda del RCN chibchombiano). Como ya dejé de ser, para bien o para mal, una solterona retozona y buscona, estas historias ahora me parece que son como para morirse, pero del aburrimiento.

Sobra decir que no tengo que pensar ni un segundo con quién voy a pasar mis veladas después del trabajo en los días venideros.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Sólo para el recuento

No hay estrategia ñoña que valga.

Ahora supe quedarme sin online banking.

Sígase burlando de su suegra.

martes, 26 de mayo de 2009

Justicia no tan poética

La indelicada de mi suegra se largó a pasear a un tour recomendado por mí (llamó a preguntarme cuál de dos opciones yo le recomendaba y se fue, vaya a saber Dios por qué, a la que yo le dije) y regresó contenta y con regalitos sólo para su querido hijo.

Ayer tuvo que pagar tiquetes de regreso de otro paseo por valor superior a 500 euros por no haber revisado en su correo electrónico que no había llegado confirmación de la reservación del pasaje en Internet. Los tiquetes cuya reservación no llegó habían costado sólo 80 euros. La pobre debe debe ir ya por su novena dirección de correo, no hace sino abrir una para olvidar login y contrasenia al siguiente instante.

Me encanta la palabra "Schadenfreude", sobre todo en estas ocasiones cuando ilustra el sentimiento a la perfección en la parte de "Freude".

martes, 5 de mayo de 2009

Sin con quién

Me enteré de la existencia de esto, me lo empaqué de dos tirones y quedé muy pensativa. Necesito comentar esto con alguien y no tengo con quién. Así que si les interesa, chicas -y chicos- que lean esto, pueden seguir por aquí, leer hasta donde quieran y pasan y tomamos Kaffee und Kuchen.

lunes, 6 de octubre de 2008

An uncommon type (Fortsetzung - Continuación)

Pero esta negra se las trae de algún modo, que no de otra manera hubiese venido a dar con sus huesitos por estas tierras.

Como siempre lo ha definido mejor Bestiaria, todas las mujeres tenemos nuestros lugares comunes pero también nuestros lados atípicos en los que no nos encontramos como mujeres por ningún lado. Bestiaria habla de irse de pantalón de sudadera como si nada, y yo aunque no caigo tan bajo (no por ese lado), tengo una aberrante tendencia a la no compra bastante anómala. No es cuestión de ser ahorrativa, sino de pura pereza. Las tiendas siempre viven llenas, la atención es mala y la ropa, en especial los pantalones, no me cuadran, mi figura no se adapta a estos moldes. Siempre se me hacen unas rayas absurdas adelante.

El fin de semana anterior superé mi inopia so pretexto de verme con mi amiga A. y sospechosamente encontré en la primera tienda que entramos un pantalón que me quedaba bueno. Incluso estaba rebajado. Decidí llevarlo de una vez, pero también pensé en comprar alguna blusa. La dependienta me arrebató el pantalón y muy mandona me explicó que se lo llevaba a la caja (punto de pago) de todos modos. Al no encontrar ninguna blusa (cosa habitual), decidí irme no sin antes haber ido a recoger y a pagar el pantalón. El cual por supuesto había desaparecido por arte de birlibirloque de la caja.

Con que así pasa, un fin de semana más sin pantalón comprado.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Asociaciones freudianas

Por casualidad encontré algunillas canciones de Soda Stereo en la lista que toca el Winamp. Las canciones pertenecen a diversos álbumes del grupo a lo largo de 10 anios, hasta 1996. Lo que no debería sorprenderme y sin embargo lo hace es que cada canción hace las veces de soundtrack de un "atarzane" diferente, comenzando por una aventurada second first time, pasando por -among others- una plasta de novio* con el que intenté regenerarme de la perdición de entonces (y lo peor, ahí quedé encallada cosa de 4 anios!), y culminando con un affaire sórdido con un egón de mierda por el que llegué a hasta arrastrarme.

Pero incluso antes de irme de Colombia y de la disolución del grupo, ya había salido Soda Stereo de mi película. Alcancé a morirme de la vergüenza propia y ajena cuando el Cerati sacó su álbum sinfónico y ni me enteré del reencuentro, si lo hubo. Nunca más volví a tirar con esa música.



*A propo este tipo y esta banda sonora: ya está este recuerdo tan remoto que ya no estoy segura si lo estoy inventando: en uno de los varios conciertos que ofrecieron en el Palacio de los Deportes (semejante porquería de escenario), nos quedamos varados en plena entrada porque el joven había perdido los tickets. Qué linda velada pasé ese día oyendo el concierto en la sala de mi casa por 88.9. Supongo que después los vi en ooootro concierto -de otro modo todavía estaría echando pestes y no, no lo estoy haciendo-, en el mismo horror de Palacio, pero esa vez con Franco De Vita como telonero -y no con el sujeto que perdió los tickets, por supuesto, sino peor, con unas amigas que se tomaron en segundos una media (~350 ml) de aguardiente entre las dos antes de que el veneco comenzara a cantar.