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jueves, 14 de septiembre de 2017

Soy sola

El barquito al que aludiera al final de esta entrada no naufragó, pero encalló. Hace ya rato. Yo y mi resiliencia dizque para estar segura y después no arrepentirme.

No me sentí más con tripas para estar con alguien que me quiere y me respeta y me trata como una princesa y con quien hacemos planes chéveres pero que no se siente seguro así me quede a su lado ni está en paz consigo mismo.


No tengo problema con quedarme sola, pero sí tengo temor de ser exigente sin darme cuenta y no poder estar con nadie y peor aún, no poder quererlo ni dejarme querer.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Historias de CDs

Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos

Hace poco me dio por escuchar en el trabajo el único álbum que tengo en el disco duro de mi portátil laboral:  Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos.  Creo que se lo copié a mi amigo U* -que está condenado a volver a Hamburgo aun cuando no le guste ni un poquito de lo que yo la amo-. Este disco es el soundtrack existencial de mi década entre los middle 20s y middle 30s. Todas sus canciones representan alguna vivencia real o posible, me sigue estremeciendo oir experiencias y pensamientos propios cantados en un rockcito valiente por una mujer preciosa y sobre todo con la misma rebeldía y energía en el corazón de aquellos tiempos.  Lo único bueno que pudiera abonársele al fatídico novio que tuviera en mis early 20s es que por eso "Las suelas de mis botas", "Mil pedazos", "Que me parta un rayo" o "Tengo una pistola" adquirieron carácter Musidramas autobiográfico. Esta última canción también arrastraba consigo un desespero existencial inexplicable, rabioso, anudado al cuello.  Cuando oí la canción hace poco me chocó tanto patetismo, ya después de décadas ya no dan ni el cuerpo ni el tiempo para tanta desesperación aun cuando la angustia existencial siga ahí, después de décadas.

Cuando me aprestaba a conducir un auto sola por vez primera puse "Dile a papá" en el playlist de la ocasión (por aquello de que me iba a coronar princesa de la autopista), pero seguí oyendo el resto que decía "..dile a los chicos / que no volveré más" y me dio un embiste de nostalgia como muy pocas veces me ha pasado en estos ya más 15 años de pseudoexilio.  Aún hoy en día no dejan de repetirse noches infructuosas en las que acabo en unos desparches bien bravos con el corazón lleno de pulgas. He tenido muchos días sin malditas florecitas ni arcoiris sobre mí pero también perfectamente felícisimos en compañía de gente maravillosa. Hace poco leí un artículo de las traducciones alemanas del Corto Maltese y por fin pude entender qué era lo que Christina se había comprado en ese bazar.  En suma, no había caído en cuenta de que mi biografía tenía un soundtrack tan cercano.

sábado, 14 de noviembre de 2015

Estambul - finally


Es imperdonable que aún no haya dejado testimonio de mi estadía de 10 días en Estambul. La oportunidad se dio en diciembre de 2013, en el que aún tenía más de dos semanas de vacaciones en ese año y estaba absolutamente desparchada para navidad.  La lección que me dejaran una navidad sola en Hamburgo en 2001 y una excursión a Viena para esa fecha en 2003 me previno de intentar pasar esos días en tierras cristianas.  Qué mejor que ir a templar a un país en donde no haya nada de esos embelecos y mejor aún, tener por fin mi añorado tete-a-tete con mi admirada Estambul, otrora Constantinopla, posterior Bizancio, capital imperial a lo largo de milenios.  Saqué valor de no sé dónde y toda espontánea contacté al estambulita de ensueño en Facebook proponiéndole un casual encuentro a tomar café ahora que iba a su ciudad natal.  Que lástima que no podía, vive en algún lugar en Alemania que me doy cuenta ahora de que no registré.  Tengo tan descuidado este blog que había olvidado el registro de ese Sehnsucht que yo ya tenía con esta ciudad.  Pero el encuentro fue tan excitante que puedo dar muy buena cuenta de él incluso casi dos años después.

Obviamente que una ciudad con esa ubicación geográfica no tenía cómo decpcionar las expectativas.  Hace poco topé este artículo del New Yorker: en las obras del Mármararay cuando acababan de extraer los hallazgos del s. VII se encontraron con unos... del 11.000 a.C. Ese sitio es tan estratégico que está condenado a estar lleno de vida desde casi siempre.  Y además hermoso.  La vista desde el Sultanahmet de los dos mares es preciosa. No tuve de otra que enamorarme. Tenía toda la escenografía mental de la ciudad gracias a Pahmuk y de los palacios vía un libro que dejara mi hermano olvidado por aquí de la historia del harén turco, que es la misma del imperio otomano. La belleza de los lugares históricos (es especial de las mezquitas, Santa Sofía por Dios) quita el aliento. Pero el impacto de Estambul fue más que eso.  Su espíritu resultó ser muy fácil de interpretar porque era muy de la onda de la Bogotá que viví.  Era asombroso estar parada en cualquier esquina y sentirme como si estuviera en Bosa, el Restrepo, San Victorino, la Soledad, el 7 de agosto, la 9° en el centro.  Intenté irme caminando de Taksim, la plaza de las manifestaciones, al centro por un camino alternativo a Pera / Galata, nada más para constatar que hay un agujero negro comparable a la Perseverancia en ese trayecto.  En el centro también se veían silleteros, un oficio antiguo en vía de extinción, y su versión más moderna, los carretilleros; emboladores, vendedores ambulantes, pescadores sobre el puente del Gálata, artistas callejeros... En Kadikoy me sorprendieron la vivacidad del mercado, la sencillez y la delicia de un yogurt con miel y el doppelgänger del Centro Cultural del Libro del centro de Bogotá.

También me hizo sus desplantes la condenada.  Foco turístico desde hace décadas -no sabía que algunas reliquias musulmanas aún se encuentran en el palacio de Topkapi, por lo que la ciudad es desde hace marras lugar de peregrinación del mundo musulmán-, casi maldita sea nadie habla inglés. Mucha trampa para turista, no pude evitar caer en una. El primer y único taxi que tomé en ese viaje, desde Taksim hasta mi hotel en el Sultanahmet a mi llegada, no sólo me esquilmó sino que el hijueputa taxista fue muy grosero.  Fui timada en un tour que traté de hacer a Bursa, la que fuera la capital otomana mucho antes de la conquista de Constantinopla, fui víctima del grupo juvenil del medio oriente que decidió mejor irse a esquiar que ir a ver edificios viejos, pero me las ingenié para regresar por mi propia cuenta a Estambul. Todos los hombres nativos que se cruzaron en mi camino -excluyendo el dueño y el portero del hotel- intentaron su lance galante conmigo por el mero hecho de estar paseando sola, menos mal no llegaron a ser atrevidos, pero no dejó de ser, a lo largo de los días, jarto.

Pero con todo la amé.  No dejó de hacerme chistes y guiños, de mostrarme escenas curiosas, paisajes y casas bellos. Tiene muchas librerías y tiendas de artículos de escritura y dibujo, como Praga y Viena. Los títulos en las librerías tenían, además de autores turcos, muchos autores occidentales.  Tomé todo el jugo de granada que pude.  Por supuesto que como todo peñasco que da al Mediterráneo es pura loma, mis rodillas lo resintieron bastante.  Traté de montar en transporte público, ferries incluídos, lo más que pude.  Hubo además dos ferries en el Mármara y el metro por debajo. No dejó de ser extraño tener que cubrirme la cabeza y quitarme los zapatos en las mezquitas, no dejó de indignarme tener que ponerme en la última fila en las mezquitas "normales" (con no tanta presencia de turistas occidentales).  Los cementerios otomanos, que se encuentran por todas partes, me impresionaron: los muertos están enterrados verticalmente y sobre la lápida va la forma del sombrero que el muerto usaba en su oficio.


Algo que se robó mi corazón fue la deferencia que le tienen a los animales callejeros.  Siempre hay comida para gatos por ahí disponible, alguna vez que vi unos perros solos por ahí a sus anchas pensé en "pobrecitos perritos" antes de ver las casas perrunas que tenían en una esquina de un parque. La ciudad me regaló la escena de un hombre en el barrio de las tiendas para rusas (una moda tan gatuna en las vitrinas que los letreros en cirílico eran redundantes) piropear una mujer, patear un gato y acariciar un perro en menos de 20 metros.  Lastimosamente la hospitalidad animal también se extiende a las palomas. 

Fue mi primer paseo con smartphone, como se ve por la relativa abundancia de fotos linkeadas, y con twitter disponible.  Buena cuenta de algunos sabrosos entremeses del viaje quedó registrada ahí.

En 2012 leí la edición hispana de "El museo de la inocencia" de Pahmuk. Estaba a punto de mandarla al diablo porque la chilladera del protagonista con su Füsuncita -la heroína, Füsun- me tenía mareada, pero por casualidad leí en el periódico de la inauguración del museo del mismo nombre en Estambul, complemento de la novela, a cargo de su autor.  El libro tiene en uno de los capítulos finales un bono para ingresar al museo sin pagar mostrando el libro, hay un espacio para el sello del museo. Cómo no que hice buen uso de mi ejemplar

Ahora que estuve en Creta, otro paraje mediterráneo con rastros otomanos también (los otomanos le birlaron la isla a los venecianos en ~1660 y la perdieron a fines del s. XIX), no dejé de recordar y suspirar a Estambul y de tomar ánimos para por fin escribir el reporte que estaba debiéndole a este blog.

martes, 23 de diciembre de 2014

Compendio para proseguir.

He sido capaz de romper un record de poco escribir por aquí, 2014 llegó a ser el año con menos posts.  Me da pesar con este blog y sus esporádicos lectores haberlo abandonado tanto.  Me intriga cómo y cuándo fue que se me cayeron las gafas bloggeras, cuándo comencé a pensar únicamente en 140 caracteres.

Quizás después de 15 años de transplante de tierra haya perdido la sensibilidad de la diferencia que fuera lo que motivó inicialmente el blog.  Los contrastes han palidecido y ya no lo son tanto, son apenas sutiles cambios de texturas. 15 años ha sido tiempo suficiente para desmontar el mito de este país, conocerlo tras bambalinas y consolidar mi propia versión.  No me molesta ese "no ser de aquí ni ser de allá" pero admito que a veces me aburren tantas medias tintas, tanta agua tibia, tanto ni sí ni no.

La "inmunidad chistosa" adquirida me ha sido bastante útil.  Puedo usar mi risita sarcástica ante situaciones absurdas y típicas de este país no sólo sin inhibirme, sino exagerando el sarcasmo.  He votado cuantas veces he podido, a ver si por lo menos así contribuyo al desmontaje de la godarria en este país (tarea que no es fácil.  He ahí un tema para un post, la godarria alemana que aún me cuesta creer, un contraste con el que no he perdido sensibilidad).   Fue curioso que este año la elección de alcalde en Düsseldorf coincidiera con la elección presidencial en Colombia: hubo segunda vuelta entre los dos ganadores de la primera y éstas fueron en las mismas fechas. Otra coincidencia: Al final no fue que la gente votara por el uno sino que votamos en contra del otro.

También fue la elección al parlamento europeo, pero de esa sí salí muy decepcionada, puedo entender a los partidos antiEuropa porque eso fue una farsa comprada, ni el luxemburgués que oficia de presidente de la Comisión ni su partido fueron elegidos sino que al tipo lo pusieron ahí a los pupitrazos 2 meses después de las elecciones. Lo mismo va Angie y les dice lo que ellos tienen que hacer y ellos muy juiciosos van y lo hacen.

Angela Merkel, otro tema él solo.  Aunque del partido demócrata cristiano (he dicho ya que un partido con el adjetivo cristiano en el nombre es demoníaco) y ambiciosa de poder como pocos, Angie representa también el triunfo de la nerdada, de ser juicioso (Angie trabaja como una berraca), del nadadito de perro, de la no-fantochería. Este año celebró sus 60 con una conferencia académica en donde casi todo el mundo se durmió y perversas revistas de moda le echan en cara que no compra ropa publicando fotos suyas desde principios de los 90 hasta hoy con el mismo chiro.  ¿Cómo no simpatizar con ella?  Releyendo caigo en cuenta de que no menciono el tema de "mujeres al poder". Angie no le hace mucho bombo al asunto porque no le interesa y si le interesara, creo que haría como si no, porque ponerse muy feminista le quitaría votos irremediablemente. A Alemania no le gustan los cambios y menos si son medio revolucionarios y a Angie no le gusta perder poder.

Ahora ando con compañía, que por primera vez desde hace años es alemana 100%. Tengo que comenzar un poco de cero con toda la compilación de asuntos colombogermanos y aún es temprano para saber si mi barquito navega viendo la costa o está perdido mar adentro.

jueves, 7 de agosto de 2014

Cambié todo para seguir igual... de desubicada

Desubicada en algún colegio de señoritas pobres en la década de los 80s en Bogotá porque en ese entonces ya era cosa común tener un novio pero yo, por razones que se me escapaban, no tenía nada que se le pareciera.

Desubicada en algún potencial encuentro de exalumnas del mismo colegio de señoritas pobres en la década de los 10s -tengo noticia de que acontecen porque me invitan- porque ya todas tienen sus esposos, hijos y/o novios a cuestas pero yo, por razones que aún se me escapan, no tengo ninguno de esos ítems, apenas tengo un exmarido.

viernes, 20 de junio de 2014

El ido de marzo

Este blog ha perdido uno de sus lectores.

Recibí un mensaje de alguien desconocido en Facebook con la noticia de que alguien que fue significativo (de hecho, el first love de mi vida, el de las mariposas en el estómago y las levitaciones) murió hace 3 meses.

De la historia, accidentada y absurda como ella sola, quedó apenas un hilillo de contacto simpático que yo, por fin, me negué a anudar de nuevo -siempre fui yo la que anudó ese hilo- cuando él lo rompió hace 3 años. Ahora vengo a saber que en ese entonces fue el primer infarto grave. Facebook, esa máquina chupadatos inmisericorde, fue lo último que nos mantuvo actualizados, y los esporádicos posts, los "me gusta" y los "compartir" fueron nuestro último diálogo.  Algún día puso un post del primer aniversario de la muerte de su perro, ese cachorrito simpático que le habían regalado cuando ese sinsentido de historia nuestra comenzó. De esa historia ya nada quedaba, pero no dejaba de tener su simbolismo. Al menos él seguía vivo.

Ahora le tocó a él, el segundo infarto no lo perdonó. Hacía ya rato que no era parte de mi vida, pero no deja de parecerme absurdo que el mundo haya seguido corriendo sin él. Que ya no esté.

En las rupturas, más que la ruptura misma lo que me más entristecía era pensar en que yo no me enterara de cuando él muriera. No puedo evitar creer que todo el absurdo tuvo al menos un mínimo sentido afectuoso:  a pesar de haber roto siempre, dispuso de algún modo que yo no me quedara en ese limbo.

Adéu, estimat amic.

sábado, 17 de agosto de 2013

Una de aquellas viejas anécdotas

Corría 2003.  Yo me había trasteado a un barrio hype de Hamburgo y estaba gastando la mitad de mi beca en arriendo, pero a pesar de lo caro y lo feo que era el apartamento, estaba tan bien situado que las zonas de bares y parranda de la ciudad eran más o menos como la sala de mi casa.  La zona de bares más próxima a aquel apartamento era el Schanzenviertel.  Cuando llegué a la ciudad el barrio comenzaba a gentrificarse, pero aún quedaban rezagos como los junkies en los portales dándose el primer shot del milenio en la noche vieja de 1999. Aunque parezca increíble, la gentrificación sigue: pensé que ya no cabían más tiendas chic de diseñador independiente, pero la última vez que estuve, en mayo de este año, vi que siguen multiplicándose.  El Rote Flora aún se erige como único bastión de lo que fuera el barrio alguna vez.

Serían las 4 am de algún sábado de primavera tardía y yo ya iba camino a casa. La última parada por entre las tiendas la hice en un local minúsculo en el que sólo había una barra con puestos al frente y ya.  Los cigarrillos que llevaba no prendían por alguna misteriosa razón a pesar de no estar mojados.  El tipo que estaba al lado se dio cuenta y me hizo algún comentario.  Así fue que comenzamos la charla a aquella hora tardía, o temprana, según se vea.  Cambiamos teléfonos y seguimos viéndonos.  Resultó ser originario de un pueblo al norte de Hamburgo, hijo único de un urólogo y una finlandesa.  Viendo una foto de su mamá en su apartamento, supe que de ella tenía lo rubio intenso -llevaba el pelo a eso de la altura de la oreja- y una dentadura muy similar a la de Felipe, el amigo de Mafalda. Dizque estudiante de medicina, pero más por imposición familiar que por mínima inclinación, no digamos ya vocación.  Desordenadísimo, pecuecudo, inconstante, mimado y bruto.  Delgado y -ejem- formidablemente dotado. Aún cuando niño rico (su familia era la dueña, entre otros, del edificio en el que él vivía en el Schanzenviertel en Hamburgo (!!!) y de una villa vacacional como se describe below), era tacaño:  siempre partió cuentas y tendía a evitar pagar / pagar menos haciéndose el enojado por el mal servicio.

El hombre se fue aquel verano a pasar vacaciones en la casa que sus padres tenían en la Costa Brava.  Estaba sacando la licencia de navegación, el último juguetito del padre era un yate pequeño. No dejaba de llamarme todas las noches.  Cuando le conté a mi guía espiritual, no vaciló en regañarme por no haber hecho antes los planes para caerle.  Así fue que como tan pronto él presentó su examen de la licencia navegadora  y se quedó home alone -los padres también estaban-, me monté en un vuelo pitufo desde Frankfurt-Hahn a Barcelona-Girona para pasar 4 días en una casa con piscina en una terraza con vista a la bahía de Rosas, a orillas de la carretera ascendente que conduce al restaurante El Bulli.  El hombre era vano y tonto, pero norteño al fin y al cabo: el norte de Alemania es rico pero la gente bien no se boletea por principio, así que nunca hizo alarde de su riqueza, jamás hizo descripción alguna de la casa, todo fue sorprendente cuando llegué. Días de piscina y/o playa, cerveza, comida.  Noches de champaña, porros y fuegos artificiales en la bahía casi a la altura de los ojos.  Fue divertido que el español fuera el business language consiguiendo hachís en la playa con norafricanos .  También hubo excursiones cortas a los alrededores: la casa tenía su propio carro, un Mercedes setentoso, y su propia moto.  Fueron días bonitos.

Claro que no hay dotación formidable ni paisajes bellos de fondo que logren compensar la falta de inteligencia y la malhomía / malagentez.  A su falta de seso el hombre sumaba sus excesos -por ejemplo el numerito de las llamadas ebrio a las 3 am-. Ya ni me acuerdo cómo fue que terminó todo, creo que fue por teléfono.  Hubo pipa de la paz, telefónica otra vez.  Hizo por buscarme después algunas veces, pero siempre con tan mala suerte que yo ya tenía plan, no era pretexto para no verlo.  No volví a saber de él jamás.

lunes, 18 de marzo de 2013

Se rompe un silencio

Bien es cierto que dice más lo que uno calla que lo que uno dice, pero ya ha durado este silencio un buen semestre.  Desde que finalmente tuve arrestos para enviar al último engendro de relación a su respectiva mierda, he estado sola.  Más o menos la mitad de ese tiempo estuve lidiando con una recaída que tenía que darse tarde o temprano pero que hasta ahora no había tenido la oportunidad de tener lugar:  la verdadera nostalgia / saudade del #miex.  Ya estaba ahí la necesidad de contactarlo para evitar pagarle al fisco alemán algunos miles de euros que me cobraban por una declaración de impuestos hecha a las carreras y con las patas -por mí- cuando él me llamó a preguntar que cómo estaba.  Esas horas que compartimos fue volver a  revivir esa compinchería que no he vuelto a encontrar ever, recordar y reconocer un aspecto de esa pérdida que por el transcurso de los hechos había permanecido invisible.  ¡Se rió de mis chistes metafísicos! hacía cuánto yo no vivía tal portento, que alguien se riera de eso.  El caballero manifestó no tener agenda, cosa que obviamente no era cierta porque estaba muy cariñoso y meloso, eso me complicó también en algo los sentimientos, pero no caí tan bajo, de un abrazo lloroso y de caminar por Colonia y ver El Hobbit tomados del brazo de gancho no dejé pasar el asunto.  Con esa tusa tuve para entretenerme el resto del invierno, que estuvo oscuro (el más oscuro en 43 años) y sigue frío.  Sigue -remember que es middle march-.  En enero por andar corriendo a tomar el tranvía resbalé -malparida empresa de transporte público no había limpiado de hielo la estación- y caí cuán larga soy sobre el lado exterior del muslo izquierdo.  Me incorporé inmediatamente y logré subirme al tranvía, pero me dieron naúseas del dolor tan infeliz.  No me salían las lágrimas aunque latían en la sordina del dolor.  Daba alaridos de dolor en la oficina cuando me acomodaba mal en la silla, aunque eso sólo fue el primer día.  Quedó un morado que mutó a verde y luego a negro antes de difuminarse.  El dolor tardó semanas en irse.  Tal cual sentí que fue la tristeza de haber extrañado por fin el lado que me unía con el #miex.  He prescindido de contactos posteriores -que él no deja de proponer-, aparte del día de su cumpleaños en que le mandé un texto corto y hablamos 1:08 min cuando me llamó de vuelta.

El resto del tiempo me he encargado de despreciar al sujeto del obsequio fallido (y de despreciarme a mí misma por haber llegado a atribuirle viabilidad al asunto, guácala) y por ende de encontrar agobiante el mero hecho de considerar la presencia de alguien y de alegrarme montones de andar a mi aire.  En suma, en modus "a mí que no me jodan" (dicho con la entonación de mi abuelito, una í muy larga y el resto de la frase breve).  También está bien así.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Ein erfüllter Wünsch

Encontrar amigos es cada vez más difícil.  Nuestras exigencias aumentan con el tiempo, en la misma o mayor  proporción en que las posibilidades de conocer gente disminuyen.  Durante mis largas estancias académicas tuve el privilegio de hacerme a un muy buen amigo en cada período.  Es así como mantengo contacto con  Hipo, mi amiga del colegio; así fui a parar por segunda vez a una ciudad ignota en Polonia para ver a Margarita  -la amiga de pregrado de la UN- en escena Meg Ryan hace un año; es como de vez en cuando skypeo con Horax -el compinche de la especialización en la UN que ahora está en Cangurolandia, como él dice- y conocí a A. su hermana, en esta ciudad; es como de vez en cuando tengo noticias de Natasha -fuimos becarias de la misma institución durante el doctorado- desde su dolor en Hamburgo.

Y es como tengo a mi amigo C, con quien nos conocimos en nuestros másteres en Hamburgo.  Es una cuestión de similitud de almas (no nos da para gemelas pero sí para afines) que en ese entonces cuando nos conocimos devino en algún tipo de relación extraña de pareja porque no supimos cómo más asumirlo.  Por la incompatibilidad de tendencias, era obvio que eso en plan pareja no funcionaría jamás.  Nevertheless, alcancé a subirme tontamente en esa ilusión (sin dejar de seguir arrastrando un pie en la realidad) como para ponerme celosa mientras duró -ah, celos intensos los de aquel tiempo- y triste cuando terminó.  La relación tuvo períodos en que se mantuvo a distancia por hacer C. prácticas en ciudades distintas de Hamburgo . C. regresó a su natal D.F. en febrero de 2003 cuando acabamos el máster.   Hubo un encuentro inesperado en primavera.  La última vez que estuvimos juntos como pareja fue en mi visita al D.F. en noviembre de aquel año, cuando terminamos.  Fue la vez del encuentro con el manito, btw.  Nuestra escena final fue muy parecida a la de Lost in Translation.  Había dejado el pasaporte sobre la mesa en su apartamento, tuve que regresar en el taxi con el que iba al aeropuerto y lo vi una vez más, esa si la última, pero "extra", porque ya nos habíamos despedido. Lloré mares con el final de esa película.  Además la vi poco después de mi llegada de aquel viaje.

Estuvimos distanciados algunos meses (¿quizás años?) pero finalmente retomamos el contacto.  Su hermana se radicó en París cuando aún estábamos en Alemania, así que venía a Europa seguido.  Entre tantos ires y venires alcanzamos a vernos un par de veces en el mejor de los planes y él alcanzó a enamorarse de París.  Tanto, que hace dos años que allí reside.  Eso nos ha acercado bastante.  De París regresaba cuando mi marido me recibió con su maleta hecha, presto a largarse.  Hablamos mínimo una vez por semana.  Con él festejé mi cumpleaños pasado en Budapest y con él me veré mañana en Amsterdam.

En aquellos tiempos desesperanzados cuando estábamos juntos, yo no perdía oportunidad alguna de prender velas en la iglesia para pedirle a todos los santos que lo dejaran a mi lado.  A la larga accedieron a mi petición. :-)

viernes, 10 de agosto de 2012

Pathos

Mi corazón me decía, por motivos varios, que tenía que despedirme de este galán.  Me puse uno de esos plazos procastinadores que uno siempre se inventa, pero se atravesó un evento inesperado que lo adelantó.   Gracias también a este evento quedé inmovilizada para comunicar mis intenciones y sentimientos:  ¿cómo se le dice a alguien cuyo padre acaba de morir que uno quiere abrirse?   Peor aún, el hombre no tuvo ninguna necesidad de salir de la clinica cuando fue a ver a su padre, pues (mi versión) su cuerpo aprovechó la situación para reportarse -algo como "hey, estoy descuidado"- y tuvo que quedarse ahí.

El remate:  mientras el otro pasaba su primera noche en el hospital, yo conocia a alguien wirklich interessant (tercer hombre interesante que conozco en dos meses en esta ciudad sin haber recurrido a servicios chimbos de parship en Internet sino solo a mis encantos.  Prometo despotricar menos de este pueblo de ahora en adelante).  Hacía rato no conversaba así con nadie.  Entre diversos tiros, también el de ser ingeniero químico.  Pero me siento maniatada: aunque ya tomé la decisión de ser "libre", un no sé qué escrupuloso me impide saltar de buenas a primeras estando el aún-galán en esa situación tan adversa.

Linda la telenovela.  Tendré que conseguirme un tercero para pasar sin remordimientos el fin de semana sin tener que quedarme sola.

sábado, 4 de agosto de 2012

Misreadings

-Gracias.... (cara inevitable de desconcierto por los dos libros de García Márquez en alemán(!!), el papel de regalo bonito al lado).
-¿Lo conoces? ¿Los has leído?
-Pues seehhh....
-Lo suponía.  Pensé que era mejor esto a un autor alemán que no conocieras.
-Hubiera sido mi problema.  Por eso fue que te regalé un libro de Bolaño: porque me pareció buena idea que conocieras un buen escritor latinoamericano que no fuera de los mismos de siempre.  Que no te haya gustado es asunto tuyo.  *casi dos meses y aún no pasa de la página 50 en una novela de menos de 200.
-¿Sabes por qué lo sigo leyendo? Porque es un hombre.
-(WTF!).  ¿Otra copa de vino?

PS:  Hay que ser justos y contar que en el segundo intento el hombre se esmeró más:  salió con una novela de Alex Capus, un autor suizo de quien habíamos visto juntos una entrevista con canciones en tv (un formato hasta interesante:  el entrevistado escoge las 5 canciones de su vida y un grupo de tres gatos de planta del programa tiene que adivinar quién es:  mientras los gatos discuten cada canción, va transcurriendo la entrevista) y una novela histórica en español.

martes, 26 de junio de 2012

Contrastes súbitos

A principio de año tuve una situación en la que los acontecimientos de mi vida seguían la tendencia de los de la novela que estaba leyendo.

Anoche fue más bien una contrapunto entre dos realidades paralelas, así como una noche de hace 15 años en la que mi corresponsal de entonces trataba infructuosamente de enviarme un email mientras veía "You've got mail" y no podía distinguir entre lo que pasaba en su computador y en la película.

A eso de las 8 estaba en los capítulos finales de "Eat, pray, love" (mea culpa, sí, me engüesé en la caja de intercambio de libros de la oficina con ese adefesio, lo confieso) en donde Felipe le declara su amor a Liz mientras mi amante me dejaba por enésima vez plantada en mi casa esperándolo... no solo era el sentido de la lectura opuesto al de la realidad, sino que también las dos cosas eran cuasi-simultáneas, no en secuencia.

Entrada la noche, llamé a mi amiga A. para consolarla de una pelea con su mamá.  Las dos compartimos nuestro sino de hijas únicas que dejaron sola a la mamá separada.  Estaba yo finalizando una frase pomposa cuando sonó mi celular -mi amante llamando por tercera vez a disculparse-.  Hubiera sido un simple ruido de fondo, de no ser porque el ringtone que le tengo al teléfono es la introducción de Chespirito.  La seriedad y el sentimiento de mi statement se fueron al carajo con ese soundtrack y no nos quedó más que reírnos como dementes por los siguientes 10 minutos.

jueves, 22 de marzo de 2012

La tan insinuada escena Meg Ryan (1/2)

Mis ganas de comerme al mundo, para las que mi mes en Saarbrücken con una asesora personal para aquello de la bienvenida a Germania, un amante luxemburgués que tenía his own little garden e incursiones en solitario en Francia y en Völkslingen fue una decorosa entrada, me condujeron a un concierto de Morrisey una semana después de mi arribo a Hamburgo. Como pude encontré el sitio de venta de los tickets e hice la compra. Nunca he tenido problemas pidiendo mapas de una ciudad y que por favor rayen a dónde es que necesito ir. Además estaba viviendo a las puertas de Sankt Pauli, el red-light district legendario del puerto en Hamburgo, esa fue la bienvenida que me dio la ciudad. El escenario era un club de garaje al que jamás regresaría mientras viví allá, en una parte que ya no era central -sin ser tan lejana tampoco-. Cuando llegué a la salida de la estación no vacilé en preguntarle al gato que venía detrás mío que para dónde quedaba el sitio con la X en el mapa que me habían dado. Yo todas mis vueltas las hacía en inglés, por supuesto. Pas d'allemand. Así que cuando el gato me preguntó si no hablaba alemán, le dije que no, just english.... or spanish... ah bueno. El gato era un chileno que también se dirigía to the very same event. Llovía y creo que desde que le hice la pregunta inicial ya lo había cubierto con mi paraguas y seguimos caminando juntos bajo la lluvia. Vimos todo el concierto juntos, el chico conocía más canciones que yo. Durante el concierto Morrisey arrojó su camiseta al público y esta fue despedazada. Pablo (creo que se llamaba así) alcanzó a hacerse a un harapo y yo llegué a tener una fotografía con la reliquia, que era del mismo color de la camiseta que yo llevaba ese día. Me acompañó a mi casa de regreso, no sin antes haber tomado una cerveza en el Onkel Otto, el bar de okupas en Sankt Pauli, a la vuela de mi esquina. El paraguas de la primera escena se quedó allí olvidado para siempre. Pablo, un -según él- pituco santiagueño estudiado y bohemio atrapado en un trabajo en el correo y un matrimonio aburrido con bebé en Hamburgo, tuvo algún gesto galante y una invitación a otro bar en la zona (Molotov, a ese sí volvería), que acabó en un polvo triste de escasa significancia e indigna recordación y la posterior desaparición de escena de la protagonista.

lunes, 12 de marzo de 2012

Strangers when we met

Cuando vi "The future" de Miranda July envidié la manera cómo se sacó la vieja ese affair de la nada. También alcancé a romperme la cabeza con cómo carajos había comenzado esa relación tan extraña en "Intimacy" (el libro te deja en las mismas). Pues bueno. Cuestión de ayudarle un poco al destino con una suscripción a una página de on-line dating y voilá.

PS: El título original de este post era "Extraños en la misma escena". Decidí tomar prestado y adaptar el de una (otra) historia de Kureishi después de leerla porque así me pareció más bonito.

domingo, 4 de marzo de 2012

Extraños en un tren

Llegué jadeando a la máquina vendetiquetes, nada más para ver a un viejito empedernido pulsando combinaciones inútiles en la pantalla, mientras el minutero pasaba a las 18:59 (el tren a Colonia, cuyo tiquete yo quería comprar en la máquina, llegaba a las 19:05). Una señora me ofreció un tiquete que había comprado por error. Era justo el que yo necesitaba, así que accedí al trato. La señora se volteó y le dijo al viejito de la máquina "ve, mijo, ya apareció alguien que compra el tiquete". Yo mencioné que no sabía cómo usar mi tarjeta de cliente del ferrocarril para el trayecto, y señora vendedora dijo que otra tercera señora sí sabía, venga y le preguntamos. Tercera señora dice que se puede pero con la tarjeta cliente 50 y yo tengo la 25, así que ni modo. Cuarto participante sale de la nada, un joven oficinista apuesto, también se inmiscuye y aporta que también hay una opción si uno es viajero regular, que no es mi caso tampoco, apenas voy esta noche. OK, se disuelve el súbito coloquio sobre opciones baratas de llegar a Colonia, pero el jovencillo apuesto me queda sonando, yo lo he visto, así que me voy detrás suyo y lo interpelo con un "oiga, usted trabaja en H., cierto?" "sí, usted también? yo no la he visto..." "yo a usted sí.. yo estoy en la división tal" (es dato importante en la empresa, lo aprendí cuando nueva) "cómo es su nombre?" "X.X." "ah, yo si he visto su nombre en listas de correo, soy Y.Y., participé del proyecto tal"..... y bla, bla, teníamos conocidos en común, había estado alguna vez en auditoría a la empresa en Bogotá, ja, ja, jo, jo... Pillamos asientos vecinos en el tren, que llegó tarde. Vive en Colonia trabajando en Düsseldorf porque la compañera (ah, "emparejado") trabaja en Bonn, así que C. era buen compromiso, blabla... Mi charla lo había alejado de su BigMac a medio mordisquear, así que cuando nos sentamos se excusó y se dispuso a seguir comiendo. Yo aproveché entonces para sacar mi bolsito de cosméticos y comenzar a maquillarme al frente del apuesto contertulio. Cuando salgo el viernes por la noche voy con el tiempo ajustado y generalmente la maquillada queda para el trayecto. No iba a llegar como un moco carilavado a mi segundo rende-vouz del servicio este de internet que decidí pagar nada más por pena con un desconocido buen mozo con el que resultó haber una conversación muy animada acompañando su cena y mi arreglada. Al final nos aburrimos del ustedeo y nos despedimos tuteándonos.

No puedo quejarme de que #almost40 y todavía me sigan pasando escenas de película de Meg Ryan. Soy lovely.

Y a propo este recuerdo, ahora que Morrisey por fin va a Bogotá, aprovecho para chicanear de los dos conciertos de él que llevo a cuestas, en el 99 y en 2006. Gracias, Hamburgo.

Update de Julio / 2012:  Por fin volví a encontrarme al jovencito del relato en alguna reunión de trabajo.  Ya no tiene compañera:  ahora tiene esposa, a juzgar por la argolla (brillada con Pomada Brasso, relucientísima)  que llevaba puesta.

miércoles, 11 de enero de 2012

Alone again

El hombre que salió de la nada a su nada volvió. No tiene presentación sentirse triste porque quien llegué a describir alguna vez como mi "pior-es-nada" haya conocido a otra y dizque se haya enamorado de ella durante mis vacaciones en Colombia, pero supongo que es el orgullo herido lo que está manifestándose.

Alcanzó a regalarme un libro en verano, no porque haya pensando en mí sino porque ya lo tenía cuando se lo regalaron a él. Es una novelita hasta tierna de un pastor de vacas en los Alpes -está escrito en suizo y me cuesta bastante entender los diálogos*-. Antes de mi regreso a casa quedé en la parte en donde la pastora lo seduce y lo enamora y se ponen a soñar juntos en las cumbres. La escena de la seducción es de lo más lindita y me puso en onda con el esperado reencuentro con él. La noche de su partida -la siguiente de mi llegada- seguí leyendo la historia: el pastor se va detrás de otra mujer que resulta ser una bruja que lo encanta y cuando logra regresar ya no encuentra ni pastora ni nada. Creo que no me había pasado que la atmósfera de lo que estoy leyendo coincidiera con la secuencia de mi "realidad".

*Adenda del 21 de enero de 2012: Al terminar el libro descubrí que al final había una traducción de los diálogos, cuando ya para qué. Claro que qué alivio, no es que yo sea tan zoqueta.

domingo, 27 de noviembre de 2011

Blog tomado

Voy entreviendo que este blog es de los pocos lugares de mi vida actual en donde aún la ausencia de mi ex-marido se nota. Eso, el retorno a casa los lunes desde la escuela de idiomas (j'apprends le francais depuis deux ans), el bistreau italiano del barrio que visité hace poco y en donde subieron los precios y cambiaron la vajilla -¿quién más apropiado para contarle tales eventos sino él, que btw insistió tanto para que posteara aquí al respecto, cosa que jamás hice sino hasta ahora?-, a su FC Köln de las pelotas primero le cancelan un partido porque el árbitro intentó suicidarse y no encontraron reemplazo last minute y luego llega el archirival de patio Mönchengladbach y le da una tunda en su propia casa -otra vez su fe de fan a prueba, jaja-...

Es interesante como se cierra solo el círculo. Si no fuera porque el blog buscara el tema de esa ausencia, no yo, no lo expresaría en mi vida de ahora, la que es sin él, porque ya ese vacío casi desapareció, salvo los pocos restos que quedan por ahí en rincones inesperados como mencionara above.

Valga este gesto de exorcismo, a ver si mi vida actual. la que es sin él, logra recuperar el mood del blog. La vida sigue siendo posteable.

viernes, 12 de agosto de 2011

The new guy

El hombre que salió de la nada en realidad pasó primero junto a mí antes de sentarse a mi lado cuando la DJ cambió la onda y yo hice una pausa. En aquel momento yo danzaba alegre entre la multitud, pero en ese segundo en el que él pasó al lado mío me sentí totalmente desarmada, súbitamente descubierta y tímida, desnudada pero no en un sentido corporal aunque mi reacción haya sido cubrirme el cuerpo con los brazos. Supongo que fue una premonición de lo que se me vendría (entre)pierna arriba. Recordé esa escena de un segundo solo tiempo después de haber seguido saliendo con él.

Cuando comenzamos a hablar (recuerdo su sonrisa cuando contesté que sí a su pregunta si estaba sola en aquel lugar) caí en cuenta de que sí lo había visto antes, pero su aspecto me había parecido un poco freak y por eso lo había descartado de plano. No contaba con su astucia. Cuando el curso de los hechos ya insinuaba que había que tomar una decisión, el hombre se excusó. Al día siguiente era la vernissage de una exposición suya y tenía que ir temprano a la galería a ultimar detalles. Me dio un flyer.

Así comenzó esta historia, con una vernissage del artista. No puedo evitar pensar divertida la idiotez de que sigo emulando sin querer a Meg Ryan*.

(ya lo he aclarado, me quedé en los 90's en ese género).

Los fantasmas no se van tan fácil

Si algo enseñan las películas de terror en general es que deshacerse de los malos espíritus es todo un camello, puede tomar hasta más de cinco partes.

El fantasma de mi ex me ronda por estos días, no sé por qué cuernos.
Quizás por haber hablado de él con mi amigote de Berlín, quien ha estado bastante pendiente de mí en esta situación, o por haber visto un fotograma de Chad Vader (yo adoraba a Chad Vader) en el Spiegel Online, que invariablemente consulto varias veces al día, no vaya y sea que el mundo se desbarate en cualquier momento (aunque me caen mal, me gusta el dinamismo de su diseño), o por ver ahora solo mis nombres, con más espacio, en el timbre del portón del edificio y en el buzón -este es otro de los típicos asombros anecdóticos de inmigrante: en Alemania el apartamento no se identifica con un número como en Colombia, sino con el apellido mismo de quienes lo habitan. En los timbres y buzones de las casas también aparece el apellido de los habitantes-. También he pasado por el dolor de recordar promesas que quedaron incumplidas.

Me quedaron un montón de cosas de él que decido conservar porque a mí también me gustan y no veo por qué tenga que renunciar a ellas: la buena comida, la Bundesliga y la Nationalmannschaft, las (buenas) películas y series sin doblar, la política, el no tragar entero, la cama de agua, la conciencia de cómo es que puede funcionar el mundo, ser trendsetter sin buscarlo, este apartamento en la provincia dusseldorfeña (él fue quien insistió en esta zona), buscar calidad (soy tan pobre que no puedo permitirme comprar cosas malas, decía), el desprecio y apego por lo material... encontrar un conspicuo contertulio como él está bien difícil. Así visto, no creo que sea tan reprochable extrañar algo bueno que tuve tanto tiempo.

Pero eso ya es periódico de ayer, Schnee vom gestern. Mi aquí y mi ahora son distintos a los de aquellos tiempos -aunque me cueste creerlo a veces-; añoro ese aspecto del pasado pero no quiero que vuelva a ser parte de ningún modo ni de mi presente ni de mi futuro.

Vuela, zapato viejo.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Desempolvando

Only for register.

No es que no esté pasando nada, todo lo contrario, esto se tornó bastante más telenovelesco de lo imaginado en los frentes laboral, ex-familiar y -ejem- de relaciones interpersonales (el hombre que apareció de la nada sigue ahí).

Supongo que es inevitable que una nueva sociedad le robe el tiempo y la atención al obsoleto blog.