Lo malo de ausentarse tanto tiempo es que uno no sabe ni por dónde comenzar. El 2019 transcurrió en el nuevo domicilio (a orillas del Düssel y en donde no pasa nada, el domicilio anterior era la esquina del movimiento en comparación: pasaban al menos los erizos) y sin asomarse ni siquiera por aquí.
Angie sigue ahí, pero no pudo irse de feliz ocaso. Su figura opacó a su partido, a su sucesora le quedaron grandes los zapatos y ahora los lobos a los que Angie les pusiera la pata salen de sus grutas, más calvos pero haciendo de cuenta que aún siguen en 2005.
El AfD sigue ahí, ganando fuerza en el oriente, mostrando cada vez más las garras nazis.
El corona virus se impuso, recuerdo el titular pequeñito en una esquina de una nueva enfermedad en China cuando comenzó el año y estábamos todos impresionados con las fotos de los incendios australianos y vea dónde va el bicho ese 2 meses después, unos 3000 muertos en todo el mundo, ya hizo su triunfal entrada en casi todos los continentes (Oceanía no sé). Por todo el alboroto y las medidas (mi empleador canceló todas las reuniones y viajes internacionales, cerró los casinos, entre otros) siento un ligero deja-vu con el 11 de septiembre.
Yo sigo aquí, ya ni me quejo del mucho trabajo y los pocos recursos porque sería como quejarse del mal clima o de la carestía. Tampoco me quejo de la soledad: si sigo sola es porque la gana se me da. El online dating caro no me dio sino rechazos los primeros dos meses (ni que hubiera puesto las fotos de Quasimoda) y por allá no volví a pesar de la inversión. Mis amigos que me quieren me insinúan con toda la diplomacia del mundo que yo debiera cambiar cositas (mi aspecto, mis rutinas) pero es en este punto donde el ser tranquilo que ahora aspiro a ser se embala, se da cabezazos contra la pared y dice: si es así, entonces sola (miserable pero tranquila) y nos vamos todos para nuestra mierda, mucho gusto, buenas noches a todos.
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martes, 3 de marzo de 2020
sábado, 12 de noviembre de 2016
Historias de CDs
Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos
Hace poco me dio por escuchar en el trabajo el único álbum que tengo en el disco duro de mi portátil laboral: Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos. Creo que se lo copié a mi amigo U* -que está condenado a volver a Hamburgo aun cuando no le guste ni un poquito de lo que yo la amo-. Este disco es el soundtrack existencial de mi década entre los middle 20s y middle 30s. Todas sus canciones representan alguna vivencia real o posible, me sigue estremeciendo oir experiencias y pensamientos propios cantados en un rockcito valiente por una mujer preciosa y sobre todo con la misma rebeldía y energía en el corazón de aquellos tiempos. Lo único bueno que pudiera abonársele al fatídico novio que tuviera en mis early 20s es que por eso "Las suelas de mis botas", "Mil pedazos", "Que me parta un rayo" o "Tengo una pistola" adquirieron carácter Musidramas autobiográfico. Esta última canción también arrastraba consigo un desespero existencial inexplicable, rabioso, anudado al cuello. Cuando oí la canción hace poco me chocó tanto patetismo, ya después de décadas ya no dan ni el cuerpo ni el tiempo para tanta desesperación aun cuando la angustia existencial siga ahí, después de décadas.
Cuando me aprestaba a conducir un auto sola por vez primera puse "Dile a papá" en el playlist de la ocasión (por aquello de que me iba a coronar princesa de la autopista), pero seguí oyendo el resto que decía "..dile a los chicos / que no volveré más" y me dio un embiste de nostalgia como muy pocas veces me ha pasado en estos ya más 15 años de pseudoexilio. Aún hoy en día no dejan de repetirse noches infructuosas en las que acabo en unos desparches bien bravos con el corazón lleno de pulgas. He tenido muchos días sin malditas florecitas ni arcoiris sobre mí pero también perfectamente felícisimos en compañía de gente maravillosa. Hace poco leí un artículo de las traducciones alemanas del Corto Maltese y por fin pude entender qué era lo que Christina se había comprado en ese bazar. En suma, no había caído en cuenta de que mi biografía tenía un soundtrack tan cercano.
Hace poco me dio por escuchar en el trabajo el único álbum que tengo en el disco duro de mi portátil laboral: Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos. Creo que se lo copié a mi amigo U* -que está condenado a volver a Hamburgo aun cuando no le guste ni un poquito de lo que yo la amo-. Este disco es el soundtrack existencial de mi década entre los middle 20s y middle 30s. Todas sus canciones representan alguna vivencia real o posible, me sigue estremeciendo oir experiencias y pensamientos propios cantados en un rockcito valiente por una mujer preciosa y sobre todo con la misma rebeldía y energía en el corazón de aquellos tiempos. Lo único bueno que pudiera abonársele al fatídico novio que tuviera en mis early 20s es que por eso "Las suelas de mis botas", "Mil pedazos", "Que me parta un rayo" o "Tengo una pistola" adquirieron carácter Musidramas autobiográfico. Esta última canción también arrastraba consigo un desespero existencial inexplicable, rabioso, anudado al cuello. Cuando oí la canción hace poco me chocó tanto patetismo, ya después de décadas ya no dan ni el cuerpo ni el tiempo para tanta desesperación aun cuando la angustia existencial siga ahí, después de décadas.
Cuando me aprestaba a conducir un auto sola por vez primera puse "Dile a papá" en el playlist de la ocasión (por aquello de que me iba a coronar princesa de la autopista), pero seguí oyendo el resto que decía "..dile a los chicos / que no volveré más" y me dio un embiste de nostalgia como muy pocas veces me ha pasado en estos ya más 15 años de pseudoexilio. Aún hoy en día no dejan de repetirse noches infructuosas en las que acabo en unos desparches bien bravos con el corazón lleno de pulgas. He tenido muchos días sin malditas florecitas ni arcoiris sobre mí pero también perfectamente felícisimos en compañía de gente maravillosa. Hace poco leí un artículo de las traducciones alemanas del Corto Maltese y por fin pude entender qué era lo que Christina se había comprado en ese bazar. En suma, no había caído en cuenta de que mi biografía tenía un soundtrack tan cercano.
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miércoles, 3 de agosto de 2016
Dicha de verano
Y en menos de nada lleva el verano 800 años aunque las vacaciones escolares en realidad hayan comenzado hace apenas 3 semanas, las condiciones luminosas hasta tarde ya son normales y no joden, pocos pero alcanzó a haber algunos días de sandalia, no llovió el día de mi cumpleaños pero sí estuvo gris.
2016 se escurría en sus rutinas hasta fines de mayo con un fin de semana alargado a partir de una reunión de trabajo un viernes en Berlín. Berlín del alma siempre vale la pena la visita, esta vez me quedé en un barrio occidental en donde nunca pasó nada ni en tiempos del muro ni ahora y se sintió muy raro y conocí personalmente a alguien de Twitter. Junio tuvo dos excursiones a Amsterdam, una a principios del mes en compañía de mi alma gemela y la otra a finales con mis hermanos y sobrino. El encuentro con los -medio- hermanos estuvo muy emotivo por la presencia del mayor y su hijo cincoañero que viven en Colombia (se fueron de nuestra natal Bogotá a Cali hace 2 años) y con quien no hablaba largo y tendido desde hacía más de 30 años -a sobrino sí lo conocía pero con él el trato había sido 0-, todo en el marco de una festividad muy alegre del hermano menor que vive en Holanda hace ya años y ya es como de la casa, como pasa también con el alma gemela.
La visita familiar se replicó en mi domicilio düsseldorfeño a principios de julio. De haber un solo especímen M. en esta casa pasó a haber 4 de un momento para otro. Aún digiero la avalancha de cheveridad de aquellos días. Me alegro mucho de que mis hermanos sean y estén ahí. El sobrino fue un capítulo aparte de aprendizaje y disfrute por parte de esta respetable señora que se quedó vistiendo santos por ese lado.
A fines de julio tuve otro encuentro afortunado y raro, uno de los personajes de mi biografía, mi roommate de 7 años en Bogotá, estaba de paso en Hamburgo. Al lado del tiempo familiar, esas 11 horas con este hombre cuentan entre las más preciadas del año, de la vida, de los recuerdos.
Soy dichosa.
2016 se escurría en sus rutinas hasta fines de mayo con un fin de semana alargado a partir de una reunión de trabajo un viernes en Berlín. Berlín del alma siempre vale la pena la visita, esta vez me quedé en un barrio occidental en donde nunca pasó nada ni en tiempos del muro ni ahora y se sintió muy raro y conocí personalmente a alguien de Twitter. Junio tuvo dos excursiones a Amsterdam, una a principios del mes en compañía de mi alma gemela y la otra a finales con mis hermanos y sobrino. El encuentro con los -medio- hermanos estuvo muy emotivo por la presencia del mayor y su hijo cincoañero que viven en Colombia (se fueron de nuestra natal Bogotá a Cali hace 2 años) y con quien no hablaba largo y tendido desde hacía más de 30 años -a sobrino sí lo conocía pero con él el trato había sido 0-, todo en el marco de una festividad muy alegre del hermano menor que vive en Holanda hace ya años y ya es como de la casa, como pasa también con el alma gemela.
La visita familiar se replicó en mi domicilio düsseldorfeño a principios de julio. De haber un solo especímen M. en esta casa pasó a haber 4 de un momento para otro. Aún digiero la avalancha de cheveridad de aquellos días. Me alegro mucho de que mis hermanos sean y estén ahí. El sobrino fue un capítulo aparte de aprendizaje y disfrute por parte de esta respetable señora que se quedó vistiendo santos por ese lado.
A fines de julio tuve otro encuentro afortunado y raro, uno de los personajes de mi biografía, mi roommate de 7 años en Bogotá, estaba de paso en Hamburgo. Al lado del tiempo familiar, esas 11 horas con este hombre cuentan entre las más preciadas del año, de la vida, de los recuerdos.
Soy dichosa.
lunes, 22 de julio de 2013
Algo se ha hecho
Este año ha estado rico en viajecitos cortos en los que la he pasado muy, muy bien. Dublin me conquistó con su agua blanda magnífica para el pelo, su cerveza, su espontaneidad -la de la ciudad, la de la gente también-, su comida; en Dublin comprobé que el flirt aún es posible -lo hice como hacía años no lo hacía-. Con U. pasé un puente buenísimo en mayo, conversado y diverso en actividades en / alrededor de Karlsruhe, incluyendo Strasbourg. Con N. por fin hicimos el deber de encontrarnos y de desempolvar esta amistad hablando y riendo por horas, incluso después de haber apagado la luz, en un fin de semana lluvioso en Hamburgo. Berlín called, manouvring @donAlvar to organize the meeting y sacando del sombrero un festival con Monsieur Periné y los Van-Van. Coming next, anniversaire à Paris.
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viernes, 21 de diciembre de 2012
Fin del mundo de 2012
Es un misterio insondable por qué a veces descuido tanto este sitio, si me da tanto gusto tenerlo. Aún tengo un post en borrador sobre mi viaje camboyano (ayer, cuando mi amiga del colegio me preguntó al respecto en nuestra charla en skype, estuve hablando sin problema por casi media hora, estando el viaje ya tan lejano en el pasado y en el recuerdo). Desde mi regreso hasta hace pocos días tuve realmente mucho que hacer en el trabajo, también tuve otros dos viajes domésticos, un visitante y una persecución de una firma. El fin de año estuvo bastante ajetreado. Pero hoy comienzo una pausa de 12 días en los que voy a poder dormir a pierna suelta y a hacer lo que se me dé la gana. Desparcharemos juntas la Navidad con una amiga de Medellín que pronto se regresa. Me expondré a la luz del escaso sol en un día mujercito de shopping y latte machiato -con recompensa en la tienda de libros, as usual- en uno de los días hábiles que tendré a disposición. Tendré invitados a cocinar en la casa. Espero poder recibir a 2013 bailoteando ebria. Veré a un compañero de ruta entrañable en la parte bonita de la isla en que vive en enero.
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jueves, 20 de septiembre de 2012
Ein erfüllter Wünsch
Encontrar amigos es cada vez más difícil. Nuestras exigencias aumentan con el tiempo, en la misma o mayor proporción en que las posibilidades de conocer gente disminuyen. Durante mis largas estancias académicas tuve el privilegio de hacerme a un muy buen amigo en cada período. Es así como mantengo contacto con Hipo, mi amiga del colegio; así fui a parar por segunda vez a una ciudad ignota en Polonia para ver a Margarita -la amiga de pregrado de la UN- en escena Meg Ryan hace un año; es como de vez en cuando skypeo con Horax -el compinche de la especialización en la UN que ahora está en Cangurolandia, como él dice- y conocí a A. su hermana, en esta ciudad; es como de vez en cuando tengo noticias de Natasha -fuimos becarias de la misma institución durante el doctorado- desde su dolor en Hamburgo.
Y es como tengo a mi amigo C, con quien nos conocimos en nuestros másteres en Hamburgo. Es una cuestión de similitud de almas (no nos da para gemelas pero sí para afines) que en ese entonces cuando nos conocimos devino en algún tipo de relación extraña de pareja porque no supimos cómo más asumirlo. Por la incompatibilidad de tendencias, era obvio que eso en plan pareja no funcionaría jamás. Nevertheless, alcancé a subirme tontamente en esa ilusión (sin dejar de seguir arrastrando un pie en la realidad) como para ponerme celosa mientras duró -ah, celos intensos los de aquel tiempo- y triste cuando terminó. La relación tuvo períodos en que se mantuvo a distancia por hacer C. prácticas en ciudades distintas de Hamburgo . C. regresó a su natal D.F. en febrero de 2003 cuando acabamos el máster. Hubo un encuentro inesperado en primavera. La última vez que estuvimos juntos como pareja fue en mi visita al D.F. en noviembre de aquel año, cuando terminamos. Fue la vez del encuentro con el manito, btw. Nuestra escena final fue muy parecida a la de Lost in Translation. Había dejado el pasaporte sobre la mesa en su apartamento, tuve que regresar en el taxi con el que iba al aeropuerto y lo vi una vez más, esa si la última, pero "extra", porque ya nos habíamos despedido. Lloré mares con el final de esa película. Además la vi poco después de mi llegada de aquel viaje.
Estuvimos distanciados algunos meses (¿quizás años?) pero finalmente retomamos el contacto. Su hermana se radicó en París cuando aún estábamos en Alemania, así que venía a Europa seguido. Entre tantos ires y venires alcanzamos a vernos un par de veces en el mejor de los planes y él alcanzó a enamorarse de París. Tanto, que hace dos años que allí reside. Eso nos ha acercado bastante. De París regresaba cuando mi marido me recibió con su maleta hecha, presto a largarse. Hablamos mínimo una vez por semana. Con él festejé mi cumpleaños pasado en Budapest y con él me veré mañana en Amsterdam.
En aquellos tiempos desesperanzados cuando estábamos juntos, yo no perdía oportunidad alguna de prender velas en la iglesia para pedirle a todos los santos que lo dejaran a mi lado. A la larga accedieron a mi petición. :-)
Y es como tengo a mi amigo C, con quien nos conocimos en nuestros másteres en Hamburgo. Es una cuestión de similitud de almas (no nos da para gemelas pero sí para afines) que en ese entonces cuando nos conocimos devino en algún tipo de relación extraña de pareja porque no supimos cómo más asumirlo. Por la incompatibilidad de tendencias, era obvio que eso en plan pareja no funcionaría jamás. Nevertheless, alcancé a subirme tontamente en esa ilusión (sin dejar de seguir arrastrando un pie en la realidad) como para ponerme celosa mientras duró -ah, celos intensos los de aquel tiempo- y triste cuando terminó. La relación tuvo períodos en que se mantuvo a distancia por hacer C. prácticas en ciudades distintas de Hamburgo . C. regresó a su natal D.F. en febrero de 2003 cuando acabamos el máster. Hubo un encuentro inesperado en primavera. La última vez que estuvimos juntos como pareja fue en mi visita al D.F. en noviembre de aquel año, cuando terminamos. Fue la vez del encuentro con el manito, btw. Nuestra escena final fue muy parecida a la de Lost in Translation. Había dejado el pasaporte sobre la mesa en su apartamento, tuve que regresar en el taxi con el que iba al aeropuerto y lo vi una vez más, esa si la última, pero "extra", porque ya nos habíamos despedido. Lloré mares con el final de esa película. Además la vi poco después de mi llegada de aquel viaje.
Estuvimos distanciados algunos meses (¿quizás años?) pero finalmente retomamos el contacto. Su hermana se radicó en París cuando aún estábamos en Alemania, así que venía a Europa seguido. Entre tantos ires y venires alcanzamos a vernos un par de veces en el mejor de los planes y él alcanzó a enamorarse de París. Tanto, que hace dos años que allí reside. Eso nos ha acercado bastante. De París regresaba cuando mi marido me recibió con su maleta hecha, presto a largarse. Hablamos mínimo una vez por semana. Con él festejé mi cumpleaños pasado en Budapest y con él me veré mañana en Amsterdam.
En aquellos tiempos desesperanzados cuando estábamos juntos, yo no perdía oportunidad alguna de prender velas en la iglesia para pedirle a todos los santos que lo dejaran a mi lado. A la larga accedieron a mi petición. :-)
lunes, 9 de julio de 2012
Mi suerte de recicladora
Cuando bajé al sótano a parquear la bicicleta vi una caja recostada contra el container amarillo de la basura (el de los empaques) que reflejaba de manera extraña la luz trasera de la bicicleta. Pensé que era un empaque grande de chocolates, pero cuando lo alcé, se leían las siguientes palabras:
y abajo en un cuadrito amarillo
Al menos mi suerte como recicladora involuntaria se mantiene.
No sé si conservar la caja (no tengo tocadiscos) o irme de gesto "chimbo" de amistad dándosela al hombre que salió de y volvió a la nada, con quien hará unos dos meses reanudamos relaciones diplomáticas. No porque lo tenga en especial consideración, sino sería apenas una cuestión de optimizar la emoción del hallazgo: por su naturaleza de cazador de LPs en mercados de pulgas supongo que él, de todas las personas que conozco (incluída yo), es quien más se alegraría de poseer la caja. Claro que capaz que se la doy y me dice que ya la tiene, que el hombre también suele salir con tiros así.
Beethoven
9 Symphonien
Karajan
Berliner Philarmoniker
y abajo en un cuadrito amarillo
Deutsche Gramophon
Al menos mi suerte como recicladora involuntaria se mantiene.
No sé si conservar la caja (no tengo tocadiscos) o irme de gesto "chimbo" de amistad dándosela al hombre que salió de y volvió a la nada, con quien hará unos dos meses reanudamos relaciones diplomáticas. No porque lo tenga en especial consideración, sino sería apenas una cuestión de optimizar la emoción del hallazgo: por su naturaleza de cazador de LPs en mercados de pulgas supongo que él, de todas las personas que conozco (incluída yo), es quien más se alegraría de poseer la caja. Claro que capaz que se la doy y me dice que ya la tiene, que el hombre también suele salir con tiros así.
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sábado, 18 de junio de 2011
Is anyone there?
El 25 de septiembre de 2010 escribí:
Aún no sé por qué decidí seguir y por ende borrar esa entrada. Lo bueno de esa terquedad fue que ahora no estoy haciéndome ninguna pregunta del tipo "what if I had done...". La cifra del tiempo casi alcanza a llegar al séptimo año y fue él el que se fue a motu propio, él buscó solito la puerta de salida.
No me sentía de ningún ánimo para postear en este blog, que comenzó poco después de empezar nuestra convivencia juntos. Siempre estuvo él a mi lado desde que aquí escribo. Hasta hace dos meses. Esa sensación de "it's gone" es aterradora, es casi como una muerte, pero ya la superé, igual el muchacho is still alive.
Aquí tal vez no, pero en mi diario personal sí hay buena cuenta de que esta no fue ninguna decisión súbita, sino algo que venía cocinándose hace ya rato. Es triste ver que la persona que amas está impedida para amar, no puede porque tiene otro montón de rollos propios que resolver.
Me siento sola, pero sé estar sola. Si no, hubiera regresado loca de mi autodestierro maltés de diez largos días. Como el apóstol San Pablo, vine a encallar en esa isla (de hecho mi hotel quedaba en la Saint Paul's Bay, convertida hoy en el Melgar / veraneadero de medio pelo maltés). En el largo vuelo de regreso leí la prensa local. En primera página daban cuenta de la identificación del sospechoso de haber apuñaleado a una turista búlgara de 40 años en un hotel en la misma calle en la que quedaba el mío. Por poco y alcanzo a mojar prensa yo también.
La soledad maltesa me sirvió para pensar; el regreso, París con mis amigos queridos del tiempo alemán (ambos juntos los dos, aún me falta juntarlos con mi recontra partner número tres en Berlín) y Bretaña me sirvieron para tomar ánimos y comenzar ahora sí a despedirme de él en el interior de mi ser.
La vez que se me ocurrió mirar a mi alrededor en Malta tuvo la mala suerte de pasar en mi segundo día en el Melgar maltés. Un chico nigeriano que trabajaba lavando platos (me late que buscando algún lucro: aún no estoy tan necesitada como para pagar!) y un "ñor" australiano en sus late 50's -aunque pobre balance, siquiera se me arrimó alguien- Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que justo ahí caí en cuenta de que la última vez que salí en ese plan había sido hace exactamente siete años, el very day que conocí a mi hoy exmarido; de ese aniversario quise escapar con este viaje. Ese hallazgo me sacó el aire y me dolió un poco. Quedé escaldada y en primera, quietecita en mi rincón.
Hasta anoche. Caí en el único bar de Düsseldorf que mi Bauchgefühl zugelassen hat, había buenos tunes que invitaban a la danza y súbitamente comenzamos la danza y yo, el resto no importaba, ni siquiera los pocos ejemplares mirables y solos o con otros amigos -léase: sin pareja- que por ahí se veían -mi olfato de bares aún funciona!-, cuando de la nada salió un hombre y se plantó al frente mío...
Mientras estuve en el quiet modus recordé los innúmeros encuentros casuales que hasta ahora he tenido, desde los amigos espontáneos hechos mientras esperaba al novio o a las amigas que nunca llegaron, pasando por alegres ONSs que comenzaron preguntando la hora o pidiendo fuego, y por escenas dignas de cualquier película de Meg Ryan o de "Before sunrise" (me quedé en los 90's en ese género, lo siento). Y pensé que jamás me volvería a ocurrir, pero no era cierto, menos mal. Qué cosquilleo y qué alivio me causa el que esas escenitas aún no me abandonen.
Acabo de desbaratar mi mundo de los últimos seis anios de un plumazo.
La certeza de que no quedaba de otra ayuda a paliar la tristeza.
como se puede ver y como muchas veces, gracias Autoliniers.
Aún no sé por qué decidí seguir y por ende borrar esa entrada. Lo bueno de esa terquedad fue que ahora no estoy haciéndome ninguna pregunta del tipo "what if I had done...". La cifra del tiempo casi alcanza a llegar al séptimo año y fue él el que se fue a motu propio, él buscó solito la puerta de salida.
No me sentía de ningún ánimo para postear en este blog, que comenzó poco después de empezar nuestra convivencia juntos. Siempre estuvo él a mi lado desde que aquí escribo. Hasta hace dos meses. Esa sensación de "it's gone" es aterradora, es casi como una muerte, pero ya la superé, igual el muchacho is still alive.
Aquí tal vez no, pero en mi diario personal sí hay buena cuenta de que esta no fue ninguna decisión súbita, sino algo que venía cocinándose hace ya rato. Es triste ver que la persona que amas está impedida para amar, no puede porque tiene otro montón de rollos propios que resolver.
Me siento sola, pero sé estar sola. Si no, hubiera regresado loca de mi autodestierro maltés de diez largos días. Como el apóstol San Pablo, vine a encallar en esa isla (de hecho mi hotel quedaba en la Saint Paul's Bay, convertida hoy en el Melgar / veraneadero de medio pelo maltés). En el largo vuelo de regreso leí la prensa local. En primera página daban cuenta de la identificación del sospechoso de haber apuñaleado a una turista búlgara de 40 años en un hotel en la misma calle en la que quedaba el mío. Por poco y alcanzo a mojar prensa yo también.
La soledad maltesa me sirvió para pensar; el regreso, París con mis amigos queridos del tiempo alemán (ambos juntos los dos, aún me falta juntarlos con mi recontra partner número tres en Berlín) y Bretaña me sirvieron para tomar ánimos y comenzar ahora sí a despedirme de él en el interior de mi ser.
La vez que se me ocurrió mirar a mi alrededor en Malta tuvo la mala suerte de pasar en mi segundo día en el Melgar maltés. Un chico nigeriano que trabajaba lavando platos (me late que buscando algún lucro: aún no estoy tan necesitada como para pagar!) y un "ñor" australiano en sus late 50's -aunque pobre balance, siquiera se me arrimó alguien- Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que justo ahí caí en cuenta de que la última vez que salí en ese plan había sido hace exactamente siete años, el very day que conocí a mi hoy exmarido; de ese aniversario quise escapar con este viaje. Ese hallazgo me sacó el aire y me dolió un poco. Quedé escaldada y en primera, quietecita en mi rincón.
Hasta anoche. Caí en el único bar de Düsseldorf que mi Bauchgefühl zugelassen hat, había buenos tunes que invitaban a la danza y súbitamente comenzamos la danza y yo, el resto no importaba, ni siquiera los pocos ejemplares mirables y solos o con otros amigos -léase: sin pareja- que por ahí se veían -mi olfato de bares aún funciona!-, cuando de la nada salió un hombre y se plantó al frente mío...
Mientras estuve en el quiet modus recordé los innúmeros encuentros casuales que hasta ahora he tenido, desde los amigos espontáneos hechos mientras esperaba al novio o a las amigas que nunca llegaron, pasando por alegres ONSs que comenzaron preguntando la hora o pidiendo fuego, y por escenas dignas de cualquier película de Meg Ryan o de "Before sunrise" (me quedé en los 90's en ese género, lo siento). Y pensé que jamás me volvería a ocurrir, pero no era cierto, menos mal. Qué cosquilleo y qué alivio me causa el que esas escenitas aún no me abandonen.
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