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domingo, 9 de noviembre de 2014

Some things never change

Más de 20 y pico de años después, irse a dar vueltas al centro de Bogotá sigue siendo un plan con H.  http://sombrerodelahogado.blogspot.de/2011/02/i-was-in-all-those-scenes.html?m=0

domingo, 10 de marzo de 2013

Terapia

De adulta fue que comencé a darme cuenta de que la normalidad de mi infancia no era tan normal.  Un ejemplo es el lugar de residencia que escogieron mis padres.  Eso significó largas horas en compañía apenas de los montones de libros que mi papá compraba por baratos pero que no leía mientras que comenzaba la programación de televisión a las 4:30 pm entre semana o hasta que mis padres se levantaran -tarde- los fines de semana.

Algún día comenzaron a llevarme a cine a la nocturna con ellos, por alta pude entrar desde los 9 a películas de 12, así que yo ya desde esa tierna edad llegaba a la casa a las 11:30, 12, a madrugar al colegio al otro día a las 5:30.  Recuerdo un cuento que leí en una revista de Avianca que mi padre traía de sus viajes en esa época de una niña que se les quedaba a los padres en un cine y desde entonces se quedó a vivir ahí.  Jamás sospeché que esa pudiera ser una metáfora de aquel momento que vivía.

También hay que reconocer que esa suerte de indiferencia ayudó bastante a que yo me quedara aquí y a que sobrelleve bien el abandono de mi progenitor (próximamente, conmemoración del 4° aniversario) y más o menos bien mi separación (no se pierda la posible alusión al 2° aniversario).  Hasta me va mejor:  a pesar de seguir igual de sola, al menos estoy menos insegura, tengo una calidad de vida que me gusta más y mis derechos ciudadanos son menos pisoteados.  Y hasta soy extrañada por algunos otros, por fin.

domingo, 13 de febrero de 2011

It was me in all those scenes

First time
Salí del examen del ICFES en la Universidad de América, a las faldas de Monserrate. Creo que me encontré con H. que también presentó el examen en el centro y nos fuimos calle 19 abajo. Al frente del Sabana estaba un músico callejero tocando el saxofón. Estaría en la segunda mitad de su treintena, tenía una incipiente calvicie pero llevaba el pelo de atrás agarrado en una cola. Supongo que con H. tomamos algún café y después ella tuvo que irse. Sus padres estaban profundamente convencidos de que el centro en domingo a partir de las 5 pm no era un lugar apropiado para niñas de 16. Yo me quedé dando vueltas y di de nuevo con el saxofonista. Me quedé escuchándolo un par de canciones más. El tipo dejó de tocar y se dirigió hacía mí. Me pidió que lo acompañara. Yo me alegré y agarré al vuelo ese papel insospechado de groupie que se me apareció de la nada. Estaba ronco y tosía, por supuesto fumaba (Parliament, una marca que siempre fue desconocida para mí a pesar de no ser mala). No había sido una mala jornada. Con parte de las ganancias se compró un jarabe contra la tos en una farmacia. En la caja decía que no se fuera a conducir un auto o hacer tareas que requirieran concentración después de haber ingerido una cucharada del remedio. El tipo se bebió toda la botella de un trago. Fuimos a su casa, en el barrio La Merced. Arrendaba un cuarto en una casona del barrio a una familia joven con hijos doceañeros. Hablamos un rato con la familia en la cocina y yo me fui a la casa de mi novio de ese entonces. Yo con un novio! eso era más bien raro. Atortolada de la aventura (aunque suene increíble, no hubo absolutamente nada de sexo, yo todavía no estaba calibrada para esas altitudes) le conté cómo se me había ido la tarde. El chico me cortó a la semana siguiente.

Carne de tu carne
Una cosa pudieron haber sido los "rumbeos" en las fiestas de adolescentes, aquella sutil forma de contacto sexual más o menos difundida y tolerada en mis tiempos juveniles, o los veinteañeros e innúmeros ONS después de una noche de parranda y otra muy distinta un levante de tipo 100% sexual en situaciones relativamente cotidianas. De mis amigos gay sé que eso es relativamente frecuente en este grupo, pero es relativamente esporádico entre los straight. Menos mal no me faltaron ocasiones y tampoco las desaproveché todas, aunque he de reconocer que es de los tesoros que no se siguen buscando -aunque pueden encontrarse de vez en cuando- después de haberse casado.

Con 15 años ya me dejaba arrinconar contra los estantes de la bodega y dar besos apasionadísimos de dos de los chicos del supermercado en el que trabajé en esas vacaciones. A los 16 no tenía ningún empacho en irme manoseando y besuqueando con un atractivo desconocido en una flota llena a Zipaquirá desde el centro (calle 19) hasta el segundo puente (calle 140) y en feriarle la virginidad al primero que se la encontró, un paisa de Manizales que fuera el lover del Doble Vida de Soda Stereo. Como ya lo mencionara, dispuse de un amante distinto para cada álbum posterior del grupo.

Last but not least
La última vez fue una liebre inesperada después de haber sentado cabeza. Fue un imán poderosísimo que estuvo latente durante las doce horas de una excursión turística y cuando las partes por fin pudieron juntarse casi no hubo pudor local ni poder ni sueño que pudiera separarlas. El recordar mi entrepierna húmeda de solo saber su presencia al otro lado de la mesa, mientras departíamos con los demás excursionistas, me pone ídem de nuevo.

sábado, 27 de noviembre de 2010

Confirmación de tema recurrente

¿En la Calle Veinte o en la Veintiuno? ¿Con la Carrera Cuarta o con la Quinta? Por esos lados, en el sucio centro de Bogotá mugrosa.


Fernando Vallejo, El don de la vida.

Para que no quede duda de lo que aquí refería, la dirección de mis padres era Carrera Quinta No. 20-XX (costado oriental).

domingo, 5 de septiembre de 2010

Just trying to make the best of it

De cómo el entorno adverso llega a cambiar las perspectivas,
por ejemplo evaluando un bar:

Bogotá,1996: qué espanto que pongan led zeppelin

Düsseldorf, 2010: siquiera ponen led zeppelin

Kurdos

Para mi, el sitio lo puso de moda el Zancudo, el director de tesis de mi entranhable Mitbewohner. Se podía oír musiquita decente en una buhardilla de un edificio viejo, desde hace rato reemplazado por una torre de apartamentos al costado norte del parque de la 42 con cra. 13 en Bogotá. Con los avatares del tiempo el lugar tuvo una época en un garaje sobre la séptima entre la 45 y la 46 (o la 46 y la 47?) En todo caso, aquella y la posterior y postrera locación (still on the 7th avenue, but in a diferent cellar) eran bastante accesibles cuando se vivía en la 48 con 13, con vista al Skylinerprofil Bogotás vom norden. No dejaba de tener algo de "subversivo" el que hubiera un antro / chuzo con un perfil como el de Kurdos, en un local con un inodoro colgando del techo. Además al sitio se llegaba siempre por una escalera con aires de secreta. Aparte de todo lo estético o antiestético o lo que sea que haya podido ser, Kurdos fue una isla de libertad en medio de aquella absurda ley zanahoria de Antanas. La ley se impuso justo cuando llegué al estado ideal para salir a parrandear, twenty something, earning and single. El sitio siempre sobornó a la policía y gracias a ello pude seguirme escabullendo de la casa después de la 1 a.m. Era el tipo de local en el que te sniffaste los únicos soplos de coca de tu vida (o a donde llegaste a capotearlos). Con la salida de la 42 llegó también un tipo de cambio somehow para peor, una pérdida de la frescura original. Tuvo épocas en que estuvo cerrado, para reaparecer en un nuevo local. Lo regentaba un tal Germán, un drogadicto al que se le abona haber mantenido el chuzo en aquellos anhos desolados de la escena bogotana. Nicht zu vergessen, dass ich gerade dort einen gewissen Kike Vivaldi -Colombian celebrevity in the 90's- vernascht habe. Allá también le confesé por primera vez a alguien cercano, a él, mis planes de ir (venir) a Alemania. Hubo épocas siniestras en las que había que estar pendiente de tu propia billetera en el establecimiento. Se compensaban con las after parties en otras locations, algunas más salvajes que otras. En Kurdos (degeneración de DonAlvar, el chuzo se llamó en serio Bar2) me levanté aquel tipo que parecía un personaje de una novela de Mutis, allí llevé a mi legendario gringo y sus paredes me vieron sobrevivir a múltiples amaneceres existencialistas de parrandera hastiada. El sitio llegaba a cansar, pero tan árida llegó a estar la rumba bogotana, que allí regresábamos siempre por mucho que renegáramos. Como ya mencioné, también había razones de cercanía, todo el grupo de amigos era teusaquillo-palermo-chapineruno y era casi que a la vuelta de la esquina. El man Germán, como era de suponerse después de haberlo visto sosteniendo un animado diálogo con un bulto de naranjas podridas en un amanecer de domingo bogotano, acabó mal. Su DJ que lo acompanhó siempre, un tal Hernandito que usaba los espacios faltantes en su dentadura como soporte para su cigarrillo encendido y que no siempre era el más lúcido a la hora de pinchar, no acabó mejor.

En una época llegamos a institucionalizar "el miércoles de perdición", que arrancaba después de ver La Tele, con primera etapa en la Tienda de los Jijuepuercas (alegre cafetería-bar en la 44, en donde podía darse todo tipo de interacción entre oficinistas, pensionados, serenateros, secretarias, emboladores, estudiantes, etc. y con performances tales como cajas de dientes sumergidas en vasos de cerverza o brindis espontáneos por el partido liberal o por Clemencita que cumple anios) y después culminación en el inevitable Kurdos, a renegar pero a sentarnos ahí, como en tantas otras veladas en las que la habíamos pasado tan bien y simplemente no queríamos llegar aún a la casa.

Con todo y todo, menos mal que lo hubo y ojalá siga habiendo equivalentes.

miércoles, 23 de septiembre de 2009

Coincidencias temáticas

Para no dejar un tema tan desamparado y desengüesarme de una sarta de historias que siempre cuento.

A lo largo de muchos años he tenido momentos en los cuales un tema decide encontrarme. No es que yo lo busque a él, sino que él me encuentra. Es así como durante una temporada acabé viendo cuanto documental de National Geographic y cuanta película de vampiros pasara por cualquier pantalla (películas, televisión, videos, cine clubes, libros) sin yo buscarlo. Otra temporada, anios después, sería con gays. No hubo libro que no leyera o pieza de teatro o exposición a la que yo no asistiera y no tuviera que ver con el tema. (Que conste que a mis amigos gay los vine a conocer después de esa fase). Poco después me sorprendí a mí misma convertida en toda una orientóloga: estaba en un curso de Tai Chi y en otro de Shiatsu y leía libros de Feng Shui y del Tao de la salud y del sexo.

Por la misma época gay también tuve otro encuentro cercano pero de otro tipo. En las páginas de El fuego secreto me encontré con la descripción de varios parajes bogotanos en los que resultó haber transcurrido mi infancia. Para quienes no conozcan la novela de Fernando Vallejo, El fuego secreto es la segunda parte de una trilogía autobiográfica. En esta parte el joven protagonista paisa hace su feliz arribo a la capital y -entre otros- no hay olla gay en la que el hombre no se meta. Y justo por esas calles era donde vivían mis padres. Fue toda una revelación, porque uno de niño no se da cuenta de esas cosas. Las mujeres extrañas que le decían con voz de hombre cosas a mi papá cuando salíamos de comprar la leche y el pan en la cigarrería siempre me parecieron un poco raras, pero nada más.

Aquí en Alemania el asunto se apaciguó y cuando se anima a aparecer, lo hace con temas extranjeros. No sé cómo explicarlo, pero a mi las primeras novelas de Zadie Smith me encontraron, yo no las busqué. Y ahora, las referidas autobiografías póstumas, que son de autores latinoamericanos, claro.

viernes, 12 de septiembre de 2008

Asociaciones freudianas

Por casualidad encontré algunillas canciones de Soda Stereo en la lista que toca el Winamp. Las canciones pertenecen a diversos álbumes del grupo a lo largo de 10 anios, hasta 1996. Lo que no debería sorprenderme y sin embargo lo hace es que cada canción hace las veces de soundtrack de un "atarzane" diferente, comenzando por una aventurada second first time, pasando por -among others- una plasta de novio* con el que intenté regenerarme de la perdición de entonces (y lo peor, ahí quedé encallada cosa de 4 anios!), y culminando con un affaire sórdido con un egón de mierda por el que llegué a hasta arrastrarme.

Pero incluso antes de irme de Colombia y de la disolución del grupo, ya había salido Soda Stereo de mi película. Alcancé a morirme de la vergüenza propia y ajena cuando el Cerati sacó su álbum sinfónico y ni me enteré del reencuentro, si lo hubo. Nunca más volví a tirar con esa música.



*A propo este tipo y esta banda sonora: ya está este recuerdo tan remoto que ya no estoy segura si lo estoy inventando: en uno de los varios conciertos que ofrecieron en el Palacio de los Deportes (semejante porquería de escenario), nos quedamos varados en plena entrada porque el joven había perdido los tickets. Qué linda velada pasé ese día oyendo el concierto en la sala de mi casa por 88.9. Supongo que después los vi en ooootro concierto -de otro modo todavía estaría echando pestes y no, no lo estoy haciendo-, en el mismo horror de Palacio, pero esa vez con Franco De Vita como telonero -y no con el sujeto que perdió los tickets, por supuesto, sino peor, con unas amigas que se tomaron en segundos una media (~350 ml) de aguardiente entre las dos antes de que el veneco comenzara a cantar.

jueves, 12 de julio de 2007

Magneta

Tengo una propensión más alta de lo normal a quedar atrapada en redes invisibles de gente, a vivir en un mundo no con 6 sino con 4 grados de separación. En Bogotá no dejaba de encontrarme por casualidad en la calle o en sitios públicos con colegas de trabajo, companieros de universidad, amigos, companieras de colegio. Por los días de la reunión de los 10 anios de egresadas del colegio me encontré por casualidad con mínimo 3 de ellas y pude informarles. Llegando a Alemania la cosa iba llegando a límites inverosímiles. Con 6 de los 9 colombianos que participaban en el mismo programa -de diversas regiones del país, no sólo bogotanos- tenía conocidos en común!! Hace dos anios conocí en Konstanz a un cucutenio que trabajaba con un ingeniero que fuera un excelente profesor en mi postgrado.

Pero yo las fronteras ya las transgredía desde Colombia. En Bogotá tuve la oportunidad de establecer una curiosa amistad con un tipo de Barcelona, y en una vacación que hice en Capurganá conocí a otro catalán, a quien por amenizar le conté de mi amigo. Trabajaban juntos en la misma emisora.

La joya de mi corona de múltiples encuentros casuales (aquí yo los menosprecio un poco porque Hamburgo no sólo es compacto, sino que la gente no se mezcla y van los mismos con las mismas a donde siempre) tuve oportunidad de vivirla en Mexico City. Viernes, 6 de la tarde, estación de metro que es intersección entre la línea café y la rosa. En uno de los rellanos de una escalera veo un viejito vendiendo peras y me antojo, me detengo a comprarlas. Cuando me levanto con la bolsa en la mano me encuentro de zopetón con el Manito. Encontrarse en el D.F. con el Manito le parecerá al lector que, aunque tenga algo de casualidad, no es tan raro, pero si se tiene en cuenta que el Manito es en realidad un veneco de Barquisimeto que conocí en Hamburgo y que vive ahora en esa ciudad, pues sí, ya el asunto alcanza a impresionar. El Manito se ganó ese apodo tratando de imponérselo al mexicano que estaba en su clase.

Pero ahora me espera una categoría aún más baja que Hamburgo. Me voy a la provincia. Pero no a cualquier lugar en la mitad de la nada. No. Me voy precisamente al Düren de mis cuitas, de casas pequenitas. Ya estuve tres días allí en plan trabajo y sí, es otro swing citadino (citadino?? Düren es realmente un pueblo!). Bueno. A ver qué pasa. Ich bin gespannt.

lunes, 4 de junio de 2007

Las mañanitas justo abajito

El fin de semana le hice un poco de conversa a los Pérez, que ya son abuelos por segunda vez (aunque apenas rondan los 50) y que llevan meses remodelando el apartamento. Doña Pérez me mostró también la adecuación que le han hecho al depósito que tienen en el sótano.

-E increíble la cantiá de cosa que se acumulan en 25 año, me dijo en impecable chileno mientras me iba mostrando todo tipo de instrumentos musicales y de artículos de navegación en remo (tienen también un kayak amarrado en el canal que pasa por detrás del patio trasero del conjunto de edificios). En una esquina se podía ver una especie de envoltorio que insinuaba un sombrero de charro.

-Es que hasta sombrero de mariachi tienen, le dije en son de broma.

Efectivamente era un sombrero de charro. El cual es efectivamente utilizado. Para qué otra cosa puede ser usado un sombrero de esos? pues claro: para dar serenatas. Don Pérez es músico (de ahí la cantidad de instrumentos en el sótano), de vez en cuando yo lo oigo cantar con su guitarra y me acuerdo de las veladas aguardientosas de mi papá con sus amigos que tenían un dueto (llegaron a aparecer en algunos capítulos del Profesor Yarumo) o con el esposo de mi tía, que cantaba horrible pero que le ponía sentimiento... Y entre tanto grupo del que hace parte, pues también hay un grupo mariachi conformado por él y otros latinos. Su principal clientela son los colombianos en lontananza y alguno que otro alemán que llega transtornado de sus vacaciones mexicanas.

Pareciera que el sino mariachi me persigue. En Bogotá vivía cerca de la zona en donde suelen ubicarse y aquí resulta que vivo varios metros arriba de otro.

Adenda del 24 de noviembre de 2011: Mi amiga pastusa en HH casi contrata estos meros servicios para su fiesta de cumpleaños número 40 el próximo fin de semana, a la cual tendré el gusto de asistir. Por razones aún desconocidas pero adivinables en los recuerdos de mi amistad con ella, ya no habrá serenata en el sarao. Hasta aquí llegó el encuentro con ese pasado.

sábado, 13 de mayo de 2006

Pantallaxos en la prensa (inter) nacional

A ver si maniana el desTiempo saca pecho, como hace cuando The New York Times o el Miami Herald publican artículos "favorables" sobre Colombia.

Ahora ando de suscriptora (gratis y por casualidad) del Frankfurter Allgemeine Zeitung (FAZ). Gratis y por casualidad porque está a disposición en el gimnasio a donde voy ahora. Está catalogado dentro de los mejores periódicos del mundo y ahora que lo leo, veo que con justa razón -a pesar de que tienen que exorcizarle unos cuantos demonios de imprenta: hasta yo (hágame el favor) le encuentro errores chuzográficos cada vez que lo leo!! Eso ni el desTiempo on line- . Otro "pero" es que, como decía un examigo, leyendo ese periódico corre uno el riesgo de que los dedos queden pintados de negro (en alusión a que es de tendencia conservadora: negro es el color de la CDU, ese partido político).

Los periódicos serios de Alemania tienen dentro de sus secciones "la página 3". En la página tres viene siempre una crónica o un artículo especializado sobre un tema cualquiera (periodistas que lean esto, disculpen porque seguramente estaré usando muy mal estos conceptos). Como es especializado y sobre cualquier cosa, no deja clasificarse en las otras secciones (política, internacional, deportes o etc.) y viene promocionado con un titular especial -en colores y todo- en la primera página.

Hoy el titular que promociona la página 3 del FAZ es:
Radfahren in Bogotá. Die Kapitale der Angst ist eine der sichersten und lebenslustigen Metropolen Lateinamerikas geworden - trotz aller Armut neben Reichtum.

que mal traducido da algo como:
Montar en bicicleta en Bogotá. La capital del miedo se ha convertido en una de las metrópolis más seguras y ricas para vivir en Latinoamérica - a pesar de toda la pobreza junto a la riqueza.

El artículo está ilustrado con una foto de Transmilenio (qué más), otra de Penialoza y otra del interior de la biblioteca Virgilio Barco. En una especie de diálogo ficticio con alguien que supuestamente hace 20 anios se fue de Bogotá, el artículo resume la historia afortunada de las administraciones de la ciudad desde Jaime Castro hasta Lucho Garzón. La conclusión es que, a pesar de la indiferencia y la violencia del país, en la ciudad se percibe el sentimiento de seguridad en sí misma y el deseo de vivir en paz.

Si el desTiempo no saca pecho del artículo -que no creo, no puedo evitar la impresión de que no sólo para ese periodicucho sino para muchos en Colombia lo internacional se reduce a USA-, yo sí. Yo también quedé con esa sensación ahora que estuve en marzo allí: en los veintipucho anios que viví allá, nunca vi a la ciudad tan segura de sí misma, tan orgullosa, tan rica para vivir.

viernes, 7 de abril de 2006

La cosquilla del viernes. Un homenaje.

Recuerdo que desde mi más tierna adolescencia fui conmovida por la cosquilla del viernes. Pertenecí a las hordas de colombianos que se dejan seducir por la idea de que en las fiestas se la pasa bien bueno, y como tales eventos ocurren en su mayoría en el fin de semana, los invade entonces una chifladura de fiesta en viernes (y bueno, generalmente con pase directo a sábado también... pensar en aquellos tiempos me parece de un desamparo terrible) de tal guisa que se emparrandan en cualquier maricada, en la medida de sus posibilidades. Por mencionar sólo un ejemplo, recuerdo un semestre en la Nacional en el que absolutamente todos los viernes tuvieron una fiesta por todo lo alto en alguna facultad. Y eso era sólo el comienzo. Durante toda mi juventud en Colombia y buena parte de mi tiempo en Alemania siempre tuve cómo hacerme a alguna fiesta. Es que entre nosotros nos buscamos, por supuesto. No voy a hacer aquí ningún recuento de mi vida parrandera, que por otro lado sería interminable y aburridísimo (jaja), pero si diré que no le hizo falta nada de sabor ni de sazón. Quién sabe si la vuelva a recuperar, pero por ahora está en off. Yo tampoco me lo puedo creer, pero así es la triste verdad. Hete aquí que es viernes y yo estoy sentada frente a mi computador muy oronda escribiendo un post. Y con planes de quedarme guardada en mi casita, de todos modos ando un poco resfriadilla y aún lidio un poco con el jetlag. Habrase visto?? Yo, en esas?? Lo más inverosímil: no me hace falta. No lo extranio!! Lo recuerdo con carinio, pero no lo extranio. Rarísimo, si siempre estaba ahí y yo me plegaba a sus deseos! Y me acompanió permanentemente durante casi más de la mitad de mi vida!! Igual, como nadie le pidió que se fuera, de repente vuelve y aparece sin que nadie la esté llamando. Who knows. Ya ni siquiera puedo decir que brindo por tí, nena, porque tampoco volví a tomar, pero de todos modos, en tu honor.

Nota: Creo que ese cambio en mí fue una de las cosas que más asombraron a mi papá. Es que esa vena parrandera era un aporte netamente suyo en mi formación.