Lo malo de ausentarse tanto tiempo es que uno no sabe ni por dónde comenzar. El 2019 transcurrió en el nuevo domicilio (a orillas del Düssel y en donde no pasa nada, el domicilio anterior era la esquina del movimiento en comparación: pasaban al menos los erizos) y sin asomarse ni siquiera por aquí.
Angie sigue ahí, pero no pudo irse de feliz ocaso. Su figura opacó a su partido, a su sucesora le quedaron grandes los zapatos y ahora los lobos a los que Angie les pusiera la pata salen de sus grutas, más calvos pero haciendo de cuenta que aún siguen en 2005.
El AfD sigue ahí, ganando fuerza en el oriente, mostrando cada vez más las garras nazis.
El corona virus se impuso, recuerdo el titular pequeñito en una esquina de una nueva enfermedad en China cuando comenzó el año y estábamos todos impresionados con las fotos de los incendios australianos y vea dónde va el bicho ese 2 meses después, unos 3000 muertos en todo el mundo, ya hizo su triunfal entrada en casi todos los continentes (Oceanía no sé). Por todo el alboroto y las medidas (mi empleador canceló todas las reuniones y viajes internacionales, cerró los casinos, entre otros) siento un ligero deja-vu con el 11 de septiembre.
Yo sigo aquí, ya ni me quejo del mucho trabajo y los pocos recursos porque sería como quejarse del mal clima o de la carestía. Tampoco me quejo de la soledad: si sigo sola es porque la gana se me da. El online dating caro no me dio sino rechazos los primeros dos meses (ni que hubiera puesto las fotos de Quasimoda) y por allá no volví a pesar de la inversión. Mis amigos que me quieren me insinúan con toda la diplomacia del mundo que yo debiera cambiar cositas (mi aspecto, mis rutinas) pero es en este punto donde el ser tranquilo que ahora aspiro a ser se embala, se da cabezazos contra la pared y dice: si es así, entonces sola (miserable pero tranquila) y nos vamos todos para nuestra mierda, mucho gusto, buenas noches a todos.
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martes, 3 de marzo de 2020
jueves, 14 de septiembre de 2017
Soy sola
El barquito al que aludiera al final de esta entrada no naufragó, pero encalló. Hace ya rato. Yo y mi resiliencia dizque para estar segura y después no arrepentirme.
No me sentí más con tripas para estar con alguien que me quiere y me respeta y me trata como una princesa y con quien hacemos planes chéveres pero que no se siente seguro así me quede a su lado ni está en paz consigo mismo.
No tengo problema con quedarme sola, pero sí tengo temor de ser exigente sin darme cuenta y no poder estar con nadie y peor aún, no poder quererlo ni dejarme querer.
No me sentí más con tripas para estar con alguien que me quiere y me respeta y me trata como una princesa y con quien hacemos planes chéveres pero que no se siente seguro así me quede a su lado ni está en paz consigo mismo.
No tengo problema con quedarme sola, pero sí tengo temor de ser exigente sin darme cuenta y no poder estar con nadie y peor aún, no poder quererlo ni dejarme querer.
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sábado, 12 de noviembre de 2016
Finales de película
Me siento como en un final de película en los que, al son de una canción, la cámara se va alejando, el paisaje va llenándolo todo y el personaje de la última escena se pierde en la multitud o en la grandeza del paisaje, ya abandonado por el guión y los espectadores a su propia suerte. Ya es asunto de él qué va a seguir haciendo con su vida cuando hayamos salido del teatro o parado el player.
Mientras el zoom se aleja y y mi imagen montando en bicicleta se pierde en el paisaje del valle del Rin (con "Brimful of Asha" de Cornershop como música de fondo), quisiera tener la presencia de ánimo de Meryl Streep cuando va en el avión huyendo del miserable marido y cantándoles a sus dos hijos "Itsy Bitsy Spider" al final de "Heartburn" para seguir tan campante con mi vida.
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jueves, 7 de agosto de 2014
Cambié todo para seguir igual... de desubicada
Desubicada en algún colegio de señoritas pobres en la década de los 80s en Bogotá porque en ese entonces ya era cosa común tener un novio pero yo, por razones que se me escapaban, no tenía nada que se le pareciera.
Desubicada en algún potencial encuentro de exalumnas del mismo colegio de señoritas pobres en la década de los 10s -tengo noticia de que acontecen porque me invitan- porque ya todas tienen sus esposos, hijos y/o novios a cuestas pero yo, por razones que aún se me escapan, no tengo ninguno de esos ítems, apenas tengo un exmarido.
Desubicada en algún potencial encuentro de exalumnas del mismo colegio de señoritas pobres en la década de los 10s -tengo noticia de que acontecen porque me invitan- porque ya todas tienen sus esposos, hijos y/o novios a cuestas pero yo, por razones que aún se me escapan, no tengo ninguno de esos ítems, apenas tengo un exmarido.
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viernes, 20 de junio de 2014
Espejos
La historia de la vecina nonagenaria sería de lo más irrelevante si no fuera porque es un espejo que me pone el destino de otra historia paralela, una que transcurre en dos continentes y no en uno y he ahí donde radica buena parte del drama.
La participante de la historia en el otro continente también tiene otra historia espejo en su entorno que le refleja la nuestra. Pero los espejos son diferentes: mientras el mío deforma las figuras, el suyo las pone en negativo.
Y ya. El melodrama sigue su curso como puede, como le toca, pero no deja de parecerme irónico que cada una tenga un bendito espejo sin haberlo buscado que no deja de recordarnos todo el rollo en el que andamos metidas, como si no tuviéramos ya bastante con él.
La participante de la historia en el otro continente también tiene otra historia espejo en su entorno que le refleja la nuestra. Pero los espejos son diferentes: mientras el mío deforma las figuras, el suyo las pone en negativo.
Y ya. El melodrama sigue su curso como puede, como le toca, pero no deja de parecerme irónico que cada una tenga un bendito espejo sin haberlo buscado que no deja de recordarnos todo el rollo en el que andamos metidas, como si no tuviéramos ya bastante con él.
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jueves, 13 de febrero de 2014
Una vecina mala gente
La vecina octogenaria ya se convirtió en nonagenaria. Después de 6 años de indiferencia vecinal mía, ella se empeña en que seamos buenas vecinas. Nunca ha dejado de insistir en hacer de mí la vecina que ella sueña, pero hasta ahora me había quedado muy cómodo hacerme la loca porque siempre lo hacía regañándome y reprochándome. No olvidar que su apartamento apesta a bar de mala muerte por su fumadera, la escalera queda apestando a lo mismo cuando ella abre su puerta. [Dato: fumar no necesariamente mata, vean este ejemplo]. Y no es que esté íngrima sola: el hijo viene a verla los domingos y entre semana, también tiene una amiga que la visita (me doy cuenta cuando la visitante deja su rollator -en inglés "walking frame" y en español no encuentro- junto a la puerta del edificio) y consiguió chantajear al vecino cubano para que vaya a verla arrojándose a llorar a sus brazos cuando él le abrió la puerta una vez que ella fue a pedirle que la visitara. Eso me lo contó él cuando nos encontramos alguna vez en el sótano, también haciéndole publicidad a la señora: "Tu deberíah también ir a verla".
Pero la señora cambió su approach la semana pasada. Llegó el lunes muy decente a invitarme a su casa. Con mucho esfuerzo para no desviar la mirada al cielo asentí ir a verla y jugar parqués (el nombre alemán del parqués es divertido, se llama "no te enojes"), pero ese lunes mismo no podía, todavía me faltaba hablar con mi mamá por Skype. Todo el resto de la semana llegué tarde. El viernes llegué a eso de las 19:30, cansada y con ganas de tomarme una cervecita que había comprado, nada más para que doña vecina llegara inmediatamente a tocar a la puerta (no he querido cambiarle la pila al timbre de arriba -es un ridículo timbre de pila!!- precisamente para no tener que oír los timbrazos de la señora en cuestión). Renegué en buen español y no abrí. Mis eventuales propósitos de ir a hacerle una visitica corta se fueron al cuerno.
Maldita vieja, consiguió hacerme sentir mala gente, pero mi vana rebeldía es tanta que prefiero mis remordimientos a tener que ir a verla.
Adenda: La buena señora no se cansa de insistir. La he pillado tocando a la puerta una que otra vez desde el ojo mágico. También hemos tenido (a junio de 2014) otros dos encontrones. El primero, en el cual no sé por qué cuernos abrí la puerta, comenzó ella con su perorata "usted quedó que iba a venir a verme", "vea que yo tan sola", etc. Cuando puso cara de cordero degollado, no encontré otra que decir "qué pena, no tengo tiempo" y tirarle la puerta en la cara. El segundo fue el fin de semana pasado, yo llegaba cargando mi canasta de botellas de agua y ella me esperaba con su puerta de par en par (de lo que puede darse cuenta cualquier cristiano que llega al edificio por la peste tabacalera que sale de su apartamento). "Ah, ahí está ella, a quien no le interesa lo que nos pase a nosotros las personas viejas...". Yo me metí a mi casa diciendo algo así como "Buen día a usted también", cerré mi puerta y eché llave -cosa que hago siempre desde que azotara la puerta el otro día y la desajustara-. El quid del asunto en esta ocasión es que el vecino cubano, que está de su lado, fue testigo. No sé si la vecina nonagenaria deje de joderme, pero lo que sí es cierto es que perdí todos afectos del vecino, que ya no me hace la charla como antes sino que apenas me da fríamente los buenos días cuando me lo encuentro.
Lo dicho, soy una vecina mala gente.
Pero la señora cambió su approach la semana pasada. Llegó el lunes muy decente a invitarme a su casa. Con mucho esfuerzo para no desviar la mirada al cielo asentí ir a verla y jugar parqués (el nombre alemán del parqués es divertido, se llama "no te enojes"), pero ese lunes mismo no podía, todavía me faltaba hablar con mi mamá por Skype. Todo el resto de la semana llegué tarde. El viernes llegué a eso de las 19:30, cansada y con ganas de tomarme una cervecita que había comprado, nada más para que doña vecina llegara inmediatamente a tocar a la puerta (no he querido cambiarle la pila al timbre de arriba -es un ridículo timbre de pila!!- precisamente para no tener que oír los timbrazos de la señora en cuestión). Renegué en buen español y no abrí. Mis eventuales propósitos de ir a hacerle una visitica corta se fueron al cuerno.
Maldita vieja, consiguió hacerme sentir mala gente, pero mi vana rebeldía es tanta que prefiero mis remordimientos a tener que ir a verla.
Adenda: La buena señora no se cansa de insistir. La he pillado tocando a la puerta una que otra vez desde el ojo mágico. También hemos tenido (a junio de 2014) otros dos encontrones. El primero, en el cual no sé por qué cuernos abrí la puerta, comenzó ella con su perorata "usted quedó que iba a venir a verme", "vea que yo tan sola", etc. Cuando puso cara de cordero degollado, no encontré otra que decir "qué pena, no tengo tiempo" y tirarle la puerta en la cara. El segundo fue el fin de semana pasado, yo llegaba cargando mi canasta de botellas de agua y ella me esperaba con su puerta de par en par (de lo que puede darse cuenta cualquier cristiano que llega al edificio por la peste tabacalera que sale de su apartamento). "Ah, ahí está ella, a quien no le interesa lo que nos pase a nosotros las personas viejas...". Yo me metí a mi casa diciendo algo así como "Buen día a usted también", cerré mi puerta y eché llave -cosa que hago siempre desde que azotara la puerta el otro día y la desajustara-. El quid del asunto en esta ocasión es que el vecino cubano, que está de su lado, fue testigo. No sé si la vecina nonagenaria deje de joderme, pero lo que sí es cierto es que perdí todos afectos del vecino, que ya no me hace la charla como antes sino que apenas me da fríamente los buenos días cuando me lo encuentro.
Lo dicho, soy una vecina mala gente.
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domingo, 9 de junio de 2013
Poniendo puntos finales.
Los juzgados de este estado están en su capital. Estrenan un edificio muy bonito (hará cosa de 2 años que lo inauguraron) cerca del centro de Düsseldorf. No alcanza a salir en el Street View, cuando fotografiaron esa esquina recién comenzaba la obra. Llegué a eso de las 9:10, había tiempo de sobra, mi cita era las 9:30. Subí por la escalera, parte de un hall amplio techado en vidrio que incluye también la entrada y que tiene obras de arte en cerámica en las paredes laterales, hasta el segundo piso, donde estaba mi sala. Pasillos amplios, como balcones con vista al hall, paredes de madera, con monitores al lado de cada puerta con el horario de citas del día. Primera sorpresa divertida de la mañana: ninguno de los citados aquella mañana en esa sala tenía nombre alemán. Sólo había nombres hispanos, polacos, rusos y griegos. Llegó mi abogado. Tiene un olor particular que no había advertido. Tenía ganas de café y necesidad de agua, así que bajé de nuevo a la cafetería. Esta vez sí usé el ascensor para regresar al segundo piso; al llegar al hall, vi al miex y a su abogado en la baranda del balcón. Hice como si no lo hubiera visto (igual yo estaba distante) y me senté con mi abogado; ese puesto estaba en su radio de vista, así que cuando me vio se despidió de su abogado y vino a verme. Me preguntó en español que cómo estaba, que si había dormido bien. Él no, dijo. Se deja crecer el pelo, lo tiene ya más abajo de las orejas. Ha subido de peso, no está regordo pero ya no es el muchachito esbelto con el que viví 7 años. Llegó la hora de la cita. Su abogado es más joven que el mío. Mientras nos dirigíamos a la sala advertí las batolas negras que tanto su abogado como el mío llevaban. Disfraces, el segundo detalle divertido de la mañana. Menos mal no llevaban pelucas, que ahí sí creo que no hubiera podido contener la risa. El juez también tenía una batola negra. De los tres embatolados, sería el más joven. La sala, muy moderna, tiene las mesas con formas de arco que en su disposición forman un círculo, dándole un aire futurista. Esto, el tapiz verde de la sala (combinado con madera, era armónico) y el juez dictándole a un aparato de dictado toda la diligencia me llevaban a la imagen inevitable del capitán de nave espacial redactando la bitácora de vuelo. Este tercer detalle divertido de la mañana no me dejó concentrarme en la esencia del asunto (sí, quiero divorciarme de este señor; sí, ya acordamos privadamente la división de bienes; no, no estoy de acuerdo con lo del reparto de la pensión) y apenas advertir otros detalles como el contraste de la sobriedad y sobradez de mi abogado con su i-pad con el despelote de carpetas y papeles cayéndose que apenas le cabía en el brazo del suyo. Mi recreación personal de esta película es invariablemente en tono de comedia, wie sonst bei mir.
La salida del juzgado, el regreso a la oficina y el resto de ese día ya no tuvieron más detalles divertidos, ya todo el resto fue nostalgia y tristeza, como la de esta vez pero ahora limitada en el tiempo, no la dejé estar más de 24 horas.. Lo que más me asombra, lo que deja todos estos sentimientos en una campana de vacío es que no hubiera carne que pudiera ser encendida, por primera vez en meses estaba en un abrazo, y también era muy posiblemente la última vez que estuviera en un tal abrazo con ese hombre, con esa persona, y sin embargo no logré abandonarme, por más que quise no pude sentir ni siquiera que algo se me tostara. Mi cuerpo ya había dejado ir hace tiempo y yo no me había dado cuenta.
La salida del juzgado, el regreso a la oficina y el resto de ese día ya no tuvieron más detalles divertidos, ya todo el resto fue nostalgia y tristeza, como la de esta vez pero ahora limitada en el tiempo, no la dejé estar más de 24 horas.. Lo que más me asombra, lo que deja todos estos sentimientos en una campana de vacío es que no hubiera carne que pudiera ser encendida, por primera vez en meses estaba en un abrazo, y también era muy posiblemente la última vez que estuviera en un tal abrazo con ese hombre, con esa persona, y sin embargo no logré abandonarme, por más que quise no pude sentir ni siquiera que algo se me tostara. Mi cuerpo ya había dejado ir hace tiempo y yo no me había dado cuenta.
lunes, 18 de marzo de 2013
Se rompe un silencio
Bien es cierto que dice más lo que uno calla que lo que uno dice, pero ya ha durado este silencio un buen semestre. Desde que finalmente tuve arrestos para enviar al último engendro de relación a su respectiva mierda, he estado sola. Más o menos la mitad de ese tiempo estuve lidiando con una recaída que tenía que darse tarde o temprano pero que hasta ahora no había tenido la oportunidad de tener lugar: la verdadera nostalgia / saudade del #miex. Ya estaba ahí la necesidad de contactarlo para evitar pagarle al fisco alemán algunos miles de euros que me cobraban por una declaración de impuestos hecha a las carreras y con las patas -por mí- cuando él me llamó a preguntar que cómo estaba. Esas horas que compartimos fue volver a revivir esa compinchería que no he vuelto a encontrar ever, recordar y reconocer un aspecto de esa pérdida que por el transcurso de los hechos había permanecido invisible. ¡Se rió de mis chistes metafísicos! hacía cuánto yo no vivía tal portento, que alguien se riera de eso. El caballero manifestó no tener agenda, cosa que obviamente no era cierta porque estaba muy cariñoso y meloso, eso me complicó también en algo los sentimientos, pero no caí tan bajo, de un abrazo lloroso y de caminar por Colonia y ver El Hobbit tomados del brazo de gancho no dejé pasar el asunto. Con esa tusa tuve para entretenerme el resto del invierno, que estuvo oscuro (el más oscuro en 43 años) y sigue frío. Sigue -remember que es middle march-. En enero por andar corriendo a tomar el tranvía resbalé -malparida empresa de transporte público no había limpiado de hielo la estación- y caí cuán larga soy sobre el lado exterior del muslo izquierdo. Me incorporé inmediatamente y logré subirme al tranvía, pero me dieron naúseas del dolor tan infeliz. No me salían las lágrimas aunque latían en la sordina del dolor. Daba alaridos de dolor en la oficina cuando me acomodaba mal en la silla, aunque eso sólo fue el primer día. Quedó un morado que mutó a verde y luego a negro antes de difuminarse. El dolor tardó semanas en irse. Tal cual sentí que fue la tristeza de haber extrañado por fin el lado que me unía con el #miex. He prescindido de contactos posteriores -que él no deja de proponer-, aparte del día de su cumpleaños en que le mandé un texto corto y hablamos 1:08 min cuando me llamó de vuelta.
El resto del tiempo me he encargado de despreciar al sujeto del obsequio fallido (y de despreciarme a mí misma por haber llegado a atribuirle viabilidad al asunto, guácala) y por ende de encontrar agobiante el mero hecho de considerar la presencia de alguien y de alegrarme montones de andar a mi aire. En suma, en modus "a mí que no me jodan" (dicho con la entonación de mi abuelito, una í muy larga y el resto de la frase breve). También está bien así.
El resto del tiempo me he encargado de despreciar al sujeto del obsequio fallido (y de despreciarme a mí misma por haber llegado a atribuirle viabilidad al asunto, guácala) y por ende de encontrar agobiante el mero hecho de considerar la presencia de alguien y de alegrarme montones de andar a mi aire. En suma, en modus "a mí que no me jodan" (dicho con la entonación de mi abuelito, una í muy larga y el resto de la frase breve). También está bien así.
domingo, 10 de marzo de 2013
Terapia
De adulta fue que comencé a darme cuenta de que la normalidad de mi infancia no era tan normal. Un ejemplo es el lugar de residencia que escogieron mis padres. Eso significó largas horas en compañía apenas de los montones de libros que mi papá compraba por baratos pero que no leía mientras que comenzaba la programación de televisión a las 4:30 pm entre semana o hasta que mis padres se levantaran -tarde- los fines de semana.
Algún día comenzaron a llevarme a cine a la nocturna con ellos, por alta pude entrar desde los 9 a películas de 12, así que yo ya desde esa tierna edad llegaba a la casa a las 11:30, 12, a madrugar al colegio al otro día a las 5:30. Recuerdo un cuento que leí en una revista de Avianca que mi padre traía de sus viajes en esa época de una niña que se les quedaba a los padres en un cine y desde entonces se quedó a vivir ahí. Jamás sospeché que esa pudiera ser una metáfora de aquel momento que vivía.
También hay que reconocer que esa suerte de indiferencia ayudó bastante a que yo me quedara aquí y a que sobrelleve bien el abandono de mi progenitor (próximamente, conmemoración del 4° aniversario) y más o menos bien mi separación (no se pierda la posible alusión al 2° aniversario). Hasta me va mejor: a pesar de seguir igual de sola, al menos estoy menos insegura, tengo una calidad de vida que me gusta más y mis derechos ciudadanos son menos pisoteados. Y hasta soy extrañada por algunos otros, por fin.
Algún día comenzaron a llevarme a cine a la nocturna con ellos, por alta pude entrar desde los 9 a películas de 12, así que yo ya desde esa tierna edad llegaba a la casa a las 11:30, 12, a madrugar al colegio al otro día a las 5:30. Recuerdo un cuento que leí en una revista de Avianca que mi padre traía de sus viajes en esa época de una niña que se les quedaba a los padres en un cine y desde entonces se quedó a vivir ahí. Jamás sospeché que esa pudiera ser una metáfora de aquel momento que vivía.
También hay que reconocer que esa suerte de indiferencia ayudó bastante a que yo me quedara aquí y a que sobrelleve bien el abandono de mi progenitor (próximamente, conmemoración del 4° aniversario) y más o menos bien mi separación (no se pierda la posible alusión al 2° aniversario). Hasta me va mejor: a pesar de seguir igual de sola, al menos estoy menos insegura, tengo una calidad de vida que me gusta más y mis derechos ciudadanos son menos pisoteados. Y hasta soy extrañada por algunos otros, por fin.
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miércoles, 25 de julio de 2012
Is that so odd?
The mobile phone on the table beside me is silent. It hasn't rung, beeped or throbbed, probably since yesterday, maybe the day before. No calls, no emails, no texts, no Facebook notifications, no tweets, and there's nothing blinking on the answerphone, because the landline hasn't rung since December, except people in call centres who can't pronounce my name.
All these methods of communication and yet nobody's communicating with me.
Marion McGilvaryEste artículo me mató -aparte de lo del nido abandonado: el mío ni siquiera ha estado habitado nunca-. Tenía que guardarlo en alguna parte.
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jueves, 19 de julio de 2012
Preguntas-balanza
La pregunta de la semana pasada en la clase de francés alcanzó a ponerme en mood pensativo. Comment voyez-vous votre avenir? En mi futuro es en lo último que quiero pensar ahora, al borde del pliegue cronológico de una esquina (aka: próxima semana cumpleaños terminado en 0) sin tener mucho de dónde agarrarme, ni en lo material, ni en lo afectivo, ni en lo familiar (auch, auch) y al paso que voy, ni en lo espiritual ni en lo mental....
La pregunta de esta semana fue: Avez-vous de regrets? Por mucho que me angustie pensar en mi futuro, al menos puedo mirar para atrás y decir con toda la tranquilidad del mundo: Non, je ne regrette rien. Puedo doblar la esquina tranquila.
La pregunta de esta semana fue: Avez-vous de regrets? Por mucho que me angustie pensar en mi futuro, al menos puedo mirar para atrás y decir con toda la tranquilidad del mundo: Non, je ne regrette rien. Puedo doblar la esquina tranquila.
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lunes, 9 de julio de 2012
De malas xvii
Casi nunca me decido a emprender actividades culturales en este pueblo. Esta vez fui juiciosa y busqué en internet la información de este festival que vi anunciado en un cartel callejero. Había dizque un tal "Tour der sanften Tristesse", un nombre matador para este estado de ánimo que tiende a reconocer, entre otras cosas, una vez más, lo difícil que me resulta encontrar un partner con quien no me aburra.
Hoy me fui para el tal sitio donde era la obra -¡yo emprendiendo camino espontáneamente a la ciudad!!! ¡eso no se ve nunca!- nada más para encontrar que los tickets estaban agotados. Qué cuernos les costaba hacer medio click en la página de internet anunciándolo. Al menos el lugar no era en la quinta porra, nada más perdí una hora de mi apreciado tiempo (media hora yendo y otra media regresando).
Hoy me fui para el tal sitio donde era la obra -¡yo emprendiendo camino espontáneamente a la ciudad!!! ¡eso no se ve nunca!- nada más para encontrar que los tickets estaban agotados. Qué cuernos les costaba hacer medio click en la página de internet anunciándolo. Al menos el lugar no era en la quinta porra, nada más perdí una hora de mi apreciado tiempo (media hora yendo y otra media regresando).
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miércoles, 11 de enero de 2012
Alone again
El hombre que salió de la nada a su nada volvió. No tiene presentación sentirse triste porque quien llegué a describir alguna vez como mi "pior-es-nada" haya conocido a otra y dizque se haya enamorado de ella durante mis vacaciones en Colombia, pero supongo que es el orgullo herido lo que está manifestándose.
Alcanzó a regalarme un libro en verano, no porque haya pensando en mí sino porque ya lo tenía cuando se lo regalaron a él. Es una novelita hasta tierna de un pastor de vacas en los Alpes -está escrito en suizo y me cuesta bastante entender los diálogos*-. Antes de mi regreso a casa quedé en la parte en donde la pastora lo seduce y lo enamora y se ponen a soñar juntos en las cumbres. La escena de la seducción es de lo más lindita y me puso en onda con el esperado reencuentro con él. La noche de su partida -la siguiente de mi llegada- seguí leyendo la historia: el pastor se va detrás de otra mujer que resulta ser una bruja que lo encanta y cuando logra regresar ya no encuentra ni pastora ni nada. Creo que no me había pasado que la atmósfera de lo que estoy leyendo coincidiera con la secuencia de mi "realidad".
*Adenda del 21 de enero de 2012: Al terminar el libro descubrí que al final había una traducción de los diálogos, cuando ya para qué. Claro que qué alivio, no es que yo sea tan zoqueta.
Alcanzó a regalarme un libro en verano, no porque haya pensando en mí sino porque ya lo tenía cuando se lo regalaron a él. Es una novelita hasta tierna de un pastor de vacas en los Alpes -está escrito en suizo y me cuesta bastante entender los diálogos*-. Antes de mi regreso a casa quedé en la parte en donde la pastora lo seduce y lo enamora y se ponen a soñar juntos en las cumbres. La escena de la seducción es de lo más lindita y me puso en onda con el esperado reencuentro con él. La noche de su partida -la siguiente de mi llegada- seguí leyendo la historia: el pastor se va detrás de otra mujer que resulta ser una bruja que lo encanta y cuando logra regresar ya no encuentra ni pastora ni nada. Creo que no me había pasado que la atmósfera de lo que estoy leyendo coincidiera con la secuencia de mi "realidad".
*Adenda del 21 de enero de 2012: Al terminar el libro descubrí que al final había una traducción de los diálogos, cuando ya para qué. Claro que qué alivio, no es que yo sea tan zoqueta.
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domingo, 27 de noviembre de 2011
Blog tomado
Voy entreviendo que este blog es de los pocos lugares de mi vida actual en donde aún la ausencia de mi ex-marido se nota. Eso, el retorno a casa los lunes desde la escuela de idiomas (j'apprends le francais depuis deux ans), el bistreau italiano del barrio que visité hace poco y en donde subieron los precios y cambiaron la vajilla -¿quién más apropiado para contarle tales eventos sino él, que btw insistió tanto para que posteara aquí al respecto, cosa que jamás hice sino hasta ahora?-, a su FC Köln de las pelotas primero le cancelan un partido porque el árbitro intentó suicidarse y no encontraron reemplazo last minute y luego llega el archirival de patio Mönchengladbach y le da una tunda en su propia casa -otra vez su fe de fan a prueba, jaja-...
Es interesante como se cierra solo el círculo. Si no fuera porque el blog buscara el tema de esa ausencia, no yo, no lo expresaría en mi vida de ahora, la que es sin él, porque ya ese vacío casi desapareció, salvo los pocos restos que quedan por ahí en rincones inesperados como mencionara above.
Valga este gesto de exorcismo, a ver si mi vida actual. la que es sin él, logra recuperar el mood del blog. La vida sigue siendo posteable.
Es interesante como se cierra solo el círculo. Si no fuera porque el blog buscara el tema de esa ausencia, no yo, no lo expresaría en mi vida de ahora, la que es sin él, porque ya ese vacío casi desapareció, salvo los pocos restos que quedan por ahí en rincones inesperados como mencionara above.
Valga este gesto de exorcismo, a ver si mi vida actual. la que es sin él, logra recuperar el mood del blog. La vida sigue siendo posteable.
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viernes, 12 de agosto de 2011
Los fantasmas no se van tan fácil
Si algo enseñan las películas de terror en general es que deshacerse de los malos espíritus es todo un camello, puede tomar hasta más de cinco partes.
El fantasma de mi ex me ronda por estos días, no sé por qué cuernos.
Quizás por haber hablado de él con mi amigote de Berlín, quien ha estado bastante pendiente de mí en esta situación, o por haber visto un fotograma de Chad Vader (yo adoraba a Chad Vader) en el Spiegel Online, que invariablemente consulto varias veces al día, no vaya y sea que el mundo se desbarate en cualquier momento (aunque me caen mal, me gusta el dinamismo de su diseño), o por ver ahora solo mis nombres, con más espacio, en el timbre del portón del edificio y en el buzón -este es otro de los típicos asombros anecdóticos de inmigrante: en Alemania el apartamento no se identifica con un número como en Colombia, sino con el apellido mismo de quienes lo habitan. En los timbres y buzones de las casas también aparece el apellido de los habitantes-. También he pasado por el dolor de recordar promesas que quedaron incumplidas.
Me quedaron un montón de cosas de él que decido conservar porque a mí también me gustan y no veo por qué tenga que renunciar a ellas: la buena comida, la Bundesliga y la Nationalmannschaft, las (buenas) películas y series sin doblar, la política, el no tragar entero, la cama de agua, la conciencia de cómo es que puede funcionar el mundo, ser trendsetter sin buscarlo, este apartamento en la provincia dusseldorfeña (él fue quien insistió en esta zona), buscar calidad (soy tan pobre que no puedo permitirme comprar cosas malas, decía), el desprecio y apego por lo material... encontrar un conspicuo contertulio como él está bien difícil. Así visto, no creo que sea tan reprochable extrañar algo bueno que tuve tanto tiempo.
Pero eso ya es periódico de ayer, Schnee vom gestern. Mi aquí y mi ahora son distintos a los de aquellos tiempos -aunque me cueste creerlo a veces-; añoro ese aspecto del pasado pero no quiero que vuelva a ser parte de ningún modo ni de mi presente ni de mi futuro.
Vuela, zapato viejo.
El fantasma de mi ex me ronda por estos días, no sé por qué cuernos.
Quizás por haber hablado de él con mi amigote de Berlín, quien ha estado bastante pendiente de mí en esta situación, o por haber visto un fotograma de Chad Vader (yo adoraba a Chad Vader) en el Spiegel Online, que invariablemente consulto varias veces al día, no vaya y sea que el mundo se desbarate en cualquier momento (aunque me caen mal, me gusta el dinamismo de su diseño), o por ver ahora solo mis nombres, con más espacio, en el timbre del portón del edificio y en el buzón -este es otro de los típicos asombros anecdóticos de inmigrante: en Alemania el apartamento no se identifica con un número como en Colombia, sino con el apellido mismo de quienes lo habitan. En los timbres y buzones de las casas también aparece el apellido de los habitantes-. También he pasado por el dolor de recordar promesas que quedaron incumplidas.
Me quedaron un montón de cosas de él que decido conservar porque a mí también me gustan y no veo por qué tenga que renunciar a ellas: la buena comida, la Bundesliga y la Nationalmannschaft, las (buenas) películas y series sin doblar, la política, el no tragar entero, la cama de agua, la conciencia de cómo es que puede funcionar el mundo, ser trendsetter sin buscarlo, este apartamento en la provincia dusseldorfeña (él fue quien insistió en esta zona), buscar calidad (soy tan pobre que no puedo permitirme comprar cosas malas, decía), el desprecio y apego por lo material... encontrar un conspicuo contertulio como él está bien difícil. Así visto, no creo que sea tan reprochable extrañar algo bueno que tuve tanto tiempo.
Pero eso ya es periódico de ayer, Schnee vom gestern. Mi aquí y mi ahora son distintos a los de aquellos tiempos -aunque me cueste creerlo a veces-; añoro ese aspecto del pasado pero no quiero que vuelva a ser parte de ningún modo ni de mi presente ni de mi futuro.
Vuela, zapato viejo.
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sábado, 18 de junio de 2011
Is anyone there?
El 25 de septiembre de 2010 escribí:
Aún no sé por qué decidí seguir y por ende borrar esa entrada. Lo bueno de esa terquedad fue que ahora no estoy haciéndome ninguna pregunta del tipo "what if I had done...". La cifra del tiempo casi alcanza a llegar al séptimo año y fue él el que se fue a motu propio, él buscó solito la puerta de salida.
No me sentía de ningún ánimo para postear en este blog, que comenzó poco después de empezar nuestra convivencia juntos. Siempre estuvo él a mi lado desde que aquí escribo. Hasta hace dos meses. Esa sensación de "it's gone" es aterradora, es casi como una muerte, pero ya la superé, igual el muchacho is still alive.
Aquí tal vez no, pero en mi diario personal sí hay buena cuenta de que esta no fue ninguna decisión súbita, sino algo que venía cocinándose hace ya rato. Es triste ver que la persona que amas está impedida para amar, no puede porque tiene otro montón de rollos propios que resolver.
Me siento sola, pero sé estar sola. Si no, hubiera regresado loca de mi autodestierro maltés de diez largos días. Como el apóstol San Pablo, vine a encallar en esa isla (de hecho mi hotel quedaba en la Saint Paul's Bay, convertida hoy en el Melgar / veraneadero de medio pelo maltés). En el largo vuelo de regreso leí la prensa local. En primera página daban cuenta de la identificación del sospechoso de haber apuñaleado a una turista búlgara de 40 años en un hotel en la misma calle en la que quedaba el mío. Por poco y alcanzo a mojar prensa yo también.
La soledad maltesa me sirvió para pensar; el regreso, París con mis amigos queridos del tiempo alemán (ambos juntos los dos, aún me falta juntarlos con mi recontra partner número tres en Berlín) y Bretaña me sirvieron para tomar ánimos y comenzar ahora sí a despedirme de él en el interior de mi ser.
La vez que se me ocurrió mirar a mi alrededor en Malta tuvo la mala suerte de pasar en mi segundo día en el Melgar maltés. Un chico nigeriano que trabajaba lavando platos (me late que buscando algún lucro: aún no estoy tan necesitada como para pagar!) y un "ñor" australiano en sus late 50's -aunque pobre balance, siquiera se me arrimó alguien- Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que justo ahí caí en cuenta de que la última vez que salí en ese plan había sido hace exactamente siete años, el very day que conocí a mi hoy exmarido; de ese aniversario quise escapar con este viaje. Ese hallazgo me sacó el aire y me dolió un poco. Quedé escaldada y en primera, quietecita en mi rincón.
Hasta anoche. Caí en el único bar de Düsseldorf que mi Bauchgefühl zugelassen hat, había buenos tunes que invitaban a la danza y súbitamente comenzamos la danza y yo, el resto no importaba, ni siquiera los pocos ejemplares mirables y solos o con otros amigos -léase: sin pareja- que por ahí se veían -mi olfato de bares aún funciona!-, cuando de la nada salió un hombre y se plantó al frente mío...
Mientras estuve en el quiet modus recordé los innúmeros encuentros casuales que hasta ahora he tenido, desde los amigos espontáneos hechos mientras esperaba al novio o a las amigas que nunca llegaron, pasando por alegres ONSs que comenzaron preguntando la hora o pidiendo fuego, y por escenas dignas de cualquier película de Meg Ryan o de "Before sunrise" (me quedé en los 90's en ese género, lo siento). Y pensé que jamás me volvería a ocurrir, pero no era cierto, menos mal. Qué cosquilleo y qué alivio me causa el que esas escenitas aún no me abandonen.
Acabo de desbaratar mi mundo de los últimos seis anios de un plumazo.
La certeza de que no quedaba de otra ayuda a paliar la tristeza.
como se puede ver y como muchas veces, gracias Autoliniers.
Aún no sé por qué decidí seguir y por ende borrar esa entrada. Lo bueno de esa terquedad fue que ahora no estoy haciéndome ninguna pregunta del tipo "what if I had done...". La cifra del tiempo casi alcanza a llegar al séptimo año y fue él el que se fue a motu propio, él buscó solito la puerta de salida.
No me sentía de ningún ánimo para postear en este blog, que comenzó poco después de empezar nuestra convivencia juntos. Siempre estuvo él a mi lado desde que aquí escribo. Hasta hace dos meses. Esa sensación de "it's gone" es aterradora, es casi como una muerte, pero ya la superé, igual el muchacho is still alive.
Aquí tal vez no, pero en mi diario personal sí hay buena cuenta de que esta no fue ninguna decisión súbita, sino algo que venía cocinándose hace ya rato. Es triste ver que la persona que amas está impedida para amar, no puede porque tiene otro montón de rollos propios que resolver.
Me siento sola, pero sé estar sola. Si no, hubiera regresado loca de mi autodestierro maltés de diez largos días. Como el apóstol San Pablo, vine a encallar en esa isla (de hecho mi hotel quedaba en la Saint Paul's Bay, convertida hoy en el Melgar / veraneadero de medio pelo maltés). En el largo vuelo de regreso leí la prensa local. En primera página daban cuenta de la identificación del sospechoso de haber apuñaleado a una turista búlgara de 40 años en un hotel en la misma calle en la que quedaba el mío. Por poco y alcanzo a mojar prensa yo también.
La soledad maltesa me sirvió para pensar; el regreso, París con mis amigos queridos del tiempo alemán (ambos juntos los dos, aún me falta juntarlos con mi recontra partner número tres en Berlín) y Bretaña me sirvieron para tomar ánimos y comenzar ahora sí a despedirme de él en el interior de mi ser.
La vez que se me ocurrió mirar a mi alrededor en Malta tuvo la mala suerte de pasar en mi segundo día en el Melgar maltés. Un chico nigeriano que trabajaba lavando platos (me late que buscando algún lucro: aún no estoy tan necesitada como para pagar!) y un "ñor" australiano en sus late 50's -aunque pobre balance, siquiera se me arrimó alguien- Pero eso no fue lo peor. Lo peor fue que justo ahí caí en cuenta de que la última vez que salí en ese plan había sido hace exactamente siete años, el very day que conocí a mi hoy exmarido; de ese aniversario quise escapar con este viaje. Ese hallazgo me sacó el aire y me dolió un poco. Quedé escaldada y en primera, quietecita en mi rincón.
Hasta anoche. Caí en el único bar de Düsseldorf que mi Bauchgefühl zugelassen hat, había buenos tunes que invitaban a la danza y súbitamente comenzamos la danza y yo, el resto no importaba, ni siquiera los pocos ejemplares mirables y solos o con otros amigos -léase: sin pareja- que por ahí se veían -mi olfato de bares aún funciona!-, cuando de la nada salió un hombre y se plantó al frente mío...
Mientras estuve en el quiet modus recordé los innúmeros encuentros casuales que hasta ahora he tenido, desde los amigos espontáneos hechos mientras esperaba al novio o a las amigas que nunca llegaron, pasando por alegres ONSs que comenzaron preguntando la hora o pidiendo fuego, y por escenas dignas de cualquier película de Meg Ryan o de "Before sunrise" (me quedé en los 90's en ese género, lo siento). Y pensé que jamás me volvería a ocurrir, pero no era cierto, menos mal. Qué cosquilleo y qué alivio me causa el que esas escenitas aún no me abandonen.
viernes, 12 de noviembre de 2010
Un día como hoy
... en el que no llovió tanto pero me sentí el triple de miserable, supo mi animal interior romper mi laptop en el trabajo.
Y en un día como hoy (en este caso, hoy) recibí su reemplazo.
Y en un día como hoy (en este caso, hoy) recibí su reemplazo.
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viernes, 4 de septiembre de 2009
Nombres bien puestos
Olvidada por Dios y por los hombres
pero con un blog en donde postear.
(bueeeeno, no me va tan mal,
nada más que
gute Laune sieht anders aus als hier im Moment bei mir)
pero con un blog en donde postear.
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sábado, 6 de octubre de 2007
No era sólo impresión mía
Hamburg ist eine Stadt, um einsam zu sein.
(Hamburgo es una ciudad para estar solo).
Bela B., el baterista de "Die Ärzte", un grupo de punk de vieja guardia.
Por algo también me había dado por escribir este post. Yooo no estooooy loca!
martes, 22 de agosto de 2006
Soledades en Hamburgo
Hace unos 9 anios llegaba un estudiante egipcio a Hamburgo, un poco desterrado por la familia que lo mandaba a estudiar lejos para que no siguiera avergonzándolos más con su flaco desempenio en las universidades locales. Hace 7 llegaba una latinoamericana a Hamburgo, traída por el azar y con ganas de comerse al mundo de un mordisco. Hace 6 llegaba otro estudiante egipcio a la misma ciudad, tratando de ponerle tiempo y distancia a un desamor -las love story egipcias son bastante telenovelescas, porque para que comiencen tiene que haber compromiso matrimonial de por medio... bienvenidos a las sociedades conservadoras orientales-.
El primer egipcio se encontró a sí mismo tan desparchado, tan aislado y tan desubicado que se fue a la mezquita a ver sí allí sí podía hacer amistades. Después de un romance psicótico con el hombre correcto pero en el momento falso, la latina ingresó a la universidad, en donde los nuevos companieros y las clases distrajeron un poco su soledad. El segundo egipcio intentó ser invisible durante los primeros meses de su estadía y como buen árabe, tenía como único tema la política en el medio oriente. El primer egipcio no sólo encontró en la mezquita las anheladas amistades, sino el camino a la verdad y la vida. O a la muerte. Cuando la latina andaba dando tumbos, después de haber bailoteado en casi todas las discotecas de Hamburgo y en no pocas habitaciones de la misma ciudad y el segundo egipcio se esmeraba en seguir conservando su perfil invisible, Egipcio #1 se reventó en un avión contra las Torres Gemelas, rumbo a su paraíso y a sus 72 vírgenes. La latina trató de ajuiciarse involucrándose en una relación desesperanzada con alguien que materializaba la ambigüedad. El egipcio sobreviviente se desordenó -se le vió incluso en festivales de rock-, convertido en el alma de la fiesta, quizás en el afán de despistar a la policía secreta, el FBI y quién sabe cuántos más que andaban tras de él por la desafortunada coincidencia de estudiar en la misma universidad de su ya tristemente célebre paisano.
Latina y egipcio siguieron haciendo un doctorado, ya sin la companhía amortiguadora de los companieros de máster y residencia estudiantil, adentrándose cada uno en sus laberintos solitarios. Ella seguía saliendo y tentando al destino, incapaz de oponerle resistencia a las noches que la atraían con sus oropeles cool, sus galanes efímeros, sonriendo triunfante y feliz mientras veía amanecer en los amanecederos pero con la certeza de que no había ni cuerpo ni dignidad que resistieran. El, ya sin camarilla que le celebrara la metamorfosis de musulmán creyente a parrandero, retornó a la invisibilidad, entregándole todo su tiempo y toda su energía nada más que a su disertación, en una demostración de abnegación y estoicismo sin par: estuvo dos anios y medio compostando mierda humana con gusanos. La latina finalmente cayó en los brazos de su actual marido, que la vino a rescatar de la decadencia y la puso a hacer ejercicio. Actualmente busca empleo, dispuesta a abandonar una ciudad que, aunque pródiga en buenos momentos, buena rumba y bellos paisajes, se ha mostrado más bien mezquina de corazón, si es que las ciudades pueden tener uno. El egipcio regresó a su Cairo natal el día en que Israel comenzó el ataque a Líbano. Se presume que sigue allí.
El primer egipcio se encontró a sí mismo tan desparchado, tan aislado y tan desubicado que se fue a la mezquita a ver sí allí sí podía hacer amistades. Después de un romance psicótico con el hombre correcto pero en el momento falso, la latina ingresó a la universidad, en donde los nuevos companieros y las clases distrajeron un poco su soledad. El segundo egipcio intentó ser invisible durante los primeros meses de su estadía y como buen árabe, tenía como único tema la política en el medio oriente. El primer egipcio no sólo encontró en la mezquita las anheladas amistades, sino el camino a la verdad y la vida. O a la muerte. Cuando la latina andaba dando tumbos, después de haber bailoteado en casi todas las discotecas de Hamburgo y en no pocas habitaciones de la misma ciudad y el segundo egipcio se esmeraba en seguir conservando su perfil invisible, Egipcio #1 se reventó en un avión contra las Torres Gemelas, rumbo a su paraíso y a sus 72 vírgenes. La latina trató de ajuiciarse involucrándose en una relación desesperanzada con alguien que materializaba la ambigüedad. El egipcio sobreviviente se desordenó -se le vió incluso en festivales de rock-, convertido en el alma de la fiesta, quizás en el afán de despistar a la policía secreta, el FBI y quién sabe cuántos más que andaban tras de él por la desafortunada coincidencia de estudiar en la misma universidad de su ya tristemente célebre paisano.
Latina y egipcio siguieron haciendo un doctorado, ya sin la companhía amortiguadora de los companieros de máster y residencia estudiantil, adentrándose cada uno en sus laberintos solitarios. Ella seguía saliendo y tentando al destino, incapaz de oponerle resistencia a las noches que la atraían con sus oropeles cool, sus galanes efímeros, sonriendo triunfante y feliz mientras veía amanecer en los amanecederos pero con la certeza de que no había ni cuerpo ni dignidad que resistieran. El, ya sin camarilla que le celebrara la metamorfosis de musulmán creyente a parrandero, retornó a la invisibilidad, entregándole todo su tiempo y toda su energía nada más que a su disertación, en una demostración de abnegación y estoicismo sin par: estuvo dos anios y medio compostando mierda humana con gusanos. La latina finalmente cayó en los brazos de su actual marido, que la vino a rescatar de la decadencia y la puso a hacer ejercicio. Actualmente busca empleo, dispuesta a abandonar una ciudad que, aunque pródiga en buenos momentos, buena rumba y bellos paisajes, se ha mostrado más bien mezquina de corazón, si es que las ciudades pueden tener uno. El egipcio regresó a su Cairo natal el día en que Israel comenzó el ataque a Líbano. Se presume que sigue allí.
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