Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos
Hace poco me dio por escuchar en el trabajo el único álbum que tengo en el disco duro de mi portátil laboral: Que me parta un rayo, Christina y los Subterráneos. Creo que se lo copié a mi amigo U* -que está condenado a volver a Hamburgo aun cuando no le guste ni un poquito de lo que yo la amo-. Este disco es el soundtrack existencial de mi década entre los middle 20s y middle 30s. Todas sus canciones representan alguna vivencia real o posible, me sigue estremeciendo oir experiencias y pensamientos propios cantados en un rockcito valiente por una mujer preciosa y sobre todo con la misma rebeldía y energía en el corazón de aquellos tiempos. Lo único bueno que pudiera abonársele al fatídico novio que tuviera en mis early 20s es que por eso "Las suelas de mis botas", "Mil pedazos", "Que me parta un rayo" o "Tengo una pistola" adquirieron carácter Musidramas autobiográfico. Esta última canción también arrastraba consigo un desespero existencial inexplicable, rabioso, anudado al cuello. Cuando oí la canción hace poco me chocó tanto patetismo, ya después de décadas ya no dan ni el cuerpo ni el tiempo para tanta desesperación aun cuando la angustia existencial siga ahí, después de décadas.
Cuando me aprestaba a conducir un auto sola por vez primera puse "Dile a papá" en el playlist de la ocasión (por aquello de que me iba a coronar princesa de la autopista), pero seguí oyendo el resto que decía "..dile a los chicos / que no volveré más" y me dio un embiste de nostalgia como muy pocas veces me ha pasado en estos ya más 15 años de pseudoexilio. Aún hoy en día no dejan de repetirse noches infructuosas en las que acabo en unos desparches bien bravos con el corazón lleno de pulgas. He tenido muchos días sin malditas florecitas ni arcoiris sobre mí pero también perfectamente felícisimos en compañía de gente maravillosa. Hace poco leí un artículo de las traducciones alemanas del Corto Maltese y por fin pude entender qué era lo que Christina se había comprado en ese bazar. En suma, no había caído en cuenta de que mi biografía tenía un soundtrack tan cercano.
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sábado, 12 de noviembre de 2016
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domingo, 24 de noviembre de 2013
Tren de regreso
Como no tenía reservación, decidí tomar el primer puesto que encontré, que fue justo frente a la puerta automática que hacía unos ruidos como de asmático sin aire cada vez que se cerraba. En la ventana iba una francesita joven viendo este bodrio de película en su ipad y al otro lado del pasillo iba una chica presumo europea del este asentada en Alemania -es un no sé qué indefinible, oxigenado y gatuno que tienen estas nenas o que les pone mi prejuicio- que había abandonado su puesto reservado por tratarse de uno de los superpuestos que traen los trenes rápidos alemanes: SIN ventana. Estaría en sus early 20's y venía también con unas maletotas. A su lado se sentó un chico negro, apenas unos años mayor que ella. Ella venía un poco cual perdido recién encontrado y se puso a hacerle la charla al muchacho. Él le siguió la corriente y ella le contó que venía de estar dos meses en Londres, que le iba a dar muy duro regresar otra vez a su pueblo donde nadie sale después de haber disfrutado el espíritu nightclubbing de Londres, en donde todos se esmeran por salir. El era camerunés, hablaba bien alemán pero accedió a desempolvar con ella el inglés que aprendió hace años en Australia a todo lo largo del camino, que duró cosa de 3 horas. Ella también había considerado ese continente para ir a aprender inglés, lo que había hecho en Londres, pero la distancia la asustó. Me conmovió la espontaneidad de su contacto, la fluidez de los temas. Cuántas veces no he quedado yo misma atrapada en un diálogo así, aunque ahora que lo escribo hace ya rato que no me pasa, ha de ser que ese entusiasmo y esa naivität de compartir tu alegría con el mundo se vayan perdiendo. Si bien es cierto que ella venía really overexcited de su aventura londinense y le hubiera sacado charla a quien quiera que se hubiera sentado a su lado, hubo la suerte de que su interlocutor fue bueno. Aunque él dijo que en casa lo esperaban su esposa y sus hijos y no hubo flirt en el diálogo hablado (no pude ver el corporal) al final acabaron haciéndose confidencias del tipo "eres la primera persona a la que le cuento". Entre esta escena quasi Before Sunrise y el bodrio de película, que entendí completísimo a pesar de haberla visto a pedazos de lejos y de medio lado en un ipod vecino y sin audio, se me olvidaban los ahogos de la puerta cada que se cerraba y se pasó rápido el viaje de regreso.
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