Yo entonces, en vez de ponerme a trabajar, vengo a este blog lleno de telarañas y polvo a escribir esto para aterrizar mi apachurre de alma y ponerme un poco en contexto.
lunes, 15 de agosto de 2016
Contextualízome
En estos precisos momentos tengo el alma un poco estrujada por un evento maravilloso y efímero. No es lo pasajero del asunto lo que me tiene pensando, sino la luz tan desfavorable que dejó caer sobre mi vida cotidiana. En este modus llego al trabajo y saludo a uno de mis colaboradores que me actualiza sobre la situación que lo tuvo ausente 2 semanas: a su padre ochentón comenzó a darle todo tipo de dolores de causa desconocida, el señor consecuentemente se puso bastante necio mientras los médicos averiguaban el porqué. Cuando por fin establecieron que se trata de una hernia discal mal curada en el pasado, cayeron todos en cuenta de que los dolores también dejaron visible otra condición de la que el señor adolece: la necedad del señor es síntoma de demencia. Se espera cura de espalda para decidir si el señor sigue viviendo solo con alguien que vaya a cuidarlo o si se muda a un hogar de ancianos.
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miércoles, 3 de agosto de 2016
Dicha de verano
Y en menos de nada lleva el verano 800 años aunque las vacaciones escolares en realidad hayan comenzado hace apenas 3 semanas, las condiciones luminosas hasta tarde ya son normales y no joden, pocos pero alcanzó a haber algunos días de sandalia, no llovió el día de mi cumpleaños pero sí estuvo gris.
2016 se escurría en sus rutinas hasta fines de mayo con un fin de semana alargado a partir de una reunión de trabajo un viernes en Berlín. Berlín del alma siempre vale la pena la visita, esta vez me quedé en un barrio occidental en donde nunca pasó nada ni en tiempos del muro ni ahora y se sintió muy raro y conocí personalmente a alguien de Twitter. Junio tuvo dos excursiones a Amsterdam, una a principios del mes en compañía de mi alma gemela y la otra a finales con mis hermanos y sobrino. El encuentro con los -medio- hermanos estuvo muy emotivo por la presencia del mayor y su hijo cincoañero que viven en Colombia (se fueron de nuestra natal Bogotá a Cali hace 2 años) y con quien no hablaba largo y tendido desde hacía más de 30 años -a sobrino sí lo conocía pero con él el trato había sido 0-, todo en el marco de una festividad muy alegre del hermano menor que vive en Holanda hace ya años y ya es como de la casa, como pasa también con el alma gemela.
La visita familiar se replicó en mi domicilio düsseldorfeño a principios de julio. De haber un solo especímen M. en esta casa pasó a haber 4 de un momento para otro. Aún digiero la avalancha de cheveridad de aquellos días. Me alegro mucho de que mis hermanos sean y estén ahí. El sobrino fue un capítulo aparte de aprendizaje y disfrute por parte de esta respetable señora que se quedó vistiendo santos por ese lado.
A fines de julio tuve otro encuentro afortunado y raro, uno de los personajes de mi biografía, mi roommate de 7 años en Bogotá, estaba de paso en Hamburgo. Al lado del tiempo familiar, esas 11 horas con este hombre cuentan entre las más preciadas del año, de la vida, de los recuerdos.
Soy dichosa.
2016 se escurría en sus rutinas hasta fines de mayo con un fin de semana alargado a partir de una reunión de trabajo un viernes en Berlín. Berlín del alma siempre vale la pena la visita, esta vez me quedé en un barrio occidental en donde nunca pasó nada ni en tiempos del muro ni ahora y se sintió muy raro y conocí personalmente a alguien de Twitter. Junio tuvo dos excursiones a Amsterdam, una a principios del mes en compañía de mi alma gemela y la otra a finales con mis hermanos y sobrino. El encuentro con los -medio- hermanos estuvo muy emotivo por la presencia del mayor y su hijo cincoañero que viven en Colombia (se fueron de nuestra natal Bogotá a Cali hace 2 años) y con quien no hablaba largo y tendido desde hacía más de 30 años -a sobrino sí lo conocía pero con él el trato había sido 0-, todo en el marco de una festividad muy alegre del hermano menor que vive en Holanda hace ya años y ya es como de la casa, como pasa también con el alma gemela.
La visita familiar se replicó en mi domicilio düsseldorfeño a principios de julio. De haber un solo especímen M. en esta casa pasó a haber 4 de un momento para otro. Aún digiero la avalancha de cheveridad de aquellos días. Me alegro mucho de que mis hermanos sean y estén ahí. El sobrino fue un capítulo aparte de aprendizaje y disfrute por parte de esta respetable señora que se quedó vistiendo santos por ese lado.
A fines de julio tuve otro encuentro afortunado y raro, uno de los personajes de mi biografía, mi roommate de 7 años en Bogotá, estaba de paso en Hamburgo. Al lado del tiempo familiar, esas 11 horas con este hombre cuentan entre las más preciadas del año, de la vida, de los recuerdos.
Soy dichosa.
domingo, 6 de marzo de 2016
Lamentos de oficina
Ya no sé ni con qué cara volver a este blog después de tanto descuido, pero lo importante es regresar, así que heme aquí.
Qué mejor que regresar ejerciendo uno de los pasatiempos favoritos de este país, LA QUEJA.
Desde 2010 llevo trabajando como un burro. Hasta 2013 pensaba en la retrospectiva ingenua y fictiva que nos da el cambio de año cuánto había trabajado de más y no dejaba de albergar una esperancita pendeja de "ojalá el año que viene la cosa mejore". La realidad se encargó de impartir sus lecciones y desde ese entonces y hasta ahora el asunto es sobrevivir y acabar el año empleada y mejor sin mirar para el frente en cuanto a carga de trabajo para no azorarme.
La partida de la jefa insensible el año pasado mejoró el ambiente de trabajo (increíble cómo la señora nos llevaba a todos por la calle de la amargura, abóneseme que omití convertir el blog en el muro de tales lamentaciones) pero eso no cambia la situación general de la empresa, en la que el "lean" inclemente que se ha llevado a cabo para aumentar el rendimiento ha dejado -entre muchos otros- un montón de tareas a las que todo el mundo les saca el cuerpo por física falta de capacidad y que van de inbox en inbox como una papa caliente con la que nadie quiere quedarse, por la que nadie responde. Los shared service centers a los que se ha ido buena parte de los procesos tampoco son ilimitados y cualquier nueva tarea que pueda caber en sus funciones es objeto de arduas negociaciones. A veces tan intransigentes que toca decir "muestre para acá más bien".
Mi office husband y jefe directo también partió el año pasado: no se murió ni renunció ni lo echaron sino que se fue a otra división, como hiciera jefa insensible. No pude evitar los chistazasos con el tema "todos me abandonan", pero F. se fue para seguir avanzando y by the way dejándome el camino libre para que yo lo hiciera. Halagador y merecido ser ahora la jefe de mi grupo, que son un combo de gente competente y bacana, pero -permaneciendo fiel al tema de esta entrada-... con más tareas y responsabilidades.
El gerente que embutió la "optimización" se va a liderar otra empresa (la de la ropa deportiva de las 3 rayitas) y quien lo reemplaza es alguien que, a diferencia del primero que sólo estuvo 10 años y llegó directamente a la cúpula, lleva 35 y comenzó de abajo. No me ilusiono con un cambio radical, ni muchísimo menos con un back to the roots -mi idiotez tiene un límite-. Sólo espero que no me pongan más peso en los fardos que ya cargo.
PS: Por todo esto las palabras de Byung Chul Han son de tanto consuelo.
PS: Por todo esto las palabras de Byung Chul Han son de tanto consuelo.
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sábado, 14 de noviembre de 2015
Estambul - finally
Es imperdonable que aún no haya dejado
testimonio de mi estadía de 10 días en Estambul. La oportunidad se dio en
diciembre de 2013, en el que aún tenía más de dos semanas de vacaciones en ese
año y estaba absolutamente desparchada para navidad. La lección que me
dejaran una navidad sola en Hamburgo en 2001 y una excursión a Viena para esa
fecha en 2003 me previno de intentar pasar esos días en tierras cristianas.
Qué mejor que ir a templar a un país en donde no haya nada de esos
embelecos y mejor aún, tener por fin mi añorado tete-a-tete con mi admirada
Estambul, otrora Constantinopla, posterior Bizancio, capital imperial a lo
largo de milenios. Saqué valor de no sé dónde y toda espontánea contacté
al estambulita de ensueño en Facebook proponiéndole un casual encuentro
a tomar café ahora que iba a su ciudad natal. Que lástima que no podía,
vive en algún lugar en Alemania que me doy cuenta ahora de que no registré.
Tengo tan descuidado este blog que había olvidado el registro de ese
Sehnsucht que yo ya tenía con esta ciudad. Pero el encuentro fue tan
excitante que puedo dar muy buena cuenta de él incluso casi dos años después.
Obviamente que una
ciudad con esa ubicación geográfica no tenía cómo decpcionar las expectativas.
Hace poco topé este artículo del New Yorker: en las
obras del Mármararay cuando acababan de extraer los hallazgos del s. VII se
encontraron con unos... del 11.000 a.C. Ese sitio es tan estratégico que está
condenado a estar lleno de vida desde casi siempre. Y además hermoso.
La vista desde el Sultanahmet de los dos mares es preciosa. No tuve de
otra que enamorarme. Tenía toda la escenografía mental de la ciudad gracias a
Pahmuk y de los palacios vía un libro que dejara mi hermano olvidado por aquí
de la historia del harén turco, que es la misma del imperio otomano. La belleza
de los lugares históricos (es especial de las mezquitas, Santa Sofía por Dios)
quita el aliento. Pero el impacto de Estambul fue más que eso. Su
espíritu resultó ser muy fácil de interpretar porque era muy de la onda de la
Bogotá que viví. Era asombroso estar parada en cualquier esquina y
sentirme como si estuviera en Bosa, el Restrepo, San Victorino, la Soledad, el
7 de agosto, la 9° en el centro. Intenté irme caminando de Taksim, la
plaza de las manifestaciones, al centro por un camino alternativo a Pera / Galata,
nada más para constatar que hay un agujero negro comparable a la Perseverancia
en ese trayecto. En el centro también se veían silleteros, un
oficio antiguo en vía de extinción, y su versión más moderna, los
carretilleros; emboladores, vendedores ambulantes, pescadores sobre el puente del Gálata, artistas callejeros... En Kadikoy me sorprendieron la
vivacidad del mercado, la sencillez y la delicia de un yogurt con miel y el
doppelgänger del Centro Cultural del Libro del centro de Bogotá.
También me hizo sus
desplantes la condenada. Foco turístico desde hace décadas -no sabía que
algunas reliquias musulmanas aún se encuentran en el palacio de Topkapi, por lo
que la ciudad es desde hace marras lugar de peregrinación del mundo musulmán-,
casi maldita sea nadie habla inglés. Mucha trampa para turista, no pude evitar caer
en una. El primer y único taxi que tomé en ese viaje, desde Taksim hasta mi
hotel en el Sultanahmet a mi llegada, no sólo me esquilmó sino que el hijueputa
taxista fue muy grosero. Fui timada en un tour que traté de hacer a
Bursa, la que fuera la capital otomana mucho antes de la conquista de
Constantinopla, fui víctima del grupo juvenil del medio oriente que decidió
mejor irse a esquiar que ir a ver edificios viejos, pero me las ingenié para
regresar por mi propia cuenta a Estambul. Todos los hombres nativos que se
cruzaron en mi camino -excluyendo el dueño y el portero del hotel- intentaron
su lance galante conmigo por el mero hecho de estar paseando sola, menos mal no
llegaron a ser atrevidos, pero no dejó de ser, a lo largo de los días, jarto.
Pero con todo la amé. No dejó de hacerme
chistes y guiños, de mostrarme escenas curiosas, paisajes y casas bellos. Tiene
muchas librerías y tiendas de artículos de escritura y dibujo, como Praga y
Viena. Los títulos en las librerías tenían, además de autores turcos, muchos
autores occidentales. Tomé todo el jugo de granada que pude. Por
supuesto que como todo peñasco que da al Mediterráneo es pura loma, mis
rodillas lo resintieron bastante. Traté de montar en transporte público,
ferries incluídos, lo más que pude. Hubo además dos ferries en el Mármara
y el metro por debajo. No dejó de ser extraño tener que cubrirme la cabeza y quitarme los zapatos en las mezquitas, no dejó de indignarme tener que ponerme en la última fila en las mezquitas "normales" (con no tanta presencia de turistas occidentales). Los cementerios otomanos, que se encuentran por todas partes, me impresionaron: los muertos están enterrados verticalmente y sobre la lápida va la forma del sombrero que el muerto usaba en su oficio.
Algo que se robó mi corazón fue la deferencia
que le tienen a los animales callejeros. Siempre hay comida para gatos
por ahí disponible, alguna vez que vi unos perros solos por ahí a sus anchas
pensé en "pobrecitos perritos" antes de ver las casas perrunas que
tenían en una esquina de un parque. La ciudad me regaló la escena de un hombre
en el barrio de las tiendas para rusas (una moda tan gatuna en las vitrinas que
los letreros en cirílico eran redundantes) piropear una mujer, patear un gato y
acariciar un perro en menos de 20 metros. Lastimosamente la hospitalidad
animal también se extiende a las palomas.
Fue mi primer paseo
con smartphone, como se ve por la relativa abundancia de fotos linkeadas, y con twitter disponible. Buena cuenta de algunos sabrosos
entremeses del viaje quedó registrada ahí.
En 2012 leí la
edición hispana de "El museo de la inocencia" de Pahmuk. Estaba a
punto de mandarla al diablo porque la chilladera del protagonista con su
Füsuncita -la heroína, Füsun- me tenía mareada, pero por casualidad leí en el
periódico de la inauguración del museo del mismo nombre en Estambul,
complemento de la novela, a cargo de su autor. El libro tiene en uno de
los capítulos finales un bono para ingresar al museo sin pagar mostrando el
libro, hay un espacio para el sello del museo. Cómo no que hice buen uso de mi ejemplar.
Ahora que estuve en
Creta, otro paraje mediterráneo con rastros otomanos también (los otomanos le
birlaron la isla a los venecianos en ~1660 y la perdieron a fines del s. XIX),
no dejé de recordar y suspirar a Estambul y de tomar ánimos para por fin escribir el reporte que estaba debiéndole a este blog.
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miércoles, 4 de noviembre de 2015
Historia con moraleja
Esta historia, aún cuando es de 2012, no ha perdido actualidad.
Mi empleador tiende a adoptar en sus políticas, lemas y objetivos temas de moda y políticamente correctos en el mundo empresarial. Eso en este siglo XXI es decir "sostenibilidad" y "diversidad". La "diversity" fue inicialmente enfocada hacia el empoderamiento de las mujeres, por ejemplo fijando políticas de aumentar personal femenino en los puestos gerenciales -una mujer fue nombrada en el consejo directivo, lo cual es todo un especímen exótico en este país godarrio *olvidé mencionar que hay una ley que obliga a eso*- y organizando una red de trabajo femenina.
Una de las actividades iniciales de la red fue invitar a la gerente de diversidad de Ford -la ensambladora más grande de Ford en Europa está en Colonia, a 30 km de este pueblo- a que nos ofreciera una charla. Sin exagerar fui la única asistente. Las organizadoras, furiosas, dejaron entonces la decisión del siguiente evento a las demás miembros de la red.
El siguiente evento de la red femenina fue un taller sobre cómo vestirse mejor en la oficina.
Nunca más volví a nada de la tal red esa. Ahora el grupo de diversidad también tiene en cuenta a los hombres que piden licencia de paternidad (Alemania hace progresitos también por ahí), a incapacitados, a gente que hace home office, ah, sí, y a las mujeres también.
Mi empleador tiende a adoptar en sus políticas, lemas y objetivos temas de moda y políticamente correctos en el mundo empresarial. Eso en este siglo XXI es decir "sostenibilidad" y "diversidad". La "diversity" fue inicialmente enfocada hacia el empoderamiento de las mujeres, por ejemplo fijando políticas de aumentar personal femenino en los puestos gerenciales -una mujer fue nombrada en el consejo directivo, lo cual es todo un especímen exótico en este país godarrio *olvidé mencionar que hay una ley que obliga a eso*- y organizando una red de trabajo femenina.
Una de las actividades iniciales de la red fue invitar a la gerente de diversidad de Ford -la ensambladora más grande de Ford en Europa está en Colonia, a 30 km de este pueblo- a que nos ofreciera una charla. Sin exagerar fui la única asistente. Las organizadoras, furiosas, dejaron entonces la decisión del siguiente evento a las demás miembros de la red.
El siguiente evento de la red femenina fue un taller sobre cómo vestirse mejor en la oficina.
Nunca más volví a nada de la tal red esa. Ahora el grupo de diversidad también tiene en cuenta a los hombres que piden licencia de paternidad (Alemania hace progresitos también por ahí), a incapacitados, a gente que hace home office, ah, sí, y a las mujeres también.
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Refugiados
Este parece otro país muy distinto del que estaba de fondo en la última entrada de este blog. Ya nadie se acuerda del vaivén de la crisis de Grecia que mandó la parada europea a principio de año. Desde hace ya no sé cuántos meses el hit de moda en las noticias y en la política -no se sabe cuál manda a cuál- son los refugiados. No que nos los hubiera antes, sino que las cantidades ya no pasan inadvertidas. Al contrario de lo que pasa con muchas noticias, esta se niega a abandonar los titulares después de meses. La solidaridad inicial -respaldada por palabras tajantes y precisas de Angie Merkel, lo que fue todo un acontecimiento- persiste en general, a pesar de las peleas entre los partidos, la lentitud de la burocracia, los incendios a hogares y otro tipo de atentados a refugiados, los cretinos que salen a azuzar populacho... y la gente sigue llegando.
Todos mis corresponsales en el extranjero me preguntan por los refugiados. S., el amigo fan irredento de Hamburgo estaba impresionado con las escenas que vio el mes pasado que estuvo por allá (8 años después S. aún es cliente frecuente de la ruta México - Hamburgo). Un compañero de trabajo es voluntario de los Johanniter y ya ha ayudado en la mudanza de varios grupos a hogares temporales. Mi entrañable paisana A., está feliz alfabetizando (!) a un grupo de refugiados en la academia donde trabaja. ¿Y yo? Yo voy juiciosa del trabajo a la casa y viceversa, de vez en cuando voy al centro, siempre en la bici y/o en el transporte público. Pero así y todo, sólo los veo cuando prendo la televisión.
Update Nov 19 2015:
Por fin llega la realidad a mi puerta. Mañana se instalan los habitantes de un hogar para refugiados construído en las inmediaciones de un equipo de fútbol local ubicado a unos 500 m de mi casa.
Todos mis corresponsales en el extranjero me preguntan por los refugiados. S., el amigo fan irredento de Hamburgo estaba impresionado con las escenas que vio el mes pasado que estuvo por allá (8 años después S. aún es cliente frecuente de la ruta México - Hamburgo). Un compañero de trabajo es voluntario de los Johanniter y ya ha ayudado en la mudanza de varios grupos a hogares temporales. Mi entrañable paisana A., está feliz alfabetizando (!) a un grupo de refugiados en la academia donde trabaja. ¿Y yo? Yo voy juiciosa del trabajo a la casa y viceversa, de vez en cuando voy al centro, siempre en la bici y/o en el transporte público. Pero así y todo, sólo los veo cuando prendo la televisión.
Update Nov 19 2015:
Por fin llega la realidad a mi puerta. Mañana se instalan los habitantes de un hogar para refugiados construído en las inmediaciones de un equipo de fútbol local ubicado a unos 500 m de mi casa.
lunes, 29 de junio de 2015
Verano
Se instala el verano como si nunca se hubiera ido, como si todo hubiera estado reventando de verdor y soltando motas y polen desde siempre. A veces llueve y no hace tanto calor -ah, como días bogotanos-, a veces salta el termómetro y a mi yo tropical de montaña para quien el calor siempre fue ocio le cuesta mucho trabajo escoger qué ponerse.
Novedoso en este verano 2015:
Ha hecho mucho viento, no lo recuerdo de antes. Es un viento ameno y juguetón, me da emoción poder sumergirme en él, pero cuando sopla más fuerte ya no se puede pedalear -o sí se puede, pero esforzándose mucho más-.
Llegan los loritos a Urdenbach. Me extraña que no se hayan instalado antes.
Limpié las ventanas de mi casa. La última vez fue hace 2 años y con el resultado de ayer siento como si hubiera vivido en penumbras este tiempo.
Ya decidí que me gusta más tener estaciones.
Novedoso en este verano 2015:
Ha hecho mucho viento, no lo recuerdo de antes. Es un viento ameno y juguetón, me da emoción poder sumergirme en él, pero cuando sopla más fuerte ya no se puede pedalear -o sí se puede, pero esforzándose mucho más-.
Llegan los loritos a Urdenbach. Me extraña que no se hayan instalado antes.
Limpié las ventanas de mi casa. La última vez fue hace 2 años y con el resultado de ayer siento como si hubiera vivido en penumbras este tiempo.
Ya decidí que me gusta más tener estaciones.
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viernes, 24 de abril de 2015
Iglesias
En menos de dos semanas he asistido a dos misas. Creo que nunca en mi vida había estado en misa tan frecuentemente. Ambas misas católicas y en ambos casos curas hardcore y regañones. Esto viene a pasarme en Alemania, el país del que pensara que por estar en la ultraarchicivilizada Europa ya se había desentendido de esos lastres.
Nada más alejado de la realidad. Alemania le es fiel a sus iglesias cristianas. No en vano el papa pasado fue de estas tierras. Los domingos NO se trabaja. El idioma alemán se consolidó como tal cuando un cura tradujo la Biblia del latín a la jerigonza que se hablaba en ese entonces en el Sacro Imperio Romano. Hay dos partidos que tienen el adjetivo "cristiano" en el nombre, nefastos y en el poder. Pertenecer a la iglesia no es sólo asunto de fe: quienes pertenecen oficialmente a las iglesias católica o protestante les aportan mensualmente 4% de su salario. Si uno quiere cesar su aporte tiene que presentar renuncia formal, es decir, ir a una oficina, llenar un formulario y firmar*. Le queda a uno 4% más del sueldo pero se pierde el derecho a los sacramentos -supongo que el único que queda disponible es la extremaunción- y sobre todo a los servicios que ofrecen -las guarderías son de los más apetecidos-.
*: De los típicos cuentos de ciencia ficción que cuestan creer al principio en estas tierras. Poner en el mismo cajón con el impuesto de televisión y el empadronamiento e impuesto del perro.
El formulario de empadronamiento tiene el campo "Iglesia" con los cuadraditos "católica", "protestante" para rellenar con una X. Cuando lo llené por vez primera yo ya la tenía muy clara y dejé esa área en blanco, así que gracias a Dios nunca se han quedado esos bandidos con lo que gano con el sudor de mi frente.
Pero yo también aprovecho tanto fervor. Disfruto de los festivos que imponen -en ese sentido el catolicismo es mejor que los demás y por eso Mayo/Junio en Renania del Norte parecen que fueran en un calendario colombiano-, soporto las campanadas que los curas locos dejan sonar por cuartos de hora completos -en los últimos 10 años he vivido en dos ciudades y en cada una he tenido una iglesia a menos de 200 m de mi casa-, comparto los ritos que amigos y conocidos celebran. Ya he estado en un bautizo, una primera comunión y una boda. En un mes asistiré a una confirmación protestante (creo que los protestantes se ahorran un sacramento y tienen un paquete "comunión+confirmación-todo en uno") y espero que aún no me toque asistir a ningún entierro.
Nada más alejado de la realidad. Alemania le es fiel a sus iglesias cristianas. No en vano el papa pasado fue de estas tierras. Los domingos NO se trabaja. El idioma alemán se consolidó como tal cuando un cura tradujo la Biblia del latín a la jerigonza que se hablaba en ese entonces en el Sacro Imperio Romano. Hay dos partidos que tienen el adjetivo "cristiano" en el nombre, nefastos y en el poder. Pertenecer a la iglesia no es sólo asunto de fe: quienes pertenecen oficialmente a las iglesias católica o protestante les aportan mensualmente 4% de su salario. Si uno quiere cesar su aporte tiene que presentar renuncia formal, es decir, ir a una oficina, llenar un formulario y firmar*. Le queda a uno 4% más del sueldo pero se pierde el derecho a los sacramentos -supongo que el único que queda disponible es la extremaunción- y sobre todo a los servicios que ofrecen -las guarderías son de los más apetecidos-.
*: De los típicos cuentos de ciencia ficción que cuestan creer al principio en estas tierras. Poner en el mismo cajón con el impuesto de televisión y el empadronamiento e impuesto del perro.
Pero yo también aprovecho tanto fervor. Disfruto de los festivos que imponen -en ese sentido el catolicismo es mejor que los demás y por eso Mayo/Junio en Renania del Norte parecen que fueran en un calendario colombiano-, soporto las campanadas que los curas locos dejan sonar por cuartos de hora completos -en los últimos 10 años he vivido en dos ciudades y en cada una he tenido una iglesia a menos de 200 m de mi casa-, comparto los ritos que amigos y conocidos celebran. Ya he estado en un bautizo, una primera comunión y una boda. En un mes asistiré a una confirmación protestante (creo que los protestantes se ahorran un sacramento y tienen un paquete "comunión+confirmación-todo en uno") y espero que aún no me toque asistir a ningún entierro.
jueves, 15 de enero de 2015
Hastío
No sé por qué me empeñé medio inconscientemente en ponerme política en este blog. Digo inconsciente porque hasta hace poco (en la escala de tiempo de este blog, hará un año) caí en cuenta de que no había creado la etiqueta para el tema a pesar de tratarlo con frecuencia.
Pero después de los sucesos de la semana pasada ya no quiero considerarlo más. Exageré leyendo cuánto artículo cayó en mis manos y me atraganté por no haberlos discutido con nadie. Con nadie de aquí. Por qué cuernos no lo hice es una buena pregunta que de comenzar a respondérmela me sumiría aún más en el desasosiego. El remate: La Gran Farsa Exagerada de marcha en París el domingo 11 de enero. Occidente mirándose el ombligo con cara de "por qué me joden estos infelices a mí que soy tan modosito y civilizado". La ley y la indignación sólo son para los de ruana en TODO el bendito mundo. El siglo XXI resulta ser un cambalache aún más indigno que el XX. En resumen: vayámonos todos para nuestra mierda.
Pero después de los sucesos de la semana pasada ya no quiero considerarlo más. Exageré leyendo cuánto artículo cayó en mis manos y me atraganté por no haberlos discutido con nadie. Con nadie de aquí. Por qué cuernos no lo hice es una buena pregunta que de comenzar a respondérmela me sumiría aún más en el desasosiego. El remate: La Gran Farsa Exagerada de marcha en París el domingo 11 de enero. Occidente mirándose el ombligo con cara de "por qué me joden estos infelices a mí que soy tan modosito y civilizado". La ley y la indignación sólo son para los de ruana en TODO el bendito mundo. El siglo XXI resulta ser un cambalache aún más indigno que el XX. En resumen: vayámonos todos para nuestra mierda.
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martes, 23 de diciembre de 2014
Compendio para proseguir.
He sido capaz de romper un record de poco escribir por aquí, 2014 llegó a ser el año con menos posts. Me da pesar con este blog y sus esporádicos lectores haberlo abandonado tanto. Me intriga cómo y cuándo fue que se me cayeron las gafas bloggeras, cuándo comencé a pensar únicamente en 140 caracteres.
Quizás después de 15 años de transplante de tierra haya perdido la sensibilidad de la diferencia que fuera lo que motivó inicialmente el blog. Los contrastes han palidecido y ya no lo son tanto, son apenas sutiles cambios de texturas. 15 años ha sido tiempo suficiente para desmontar el mito de este país, conocerlo tras bambalinas y consolidar mi propia versión. No me molesta ese "no ser de aquí ni ser de allá" pero admito que a veces me aburren tantas medias tintas, tanta agua tibia, tanto ni sí ni no.
La "inmunidad chistosa" adquirida me ha sido bastante útil. Puedo usar mi risita sarcástica ante situaciones absurdas y típicas de este país no sólo sin inhibirme, sino exagerando el sarcasmo. He votado cuantas veces he podido, a ver si por lo menos así contribuyo al desmontaje de la godarria en este país (tarea que no es fácil. He ahí un tema para un post, la godarria alemana que aún me cuesta creer, un contraste con el que no he perdido sensibilidad). Fue curioso que este año la elección de alcalde en Düsseldorf coincidiera con la elección presidencial en Colombia: hubo segunda vuelta entre los dos ganadores de la primera y éstas fueron en las mismas fechas. Otra coincidencia: Al final no fue que la gente votara por el uno sino que votamos en contra del otro.
También fue la elección al parlamento europeo, pero de esa sí salí muy decepcionada, puedo entender a los partidos antiEuropa porque eso fue una farsa comprada, ni el luxemburgués que oficia de presidente de la Comisión ni su partido fueron elegidos sino que al tipo lo pusieron ahí a los pupitrazos 2 meses después de las elecciones. Lo mismo va Angie y les dice lo que ellos tienen que hacer y ellos muy juiciosos van y lo hacen.
Angela Merkel, otro tema él solo. Aunque del partido demócrata cristiano (he dicho ya que un partido con el adjetivo cristiano en el nombre es demoníaco) y ambiciosa de poder como pocos, Angie representa también el triunfo de la nerdada, de ser juicioso (Angie trabaja como una berraca), del nadadito de perro, de la no-fantochería. Este año celebró sus 60 con una conferencia académica en donde casi todo el mundo se durmió y perversas revistas de moda le echan en cara que no compra ropa publicando fotos suyas desde principios de los 90 hasta hoy con el mismo chiro. ¿Cómo no simpatizar con ella? Releyendo caigo en cuenta de que no menciono el tema de "mujeres al poder". Angie no le hace mucho bombo al asunto porque no le interesa y si le interesara, creo que haría como si no, porque ponerse muy feminista le quitaría votos irremediablemente. A Alemania no le gustan los cambios y menos si son medio revolucionarios y a Angie no le gusta perder poder.
Ahora ando con compañía, que por primera vez desde hace años es alemana 100%. Tengo que comenzar un poco de cero con toda la compilación de asuntos colombogermanos y aún es temprano para saber si mi barquito navega viendo la costa o está perdido mar adentro.
Quizás después de 15 años de transplante de tierra haya perdido la sensibilidad de la diferencia que fuera lo que motivó inicialmente el blog. Los contrastes han palidecido y ya no lo son tanto, son apenas sutiles cambios de texturas. 15 años ha sido tiempo suficiente para desmontar el mito de este país, conocerlo tras bambalinas y consolidar mi propia versión. No me molesta ese "no ser de aquí ni ser de allá" pero admito que a veces me aburren tantas medias tintas, tanta agua tibia, tanto ni sí ni no.
La "inmunidad chistosa" adquirida me ha sido bastante útil. Puedo usar mi risita sarcástica ante situaciones absurdas y típicas de este país no sólo sin inhibirme, sino exagerando el sarcasmo. He votado cuantas veces he podido, a ver si por lo menos así contribuyo al desmontaje de la godarria en este país (tarea que no es fácil. He ahí un tema para un post, la godarria alemana que aún me cuesta creer, un contraste con el que no he perdido sensibilidad). Fue curioso que este año la elección de alcalde en Düsseldorf coincidiera con la elección presidencial en Colombia: hubo segunda vuelta entre los dos ganadores de la primera y éstas fueron en las mismas fechas. Otra coincidencia: Al final no fue que la gente votara por el uno sino que votamos en contra del otro.
También fue la elección al parlamento europeo, pero de esa sí salí muy decepcionada, puedo entender a los partidos antiEuropa porque eso fue una farsa comprada, ni el luxemburgués que oficia de presidente de la Comisión ni su partido fueron elegidos sino que al tipo lo pusieron ahí a los pupitrazos 2 meses después de las elecciones. Lo mismo va Angie y les dice lo que ellos tienen que hacer y ellos muy juiciosos van y lo hacen.
Angela Merkel, otro tema él solo. Aunque del partido demócrata cristiano (he dicho ya que un partido con el adjetivo cristiano en el nombre es demoníaco) y ambiciosa de poder como pocos, Angie representa también el triunfo de la nerdada, de ser juicioso (Angie trabaja como una berraca), del nadadito de perro, de la no-fantochería. Este año celebró sus 60 con una conferencia académica en donde casi todo el mundo se durmió y perversas revistas de moda le echan en cara que no compra ropa publicando fotos suyas desde principios de los 90 hasta hoy con el mismo chiro. ¿Cómo no simpatizar con ella? Releyendo caigo en cuenta de que no menciono el tema de "mujeres al poder". Angie no le hace mucho bombo al asunto porque no le interesa y si le interesara, creo que haría como si no, porque ponerse muy feminista le quitaría votos irremediablemente. A Alemania no le gustan los cambios y menos si son medio revolucionarios y a Angie no le gusta perder poder.
Ahora ando con compañía, que por primera vez desde hace años es alemana 100%. Tengo que comenzar un poco de cero con toda la compilación de asuntos colombogermanos y aún es temprano para saber si mi barquito navega viendo la costa o está perdido mar adentro.
domingo, 9 de noviembre de 2014
Some things never change
Más de 20 y pico de años después, irse a dar vueltas al centro de Bogotá sigue siendo un plan con H. http://sombrerodelahogado.blogspot.de/2011/02/i-was-in-all-those-scenes.html?m=0
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viernes, 8 de agosto de 2014
Naturaleza - Pájaros
Serán los años o lo emocionante que es mi barrio que de un tiempo para acá reparo en la población de pájaros que también son vecinos.
Están las golondrinas, flechitas aladas, que como dice la canción, sólo se ven en verano -también me asombró en su momento probar que el agua del mar es salada-. Cuando llega el atardecer comienza todo el mundo pajaril a canturrear. Gorriones de pecho amarillo, gorriones de pecho azul, gorriones cafés de cabeza roja. Andan en bandada y se ven tiernos por el tamaño, si fueran más grandes asustarían esos grupos. Las que más se escuchan son las mirlas, que más que cantar, parlotean. Les gusta pararse en un sitio especialmente prominente (la punta de un techo de tres aguas, la esquina del techo de un edificio, la rama más alta de un árbol alto) y de ahí echar sus discursos. Después de unas 3 estrofas hacen pausa, supongo que para escuchar la respuesta que les da otra mirla parada en otro lugar prominente, luego cantan otros tres párrafos, se detienen, y así.
Y están los que no cantan ni son bonitos ni se comen los mosquitos. Los de más clase, los cuervos, que se asoman muy esporádicamente. Las pobres urracas que parecen enchalecadas con su cuerpo blanco y el resto del cuerpo negro, con ese rabo enorme que no las deja ni mal caminar, con esos graznidos espantosos que no creo que ni a ellas mismas les guste. Y los tórtolos, que son más grandes que las palomas normales y tienden a sentarse en ramas delgadas que se doblan con su peso, emparejaditos, todo el día con su currucucú o correteando a los tórtolos intrusos.
Algún día de fin de semana me di cuenta de que mi balcón era parte del escenario en disputa de los tórtolos. Pobre balcón está abandonado a su suerte so pretexto de que el que ponía plantas allí y lo cuidaba se fue del apartamento y de mi vida. Supe de dónde era que salían semejantes cagajonazos que encontraba (ingenuamente llegué a pensar en la notable digestión de los gorriones). Lo peor fue que tener que asumir el rol de tórtolo y entrar a terciar en el asunto marcando mi territorio. Más de una vez tuve que salir al balcón a espantarlos. Recordé el tip de algún conocido y ahora el balcón a su descuido suma una bella decoración de tenedores de plástico puestos cabeza arriba en la baranda. (El resultado final me recordó esta dizque obra de arte que embellece una glorieta en Düsseldorf ). Desde entonces no he vuelto a encontrar cagajonazos.
Ojalá no me de por caminar dando salticos y reburujar el piso con el pico.
Están las golondrinas, flechitas aladas, que como dice la canción, sólo se ven en verano -también me asombró en su momento probar que el agua del mar es salada-. Cuando llega el atardecer comienza todo el mundo pajaril a canturrear. Gorriones de pecho amarillo, gorriones de pecho azul, gorriones cafés de cabeza roja. Andan en bandada y se ven tiernos por el tamaño, si fueran más grandes asustarían esos grupos. Las que más se escuchan son las mirlas, que más que cantar, parlotean. Les gusta pararse en un sitio especialmente prominente (la punta de un techo de tres aguas, la esquina del techo de un edificio, la rama más alta de un árbol alto) y de ahí echar sus discursos. Después de unas 3 estrofas hacen pausa, supongo que para escuchar la respuesta que les da otra mirla parada en otro lugar prominente, luego cantan otros tres párrafos, se detienen, y así.
Y están los que no cantan ni son bonitos ni se comen los mosquitos. Los de más clase, los cuervos, que se asoman muy esporádicamente. Las pobres urracas que parecen enchalecadas con su cuerpo blanco y el resto del cuerpo negro, con ese rabo enorme que no las deja ni mal caminar, con esos graznidos espantosos que no creo que ni a ellas mismas les guste. Y los tórtolos, que son más grandes que las palomas normales y tienden a sentarse en ramas delgadas que se doblan con su peso, emparejaditos, todo el día con su currucucú o correteando a los tórtolos intrusos.
Algún día de fin de semana me di cuenta de que mi balcón era parte del escenario en disputa de los tórtolos. Pobre balcón está abandonado a su suerte so pretexto de que el que ponía plantas allí y lo cuidaba se fue del apartamento y de mi vida. Supe de dónde era que salían semejantes cagajonazos que encontraba (ingenuamente llegué a pensar en la notable digestión de los gorriones). Lo peor fue que tener que asumir el rol de tórtolo y entrar a terciar en el asunto marcando mi territorio. Más de una vez tuve que salir al balcón a espantarlos. Recordé el tip de algún conocido y ahora el balcón a su descuido suma una bella decoración de tenedores de plástico puestos cabeza arriba en la baranda. (El resultado final me recordó esta dizque obra de arte que embellece una glorieta en Düsseldorf ). Desde entonces no he vuelto a encontrar cagajonazos.
Ojalá no me de por caminar dando salticos y reburujar el piso con el pico.
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jueves, 7 de agosto de 2014
Cambié todo para seguir igual... de desubicada
Desubicada en algún colegio de señoritas pobres en la década de los 80s en Bogotá porque en ese entonces ya era cosa común tener un novio pero yo, por razones que se me escapaban, no tenía nada que se le pareciera.
Desubicada en algún potencial encuentro de exalumnas del mismo colegio de señoritas pobres en la década de los 10s -tengo noticia de que acontecen porque me invitan- porque ya todas tienen sus esposos, hijos y/o novios a cuestas pero yo, por razones que aún se me escapan, no tengo ninguno de esos ítems, apenas tengo un exmarido.
Desubicada en algún potencial encuentro de exalumnas del mismo colegio de señoritas pobres en la década de los 10s -tengo noticia de que acontecen porque me invitan- porque ya todas tienen sus esposos, hijos y/o novios a cuestas pero yo, por razones que aún se me escapan, no tengo ninguno de esos ítems, apenas tengo un exmarido.
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jueves, 17 de julio de 2014
Naturaleza - La tormenta
Tormentas las hay con cierta frecuencia en verano en este valle del Rin, pero aquella que hubo el lunes de pentecostés pasado a fines de mayo, que fue festivo, será recordada por mucho tiempo por lo fuerte que fue y los daños que dejó. En Düsseldorf fue donde hubo más daños. Dijo alguna estadística que uno de cada 4 árboles fue arrancado de raíz o quebrado. Hubo 6 muertos en la ciudad, 4 de ellos por refugiarse en una "casita de huerto" -la parcela /huerto con casita, otra especialidad alemana- a la que le cayó un árbol encima. Más de un mes después los parques aún parecen recién salidos de una guerra y se ve un montón de árboles descuajados de raíz tirados por todas partes.

El tráfico de la región Colonia-Düsseldorf-Ruhr estuvo paralizado durante días después del evento, muchos tuvieron que tomar vacaciones forzadas o llegar caminando al trabajo porque literalemente no había cómo circular. Hasta hace poco algunas ciclorutas aún estaban intransitables. Casi no hubo nadie que yo conozca que no reportara daños en su casa / propiedades: oí de macetas quebradas, tejas voladas, ventanas rotas, jardines destrozados, carros aplastados por astas o troncos, pero menos mal no de lesiones personales.
Yo no tuve nada que reportar, aparte de 4 días sin internet en la casa por culpa de un rayo que achicharró la caja de conexiones de mi zona. Pero yo, a diferencia de todo el mundo con quien he hablado y que estaba muy juicioso en su casa en la velada de aquel lunes festivo, estaba callejeando en la bicicleta. Fue por fuerza mayor: aunque veces me falte lucidez, no soy tan estúpida para haber salido esa tarde con semejante cielo tan negro sin una buena razón. Recuerdo haber pensado que por fin había condiciones de luz "normales" cuando vi en un reloj en la calle que eran casi las nueve y estaba totalmente oscuro. "Normal" es en este caso como en latitudes ecuatoriales, a mi animalito interior aún le parecen increíbles los días largos en verano y las noches eternas de invierno. Tuve suerte de encontrar un buen refugio cuando se desgajó el aguacero y pasé unos 50 minutos bajo un puente de ferrocarril. Las cortinas de agua caían espesas, iluminadas cada tanto por los rayos. El viento se puso a soplar al rato de haber comenzado a llover, era de locos ver cómo zarandeaba todo lo que estuviera a su alcance. Cuando algún carro pasaba ilumninando su paso, se veía como una escena de fin del mundo. Pensé que había alcanzado a hacer más de un video, pero esto fue todo lo que encontré finalmente en el celular:
Cuando amainó la lluvia decidí proseguir. Lo que vi bajo el puente no permitía adivinar de ninguna manera que encontraría el camino intransitable, lleno de árboles y ramas caídos. El viento todavía soplaba tan fuerte que por momentos alcancé a sentirme arrastrada y a perder el control de la bicicleta. Por fin me dio miedo cuando vi que seguían cayendo rayos cerca de mi trayecto. Me sentí toda una sobreviviente cuando abrí la puerta de mi casa.
Llegando a mi calle vi dos cosas extraordinarias: una, no había alumbrado público y la segunda, la más rara, la gente del vecindario estaba a esa hora (sería eso de las 10 pasadas) volcada en la calle evaluando daños, tratando de mover troncos, conversando, interactuando entre sí. Fue mucha más interacción de la que se vio en la madrugada del lunes pasado después de la final del mundial de fútbol. El lunes pentecostal de 2014 nos quedó grabado a los düsseldorfeños un poco a su modo como el 11 de septiembre de 2001 a todo el mundo.
viernes, 20 de junio de 2014
Espejos
La historia de la vecina nonagenaria sería de lo más irrelevante si no fuera porque es un espejo que me pone el destino de otra historia paralela, una que transcurre en dos continentes y no en uno y he ahí donde radica buena parte del drama.
La participante de la historia en el otro continente también tiene otra historia espejo en su entorno que le refleja la nuestra. Pero los espejos son diferentes: mientras el mío deforma las figuras, el suyo las pone en negativo.
Y ya. El melodrama sigue su curso como puede, como le toca, pero no deja de parecerme irónico que cada una tenga un bendito espejo sin haberlo buscado que no deja de recordarnos todo el rollo en el que andamos metidas, como si no tuviéramos ya bastante con él.
La participante de la historia en el otro continente también tiene otra historia espejo en su entorno que le refleja la nuestra. Pero los espejos son diferentes: mientras el mío deforma las figuras, el suyo las pone en negativo.
Y ya. El melodrama sigue su curso como puede, como le toca, pero no deja de parecerme irónico que cada una tenga un bendito espejo sin haberlo buscado que no deja de recordarnos todo el rollo en el que andamos metidas, como si no tuviéramos ya bastante con él.
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El ido de marzo
Este blog ha perdido uno de sus lectores.
Recibí un mensaje de alguien desconocido en Facebook con la noticia de que alguien que fue significativo (de hecho, el first love de mi vida, el de las mariposas en el estómago y las levitaciones) murió hace 3 meses.
De la historia, accidentada y absurda como ella sola, quedó apenas un hilillo de contacto simpático que yo, por fin, me negué a anudar de nuevo -siempre fui yo la que anudó ese hilo- cuando él lo rompió hace 3 años. Ahora vengo a saber que en ese entonces fue el primer infarto grave. Facebook, esa máquina chupadatos inmisericorde, fue lo último que nos mantuvo actualizados, y los esporádicos posts, los "me gusta" y los "compartir" fueron nuestro último diálogo. Algún día puso un post del primer aniversario de la muerte de su perro, ese cachorrito simpático que le habían regalado cuando ese sinsentido de historia nuestra comenzó. De esa historia ya nada quedaba, pero no dejaba de tener su simbolismo. Al menos él seguía vivo.
Ahora le tocó a él, el segundo infarto no lo perdonó. Hacía ya rato que no era parte de mi vida, pero no deja de parecerme absurdo que el mundo haya seguido corriendo sin él. Que ya no esté.
Recibí un mensaje de alguien desconocido en Facebook con la noticia de que alguien que fue significativo (de hecho, el first love de mi vida, el de las mariposas en el estómago y las levitaciones) murió hace 3 meses.
De la historia, accidentada y absurda como ella sola, quedó apenas un hilillo de contacto simpático que yo, por fin, me negué a anudar de nuevo -siempre fui yo la que anudó ese hilo- cuando él lo rompió hace 3 años. Ahora vengo a saber que en ese entonces fue el primer infarto grave. Facebook, esa máquina chupadatos inmisericorde, fue lo último que nos mantuvo actualizados, y los esporádicos posts, los "me gusta" y los "compartir" fueron nuestro último diálogo. Algún día puso un post del primer aniversario de la muerte de su perro, ese cachorrito simpático que le habían regalado cuando ese sinsentido de historia nuestra comenzó. De esa historia ya nada quedaba, pero no dejaba de tener su simbolismo. Al menos él seguía vivo.
Ahora le tocó a él, el segundo infarto no lo perdonó. Hacía ya rato que no era parte de mi vida, pero no deja de parecerme absurdo que el mundo haya seguido corriendo sin él. Que ya no esté.
En las rupturas, más que la ruptura misma lo que me más entristecía era pensar en que yo no me enterara de cuando él muriera. No puedo evitar creer que todo el absurdo tuvo al menos un mínimo sentido afectuoso: a pesar de haber roto siempre, dispuso de algún modo que yo no me quedara en ese limbo.
Adéu, estimat amic.
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sábado, 15 de febrero de 2014
Camboya
Impresiones de un viaje, un año y varios meses después:
Camboya es un país muy bonito, saliendo adelante, rebuscándosela, digno en medio de su pobreza: muy pocos mendigos y casi ningún indigente.
Asombroso lo democrático que ha sido la expansión de los teléfonos celulares, allí también vi MUCHAS personas con un cacharro de esos.
Y con los nuevos celulares, el internet: wifi free en todas las acommodations, en la casa campesina en la aldea o en la villa de pescadores quizás ya no, pero de resto por doquier.
La comida es deliciosa, no lo esperaba. Pensé que jamás probaría de nuevo el sabor de un plato cocinado con leña, pero Camboya me brindó esa sensación de nuevo en mi vida. Tampoco esperaba que se comiera tanto chanchito, dizque son budistas.
Los templos de Angkor son preciosos. Me encantaba ver la sucesión de puertas en perspectiva en algunos pasajes de los templos y percibir a la naturaleza viva, inclemente, reclamando lo que fuera suyo. Qué quedó de aquellos señores poderosos. "But now all is gone" fue una de las frases que el guía camboyano más repitió a lo largo del viaje. Era un chico bastante avispado, inteligente y simpático -don't mean handsome-. No tuvimos para nada incovenientes con él Muy abierto, nos contó sus experiencias durante la guerra civil de los 80s-90s (tiene 32 años y no tiene una falange de un dedo por culpa de la guerra. No fue una mina -a Dios gracias- sino que la guerrilla de Pol Pot incomunicaba a los pueblos destruyendo infraestructura y atacando a los pocos que se aventuraban. Por eso no pudo llegar oportunamente a un hospital que obvio no había en su pueblo).
Como fue paseo organizado por una agencia para un grupo, pues este asunto de estar 2 semanas "confinados" en una serie de actividades (algunas de ellas tipo reality show en la selva, como una pernoctada en un solo cuarto en una casa campesina y en una casa de pescadores sobre palafitos con un hijueputa gallo cantando desde las 4 am y compartiendo una letrina y una ducha de echarse agua con un cuenco de plástico) con otros 7 desconocidos y una amiga con la que nunca había salido de viaje fue también bastante intenso. Hubo buena suerte y fuimos un grupo homogéneo, die Leute haben brav mitgemacht (todos puntualitos y cooperando), nos llevamos bien entre todos. Hasta diría que me enriquecieron el paseo.
También había una guía alemana, una chica que vive en la región y trabaja siendo guía de tales viajes. Se portó bien conmigo, me apoyó en un momento en que fui "atacada" (por decirlo así) por parte del austríaco del paseo - releo la frase y aunque así fue, siento que tengo que aclarar que no fue ataque físico-; teníamos en común con ella el estar entre dos mundos, tenía puntos de vista interesantes y afines, pero también se gastaba su geniecito, especialmente por las mañanas, y tenía casi a diario unas reacciones que eran feas de ver (insultar a los meseros, hacer comentarios desobligantes o reclamos que podrían ser hasta justos pero regañando groseramente, etc.). Uno tiene derecho a levantarse con el pie izquierdo de vez en cuando, pero no tan seguido.
No solo vi arrozales verdes sin fin -el arroz aún no está maduro-, sino también por fin otra vez la Vía Làctea.
El colonialismo fue una mierda pero gracias a él es que se puede desayunar café, baguette y croissants en Camboya.
Disfruté de la naturaleza del trópico, vi luciérnagas, manglares, insectos, selva.
Mi par de sandalias hand made que me trajera mi mamá hace años no sobrevivieron ese paseo.
Los mamoncillos camboyanos (longans) son ambrosía. Comí todos los que pude.
Vi muchos papayos por todas partes pero en muy pocas me dieron papaya (literalmente, jojojo).
Hice berrinche por la piña en la comida de sal.
Hice todo tipo de chistes mentales pendejos con el nombre del plato nacional (amok).
Comí cocodrilo en grill camboyano.
Muy pobre Camboya, incluso para estándares colombianos. Ni mierda de industria nacional (aparte de la de cerveza, que patrocinamos generosamente) ni de clase media. Corrupta a podrir. El gobierno dió en concesión privada la zona turística de Angkor. 3 millones de visitantes a U$40 la entrada da U$120 millones que van derecho a las arcas del consorcio privado que lo administra. Curioso es que todos los templos son mantenidos con ayuda de gobiernos extranjeros, ninguno por la administración. Los dueños del consorcio son chinos íntimos amigos del presidente. Este mismo consorcio hizo un casino como de mafiosos en la mitad de un parque nacional, bellísimo. Aterra pensar que toda una generación de gente pila (los estudiados, los intelectuales, los líderes) que debiera estar ahora gobernando fue borrada por el Khmer rojo y eso se nota. Pnom-Pehn tiene su lado bestia. La gente es simpática, los alemanes quedaron matados. Yo también pero no tanto. Me impresionó su tara de querer tener la piel blanca, semejantes morochos bajo semejante sol.
Climita de mierda, qué fea esa sensación de estar todo el tiempo hasta con los calzones húmedos de sudor y que la ropa lavada no se seque jamás.
Con K., mi compañera de viaje, seguimos siendo parceras, este viaje fue prueba superada. Cosa que no era obvia: su rayón es precisamente que le dan una jartera enorme los grupos de desconocidos y justo y va y nos mete ahí, ella fue quien sugirió ese paseo en esa agencia! Al final se integró hasta más que yo, pero los primeros 4 días no pudo dormir por mucho que traté de convencerla de que se relajara y disfrutara.
Camboya es un país muy bonito, saliendo adelante, rebuscándosela, digno en medio de su pobreza: muy pocos mendigos y casi ningún indigente.
Asombroso lo democrático que ha sido la expansión de los teléfonos celulares, allí también vi MUCHAS personas con un cacharro de esos.
Y con los nuevos celulares, el internet: wifi free en todas las acommodations, en la casa campesina en la aldea o en la villa de pescadores quizás ya no, pero de resto por doquier.
La comida es deliciosa, no lo esperaba. Pensé que jamás probaría de nuevo el sabor de un plato cocinado con leña, pero Camboya me brindó esa sensación de nuevo en mi vida. Tampoco esperaba que se comiera tanto chanchito, dizque son budistas.
Los templos de Angkor son preciosos. Me encantaba ver la sucesión de puertas en perspectiva en algunos pasajes de los templos y percibir a la naturaleza viva, inclemente, reclamando lo que fuera suyo. Qué quedó de aquellos señores poderosos. "But now all is gone" fue una de las frases que el guía camboyano más repitió a lo largo del viaje. Era un chico bastante avispado, inteligente y simpático -don't mean handsome-. No tuvimos para nada incovenientes con él Muy abierto, nos contó sus experiencias durante la guerra civil de los 80s-90s (tiene 32 años y no tiene una falange de un dedo por culpa de la guerra. No fue una mina -a Dios gracias- sino que la guerrilla de Pol Pot incomunicaba a los pueblos destruyendo infraestructura y atacando a los pocos que se aventuraban. Por eso no pudo llegar oportunamente a un hospital que obvio no había en su pueblo).
Como fue paseo organizado por una agencia para un grupo, pues este asunto de estar 2 semanas "confinados" en una serie de actividades (algunas de ellas tipo reality show en la selva, como una pernoctada en un solo cuarto en una casa campesina y en una casa de pescadores sobre palafitos con un hijueputa gallo cantando desde las 4 am y compartiendo una letrina y una ducha de echarse agua con un cuenco de plástico) con otros 7 desconocidos y una amiga con la que nunca había salido de viaje fue también bastante intenso. Hubo buena suerte y fuimos un grupo homogéneo, die Leute haben brav mitgemacht (todos puntualitos y cooperando), nos llevamos bien entre todos. Hasta diría que me enriquecieron el paseo.
También había una guía alemana, una chica que vive en la región y trabaja siendo guía de tales viajes. Se portó bien conmigo, me apoyó en un momento en que fui "atacada" (por decirlo así) por parte del austríaco del paseo - releo la frase y aunque así fue, siento que tengo que aclarar que no fue ataque físico-; teníamos en común con ella el estar entre dos mundos, tenía puntos de vista interesantes y afines, pero también se gastaba su geniecito, especialmente por las mañanas, y tenía casi a diario unas reacciones que eran feas de ver (insultar a los meseros, hacer comentarios desobligantes o reclamos que podrían ser hasta justos pero regañando groseramente, etc.). Uno tiene derecho a levantarse con el pie izquierdo de vez en cuando, pero no tan seguido.
No solo vi arrozales verdes sin fin -el arroz aún no está maduro-, sino también por fin otra vez la Vía Làctea.
El colonialismo fue una mierda pero gracias a él es que se puede desayunar café, baguette y croissants en Camboya.
Disfruté de la naturaleza del trópico, vi luciérnagas, manglares, insectos, selva.
Mi par de sandalias hand made que me trajera mi mamá hace años no sobrevivieron ese paseo.
Los mamoncillos camboyanos (longans) son ambrosía. Comí todos los que pude.
Vi muchos papayos por todas partes pero en muy pocas me dieron papaya (literalmente, jojojo).
Hice berrinche por la piña en la comida de sal.
Hice todo tipo de chistes mentales pendejos con el nombre del plato nacional (amok).
Comí cocodrilo en grill camboyano.
Muy pobre Camboya, incluso para estándares colombianos. Ni mierda de industria nacional (aparte de la de cerveza, que patrocinamos generosamente) ni de clase media. Corrupta a podrir. El gobierno dió en concesión privada la zona turística de Angkor. 3 millones de visitantes a U$40 la entrada da U$120 millones que van derecho a las arcas del consorcio privado que lo administra. Curioso es que todos los templos son mantenidos con ayuda de gobiernos extranjeros, ninguno por la administración. Los dueños del consorcio son chinos íntimos amigos del presidente. Este mismo consorcio hizo un casino como de mafiosos en la mitad de un parque nacional, bellísimo. Aterra pensar que toda una generación de gente pila (los estudiados, los intelectuales, los líderes) que debiera estar ahora gobernando fue borrada por el Khmer rojo y eso se nota. Pnom-Pehn tiene su lado bestia. La gente es simpática, los alemanes quedaron matados. Yo también pero no tanto. Me impresionó su tara de querer tener la piel blanca, semejantes morochos bajo semejante sol.
Climita de mierda, qué fea esa sensación de estar todo el tiempo hasta con los calzones húmedos de sudor y que la ropa lavada no se seque jamás.
Con K., mi compañera de viaje, seguimos siendo parceras, este viaje fue prueba superada. Cosa que no era obvia: su rayón es precisamente que le dan una jartera enorme los grupos de desconocidos y justo y va y nos mete ahí, ella fue quien sugirió ese paseo en esa agencia! Al final se integró hasta más que yo, pero los primeros 4 días no pudo dormir por mucho que traté de convencerla de que se relajara y disfrutara.
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jueves, 13 de febrero de 2014
Una vecina mala gente
La vecina octogenaria ya se convirtió en nonagenaria. Después de 6 años de indiferencia vecinal mía, ella se empeña en que seamos buenas vecinas. Nunca ha dejado de insistir en hacer de mí la vecina que ella sueña, pero hasta ahora me había quedado muy cómodo hacerme la loca porque siempre lo hacía regañándome y reprochándome. No olvidar que su apartamento apesta a bar de mala muerte por su fumadera, la escalera queda apestando a lo mismo cuando ella abre su puerta. [Dato: fumar no necesariamente mata, vean este ejemplo]. Y no es que esté íngrima sola: el hijo viene a verla los domingos y entre semana, también tiene una amiga que la visita (me doy cuenta cuando la visitante deja su rollator -en inglés "walking frame" y en español no encuentro- junto a la puerta del edificio) y consiguió chantajear al vecino cubano para que vaya a verla arrojándose a llorar a sus brazos cuando él le abrió la puerta una vez que ella fue a pedirle que la visitara. Eso me lo contó él cuando nos encontramos alguna vez en el sótano, también haciéndole publicidad a la señora: "Tu deberíah también ir a verla".
Pero la señora cambió su approach la semana pasada. Llegó el lunes muy decente a invitarme a su casa. Con mucho esfuerzo para no desviar la mirada al cielo asentí ir a verla y jugar parqués (el nombre alemán del parqués es divertido, se llama "no te enojes"), pero ese lunes mismo no podía, todavía me faltaba hablar con mi mamá por Skype. Todo el resto de la semana llegué tarde. El viernes llegué a eso de las 19:30, cansada y con ganas de tomarme una cervecita que había comprado, nada más para que doña vecina llegara inmediatamente a tocar a la puerta (no he querido cambiarle la pila al timbre de arriba -es un ridículo timbre de pila!!- precisamente para no tener que oír los timbrazos de la señora en cuestión). Renegué en buen español y no abrí. Mis eventuales propósitos de ir a hacerle una visitica corta se fueron al cuerno.
Maldita vieja, consiguió hacerme sentir mala gente, pero mi vana rebeldía es tanta que prefiero mis remordimientos a tener que ir a verla.
Adenda: La buena señora no se cansa de insistir. La he pillado tocando a la puerta una que otra vez desde el ojo mágico. También hemos tenido (a junio de 2014) otros dos encontrones. El primero, en el cual no sé por qué cuernos abrí la puerta, comenzó ella con su perorata "usted quedó que iba a venir a verme", "vea que yo tan sola", etc. Cuando puso cara de cordero degollado, no encontré otra que decir "qué pena, no tengo tiempo" y tirarle la puerta en la cara. El segundo fue el fin de semana pasado, yo llegaba cargando mi canasta de botellas de agua y ella me esperaba con su puerta de par en par (de lo que puede darse cuenta cualquier cristiano que llega al edificio por la peste tabacalera que sale de su apartamento). "Ah, ahí está ella, a quien no le interesa lo que nos pase a nosotros las personas viejas...". Yo me metí a mi casa diciendo algo así como "Buen día a usted también", cerré mi puerta y eché llave -cosa que hago siempre desde que azotara la puerta el otro día y la desajustara-. El quid del asunto en esta ocasión es que el vecino cubano, que está de su lado, fue testigo. No sé si la vecina nonagenaria deje de joderme, pero lo que sí es cierto es que perdí todos afectos del vecino, que ya no me hace la charla como antes sino que apenas me da fríamente los buenos días cuando me lo encuentro.
Lo dicho, soy una vecina mala gente.
Pero la señora cambió su approach la semana pasada. Llegó el lunes muy decente a invitarme a su casa. Con mucho esfuerzo para no desviar la mirada al cielo asentí ir a verla y jugar parqués (el nombre alemán del parqués es divertido, se llama "no te enojes"), pero ese lunes mismo no podía, todavía me faltaba hablar con mi mamá por Skype. Todo el resto de la semana llegué tarde. El viernes llegué a eso de las 19:30, cansada y con ganas de tomarme una cervecita que había comprado, nada más para que doña vecina llegara inmediatamente a tocar a la puerta (no he querido cambiarle la pila al timbre de arriba -es un ridículo timbre de pila!!- precisamente para no tener que oír los timbrazos de la señora en cuestión). Renegué en buen español y no abrí. Mis eventuales propósitos de ir a hacerle una visitica corta se fueron al cuerno.
Maldita vieja, consiguió hacerme sentir mala gente, pero mi vana rebeldía es tanta que prefiero mis remordimientos a tener que ir a verla.
Adenda: La buena señora no se cansa de insistir. La he pillado tocando a la puerta una que otra vez desde el ojo mágico. También hemos tenido (a junio de 2014) otros dos encontrones. El primero, en el cual no sé por qué cuernos abrí la puerta, comenzó ella con su perorata "usted quedó que iba a venir a verme", "vea que yo tan sola", etc. Cuando puso cara de cordero degollado, no encontré otra que decir "qué pena, no tengo tiempo" y tirarle la puerta en la cara. El segundo fue el fin de semana pasado, yo llegaba cargando mi canasta de botellas de agua y ella me esperaba con su puerta de par en par (de lo que puede darse cuenta cualquier cristiano que llega al edificio por la peste tabacalera que sale de su apartamento). "Ah, ahí está ella, a quien no le interesa lo que nos pase a nosotros las personas viejas...". Yo me metí a mi casa diciendo algo así como "Buen día a usted también", cerré mi puerta y eché llave -cosa que hago siempre desde que azotara la puerta el otro día y la desajustara-. El quid del asunto en esta ocasión es que el vecino cubano, que está de su lado, fue testigo. No sé si la vecina nonagenaria deje de joderme, pero lo que sí es cierto es que perdí todos afectos del vecino, que ya no me hace la charla como antes sino que apenas me da fríamente los buenos días cuando me lo encuentro.
Lo dicho, soy una vecina mala gente.
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domingo, 24 de noviembre de 2013
Tren de regreso
Como no tenía reservación, decidí tomar el primer puesto que encontré, que fue justo frente a la puerta automática que hacía unos ruidos como de asmático sin aire cada vez que se cerraba. En la ventana iba una francesita joven viendo este bodrio de película en su ipad y al otro lado del pasillo iba una chica presumo europea del este asentada en Alemania -es un no sé qué indefinible, oxigenado y gatuno que tienen estas nenas o que les pone mi prejuicio- que había abandonado su puesto reservado por tratarse de uno de los superpuestos que traen los trenes rápidos alemanes: SIN ventana. Estaría en sus early 20's y venía también con unas maletotas. A su lado se sentó un chico negro, apenas unos años mayor que ella. Ella venía un poco cual perdido recién encontrado y se puso a hacerle la charla al muchacho. Él le siguió la corriente y ella le contó que venía de estar dos meses en Londres, que le iba a dar muy duro regresar otra vez a su pueblo donde nadie sale después de haber disfrutado el espíritu nightclubbing de Londres, en donde todos se esmeran por salir. El era camerunés, hablaba bien alemán pero accedió a desempolvar con ella el inglés que aprendió hace años en Australia a todo lo largo del camino, que duró cosa de 3 horas. Ella también había considerado ese continente para ir a aprender inglés, lo que había hecho en Londres, pero la distancia la asustó. Me conmovió la espontaneidad de su contacto, la fluidez de los temas. Cuántas veces no he quedado yo misma atrapada en un diálogo así, aunque ahora que lo escribo hace ya rato que no me pasa, ha de ser que ese entusiasmo y esa naivität de compartir tu alegría con el mundo se vayan perdiendo. Si bien es cierto que ella venía really overexcited de su aventura londinense y le hubiera sacado charla a quien quiera que se hubiera sentado a su lado, hubo la suerte de que su interlocutor fue bueno. Aunque él dijo que en casa lo esperaban su esposa y sus hijos y no hubo flirt en el diálogo hablado (no pude ver el corporal) al final acabaron haciéndose confidencias del tipo "eres la primera persona a la que le cuento". Entre esta escena quasi Before Sunrise y el bodrio de película, que entendí completísimo a pesar de haberla visto a pedazos de lejos y de medio lado en un ipod vecino y sin audio, se me olvidaban los ahogos de la puerta cada que se cerraba y se pasó rápido el viaje de regreso.
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viernes, 8 de noviembre de 2013
El Verbo
Paul Auster le sacó jugo en su New York Trilogy a la veta borgiana de que es el Verbo el que le da existencia a la realidad, el mundo comienza a existir cuando Adán comienza a nombrarlo, una cerca con portón existe aún en Uqbar nada más porque es recordada por los bichos que allí parchan, el Golem adquiere vida cuando el Verbo le es susurrado, etc.
Dejar de nombrar es también olvidar
por ejemplo:
Dentro de las elementales medidas que tomé sin pensarlo siquiera cuando exmarido anunció su partida estuvieron:
pedirle las llaves de la casa
entregarle el anillo de bodas
dejar de llamarlo por su nombre
Dejar de nombrar es también olvidar
por ejemplo:
Dentro de las elementales medidas que tomé sin pensarlo siquiera cuando exmarido anunció su partida estuvieron:
pedirle las llaves de la casa
entregarle el anillo de bodas
dejar de llamarlo por su nombre
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